• domingo, 17 de diciembre de 2017

El dilema de los mexicas

Los mexicas llegaron a la Cuenca de México tiempo después que los pueblos chichimecas seguidores de Xólotl y encontraron que éstos ya habían ocupado las mejores tierras de la región. Por eso tuvieron que dispersarse por las riberas de los grandes lagos y vagar durante más de un siglo antes de fundar su propio altépetl.

Para colmo, los recién llegados tampoco tenían un linaje de gobernantes propio, ni de origen tolteca ni de origen chichimeca. En las historias que relatan su partida de Aztlan y los pormenores de su largo viaje hasta y en la Cuenca de México, se menciona a algunos dirigentes militares, sacerdotes y guías, pero a ningún tlatoani. Sin un gobernante legítimo, los recién llegados no podían aspirar a fundar su propia ciudad y a ser un pueblo independiente, como lo eran sus vecinos de la región.

Por ello, desde que llegaron a la Cuenca de México buscaron emparentar con uno de los linajes gobernantes de la región para fundar su propia casa de gobernantes. El primer intento ocurrió en Zumpango, donde una mujer, o un hombre, mexica casó con un hijo, o hija, del gobernante chichimeca de ese altépetl . Las historias mexicas se contradicen no sólo respecto al sexo de los contrayentes, sino también respecto a la naturaleza de la alianza entre los mexicas y la gente de Zumpango: según algunas, fue resultado de la conquista militar de esa ciudad por los mexicas; de acuerdo con otras, fue enteramente pacífica.

En todo caso, de esta unión nació el primer gobernante mexica, llamado Huitzilíhuitl, quien intentó fundar un altépetl  en la localidad de Chapultepec y coronarse como tlatoani  de su pueblo. Sin embargo, tal tentativa fracasó estrepitosamente pues al poco tiempo los mexicas fueron atacados por una poderosa alianza de la mayoría de los pueblos vecinos y tomados como prisioneros y servidores de los colhuas de Colhuacan y de los tepanecas de Azcapotzalco, las dos ciudades más poderosas de la zona. El destino de Huitzilíhuitl fue aún más trágico: fue conducido desnudo hasta Colhuacan, donde se le sacrificó. Sus hijos fueron repartidos entre los otros pueblos vencedores y también ultimados, por lo que este primer linaje de gobernantes mexicas fue eliminado por completo.

 

Tomado de Federico Navarrete, “Linajes mexicas”, Arqueología Mexicana núm. 98, pp. 34-39.

 

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