• miércoles, 25 de abril de 2018

El monolito de Coyolxauhqui. Investigaciones recientes

Lourdes Cué, Fernando Carrizosa, Norma Valentín

En este estudio sobre Coyolxauhqui se parte de la información que ofrece el monumento mismo y se toman los códices como un apoyo fundamental para corroborar convenciones formales de representación de diversos elementos iconográficos.

El Templo Mayor es la gran escenografía donde se lleva a cabo una lucha de dimensiones cósmicas. Como en el mito, Coyolxauhqui aparece derrotada al pie de la escalinata del vencedor Huitzilopochtli. Desde 1978, Eduardo Matos ha planteado que la materialización del mito se complementa con la posible presencia de otros protagonistas, como el rostro de Cuahuitlícac empotrado en la escalinata sur de la etapa II; las serpientes de la plataforma de la etapa IVb que rememoran el Coatépec, y los portaestandartes reclinados en la escalinata de la etapa III como figuraciones de los centzonhuitznáhuah. Al frente de la capilla de Huitzilopochtli la piedra de sacrificios revive el mito, una y otra vez, inmolando cautivos y arrojándolos por las escaleras durante las festividades de la veintena de panquetzaliztli.

El mito, la historia y el arte encuentran su medio de expresión en un bloque de roca volcánica extrusiva, clasificada como andesita de lamprobolita, probablemente procedente de la zona norte de la Cuenca de México, de color rosado claro, cuyo diámetro irregular es de 3.25 m máximo y 3.04 mínimo, 30.05 cm de espesor total y un peso cercano a las 8 toneladas. Corresponde en tiempo y espacio a la etapa constructiva IVb del Templo Mayor mexica (Axayácatl, 1469-1481) y es la más rica de las esculturas que decoran la plataforma sobre la que se construyó el Templo Mayor.

A principios de 2007 comenzamos la reconstrucción cromática del relieve de Coyolxauhqui a partir del monumento mismo, a diferencia de trabajos anteriores que tomaron como base las imágenes de diversos códices para trasladar esa información a esculturas como la Piedra del Sol (Sieck Flandes, 1939) o el mismo relieve de Coyolxauhqui (Aguilera, 1985). Actualmente el sentido de la investigación es precisamente el inverso: partimos de la información que el monumento nos ofrece y tomamos los códices (en este caso, los del Grupo Borgia y los de origen nahua, ya sean prehispánicos o coloniales tempranos) como un apoyo fundamental para corroborar convenciones formales de representación de diversos elementos iconográficos.

 

Cué, Lourdes, Fernando Carrizosa, Norma Valentín, “El monolito de Coyolxauhqui. Investigaciones recientes”, Arqueología Mexicana núm. 102, pp. 42-47.

 

Lourdes Cué. Historiadora del arte, coordinadora de Publicaciones del Museo del Templo Mayor, INAH.

Fernando Carrizosa Montfort. Arqueólogo, curador del Museo del Templo Mayor, INAH.

Norma Valentín Maldonado. Bióloga, Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico, INAH.

 

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