• martes, 17 de enero de 2017.

ce quiáhuitl (1 lluvia)

Posición en la secuencia de trecenas: 7.

Patronos: Tláloc, “el que se tiende sobre la tierra”, o “el que está hecho de tierra” (Tláloc); “pulque de la tierra”, según una etimología popular: dios cuyo rostro presenta rasgos de serpiente, de jaguar y de lechuza (?), dios de las aguas celestes; probablemente dios de la tierra en tiempos antiguos. Chicomecóatl, “7 serpiente”: nombre calendárico de la diosa del maíz, comparte de Centéotl.

 

El séptimo signo se llamaba ce quiáhuitl. Decían que era de mala ventura porque en esta casa decían que las diosas que se llamaban cihuateteu descendían a la tierra y daban muchas enfermedades a los muchachos y muchachas. Y los padres, con todo rigor mandaban a sus hijos que no saliesen fuera de sus casas. Decíanles: “No salgáis de casa, porque si salís encontraros heis con las diosas llamadas cihuateteu, que descenden agora a la tierra”.

Tenían temor los padres y madres que no diese perlasía a sus hijos si saliesen a alguna parte reinante este signo. Ofrecían en los oratorios de las diosas porque habían muchos en muchas partes, y cobrían con papeles a las estatuas destas diosas.

También reinante este signo mataban a los que estaban encarcelados por algún pecado criminal digno de muerte. También mataban a los esclavos por la vida del señor, porque viviese muchos años.

Y a los que nacían en este signo no los baptizaban, sino difiríanlos hasta la tercera casa, que se llamaba ei cipactli. Decían que aquella casa mejoraba la ventura de aquel que se baptizaba. Y decían que  los que nacían en este signo serían nigrománticos o embaidores o hechiceros, y se trasfiguraban en animales, y sabían palabras para hechizar a las mujeres y para inclinar los corazones a lo que quisiesen, y para otros maleficios. Y para esto se alquilaban a los que querían hacer mal a sus enemigos y les deseaban la muerte, hacían sus encantamientos de noche, cuatro noches. Escogíanlas en signo mal afortunado, y iban a las casas de aquellos a quien querían empecer, de noche. Y a las veces allá los prendían, porque aquellos a quien iban a maleficiar, si eran animosos, acechábanlos y cogíanlos y arrancábanlos los cabellos de la coronilla de la cabeza, y con esto llegando a su casa morían. Y algunos decían que se remediaban si tomasen prestado algo de aquella casa, agua o fuego o algún vaso. Y aquel que había arrancado los cabellos, si era avisado, velaba todo aquel día para que nadie sacase cosa ninguna de su casa, ni prestada ni de otra manera, y así moría aquel nigromántico.

Estos tales nunca tenían placer ni contento. Siempre andaban mal vestidos y de mal gesto. Ningún amigo tenían, ni entraban en casa de nadie, ni nadie les quería bien. Y si era mujer la que nacía en este signo, aunque fuese principal nunca se casaba, ni medraba. Siempre andaba de casa en casa, y todos decían que el signo en que había nacido le había dado aquella condición.

Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España

 

El penúltimo signo que es el diez y nueve era el que llamaban quiahuitl que quiere decir pluvia o aguacero. A todos los que en él nacían así hombres como mugeres les daban y prometían una muy mala ventura y era que habían de ser ciegos, cojos, mancos, bubosos, leprosos, gafos, sarnosos, legañosos, lunáticos, locos con todos los males y enfermedades adherentes a estas.

Fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España