• lunes, 23 de octubre de 2017.

Cantona desde el aire

 

Javier Martínez González, Cuauhtémoc Domínguez Pérez

 

Un aspecto fundamental para la arqueología es la representación del espacio, por ello la perspectiva visual que ofrecen las fotografías aéreas permite apreciar detalles sobre planeación, formas y tamaños de las construcciones en sitios arqueológicos, sobre todo monumentales, aspectos que con un golpe de vista muestran de manera puntual lo que a ras de tierra sería más difícil de observar.

Como en ningún otro sitio, en Cantona se puede apreciar la complejidad de una traza que incluye unidades habitacionales de diferente función y estatus, a las cuales están ligadas numerosas vías de comunicación, que facilitaron y controlaron la circulación mediante terrazas generadas por las erupciones volcánicas. También se encuentran las soluciones para adaptarse a los desniveles y almacenar recursos agrícolas tan necesarios en estas tierras yermas, sujetas a imponderables climáticos. En conjunto, todos estos elementos reflejan la composición de una sociedad que compitió con los asentamientos más importantes de su tiempo, como Teotihuacan, gracias al control de las cercanas minas de obsidiana de Oyameles-Zaragoza.

Aunque la arqueología se ha auxiliado de la fotografía aérea desde hace más de un siglo, las investigaciones actuales se apoyan en tecnologías que permiten obtener imágenes casi a voluntad, todo ello gracias a los vehículos aéreos no tripulados (VANT) o drones. Estas pequeñas naves brindan la oportunidad de hacer un registro histórico del estado de los monumentos arqueológicos; retratan un momento y un lugar específicos, y ofrecen una visión general de las áreas que ocuparon los asentamientos.

Además de otros aspectos, el empleo de drones favorece el registro arqueológico mediante levantamientos fotográficos sistemáticos, dirigidos a objetivos específicos que contemplan lascondiciones del entorno y, a partir de los cuales, se pueden obtener nubes de puntos, modelos digitales de terreno, levantamientos topográficos, ortofotos y modelos 3D, por medio de procesos fotogramétricos. En esta oportunidad sólo se presentan ejemplos de ortomosaicos y modelos digitales de terreno, cuya calidad y precisión permiten producir planos a detalle en los que incluso se puede dibujar piedra por piedra o percibir pequeños elementos que pueden ser importantes para la investigación.

 

Los ejemplos

 La zona restaurada donde inicia y finaliza la visita del público se localiza en la parte baja del malpaís, al suroeste del sitio. De ahí procede el primer ejemplo, que muestra el patrón arquitectónico básico del sector habitacional, integrado por calles principales y secundarias que, además de comunicar, también delimitan patios de extensión y forma diversa, en cuyo interior pueden o no existir una o más plataformas piramidales, además de patios hundidos enlajados, tumbas y silos. Las imágenes muestran dos momentos diferentes: uno previo a la exploración y otro después de la restitución de los elementos arquitectónicos.

El Juego de Pelota 5 es otro de los elementos característicos de Cantona: un conjunto arquitectónico con un basamento piramidal, dos plazas y una cancha de juego de pelota alineados. Esta unidad posee una orientación este-oeste y tiene como singularidad constructiva un desfasamiento entre sus componentes; asimismo, se aprecia la relación entre la estructura mayor del conjunto, con fachada al poniente, con el altar ubicado en la primera plaza, que hasta el momento es el de mayores dimensiones del sitio. Otro aspecto a resaltar es la existencia de una calle que proviene del Acceso Poniente y pasa al sur de este conjunto, atravesando toda la zona hacia la Acrópolis. Éste fue uno de los conjuntos más tardíos (700-750 d.C.) y se cree que continuó en funcionamiento hasta los últimos momentos de Cantona, hacia 1000 d.C. (Zamora, 2015).

El Juego de Pelota 6 es otro de los característicos conjuntos alineados y se encuentra en el sector cívico-religioso principal, aunque en este caso sólo tiene una plaza; su orientación es diferente del anterior, noreste-suroeste, lo cual puede deberse a que estuvo en uso en una etapa más temprana, entre 300 y 700 d.C. (Zamora, 2015). En el lado poniente se ven varias calles que comunican con los juegos de pelota 3 y 2, situados al norte, y con el Juego de Pelota 5, ubicado al poniente, y del que sale una que se comunica con el Juego de Pelota 7, que se encuentra al sur. Un aspecto más que lo distingue es el peculiar basalto fino empleado en su construcción.

El avance de la intervención arqueológica se muestra en las unidades 165, 166 y 167, cercanas a la Plaza Central, justo en la confluencia de dos grandes calles que corren a lo largo de toda la Acrópolis. Se aprecian al centro montones de roca que, de manera peculiar, cubrían la estructura de mayor tamaño, situada al extremo poniente de una plataforma cuadrangular. Esto se debe a que en la época prehispánica se destruyó y cubrió el edificio, lo que da sustento a la propuesta de un momento histórico al interior del sitio, cuando se presentaron conflictos sociales (García Cook, 2004).

 

Javier Martínez González. Arqueólogo. Dirección de Salvamento Arqueológico, INAH.

Cuauhtémoc Domínguez Pérez. Arqueólogo. Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH.

 

Martínez González, Javier, Cuauhtémoc Domínguez Pérez, “Cantona desde el aire”, Arqueología Mexicana, Especial 73, pp. 82-89.

 

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