• jueves, 23 de noviembre de 2017

El señorío de Acolhuacan

María Teresa García García

A pesar de que se posee información escrita desde el siglo XVI, se ha hecho poco trabajo arqueológico en Acolhuacan. Sin embargo, este señorío, consolidado por su gobernante más afamado, Nezahualcóyotl, aún ofrece múltiples posibilidades de investigación.

 

Las huellas que muestran la importancia del señorío de Acolbuacan pueden encontrarse en tres sitios: Huexotla, Los Melones y el Tetzcotzinco, localizados en el municipio de Texcoco, estado de México.

En el periodo previo a la llegada de los conquistadores españoles, el Posclásico Tardío (1250-1521 d.C.), florecieron en el Centro de México tres grupos que, además de controlar la cuenca, extendieron sus dominios de manera impresionante a lo largo del área mesoamericana: los acolhuas. los mexicas y los tepanecas, que conformaron a mediados del siglo XV la llamada Triple Alianza.

Los orígenes del señorío de Acolhuacan se remontan, si hacemos caso a los cronistas, hasta los chichimecas y su gobernante Xólotl, que se establecieron en Tenayuca en el siglo XI, en donde permanecieron por un largo tiempo bajo los reinados de Nopaltzin y Tlotzin, sucesores de Xólotl. Quinatzin, el siguiente gobernante, trasladó la capital a Tetzcoco, posiblemente en el siglo XII, con lo cual comenzó el desarrollo de la ciudad que iba a rivalizar con Tenochtitlan. Además, Tetzcoco fue el eje rector de un señorío fundamental para el crecimiento del imperio tenochca, cuyos dominios abarcaron no sólo la región tetzcocana, al oriente del actual estado de México, sino también

parte de Hidalgo, Puebla y Morelos.

Desafortunadamente, las investigaciones arqueológicas no han sido tan abundantes como para corroborar, complementar o corregir los datos proporcionados por las fuentes escritas. Aunque en los últimos 300 años de la época prehispánica hubo un rápido crecimiento de la población y una urbanización extensiva -como lo señala Jeffrey R. Parsons en el único trabajo que cubre toda la región tetzcocana-, poco podemos decir de los sitios principales, salvo apuntes que se han ido conformando y que están distantes de ofrecer una interpretación de un área que aún permanece oculta, en el mejor de los casos, o destruida en aras de la modernidad y el progreso, en otros.

 

El Tetzcotzinco

El Tetzcotzinco se encuentra 7 km al oriente de Tetzcoco, entre los poblados de San Dieguito Xochimancan y San Nicolás Tlaminca. Conocido también como Los Baños de Nezahualcóyotl, tuvo como principales características la excelente talla en piedra de canales, pilas. escaleras. etc., y un sistema hidráulico que abastecía de agua al sitio, trayéndola desde un manantial localizado en la zona serrana, 6 km al oriente. Aunque el acceso más conocido es por Tlaminca, también se puede llegar por el poblado de San Dieguito Xochimancan, camino que ofrece una inmejorable vista del sitio .

Al descender por el cerro Metécatl, el cual se localiza al este del cerro del Tetzcotzinco y también formaba parte de este complejo, se encuentra el Reservorio H, conjunto formado por dos unidades arquitectónicas. En la principal, además de varios cuartos, se encuentra una poza de 4 m de diámetro, a la cual llegaba el agua para ser distribuida al área principal. El agua era conducida desde este lugar, por un canal tallado del que aún se conservan algunas partes, hasta la Fuente A, estructura que consta de varios cuerpos y dos pozas, y no tiene restos de piso. Ésta se conecta con el acueducto, que mide 180 m de longitud, 4 de ancho en la corona y 7 de altura en la parte central. Toda esta sección tuvo que ser rellena da con el fin de que tuviera la altura y el desnivel adecuados para la conducción del agua. Al final del acueducto, ya en el cerro del Tetzcorzinco, se encuentra el Trono, estructura con tres cuerpos que clan acceso a una habitación rallada en la roca, en cuyo interior se pueden apreciar restos de una plataforma labrada, así como de estuco con color rojo.

Al lado sur del conjunto se encuentra una pequeña escalinata tallada y al frente restos de un posible espejo de agua. Si se continúa por la Calzada, nombre con el que se conoce al circuito que rodea e l cerro, rumbo al poniente, se pueden apreciar restos del canal que conducía el agua. Más adelante se encuentra el Baño del Rey, llamado así por ser el lugar más impresionante, tanto por su talla como por la vista hacia el valle y la serranía. Al oeste de este lugar se encuentra una estrecha escalinata labrada (con 100 escalones) que desciende siguiendo la topografía del lugar, bifurcándose, hasta una parte del conjunto conocida como el Palacio. Al oeste de este amplio conjunto arquitectónico, formado por plazas y basamentos, se aprecian huellas de dos habitaciones circulares. En el extremo poniente se encuentra el Barro de la Reina, nombre dado a esta gran fosa por la gente del lugar, a la que le gustaba pensar que la reina se bañaba en ella y luego salía a asolearse, además de que tener como adorno la escultura de una rana reforzaba la idea que el área era para el uso y disfrute de una mujer. Se han trabajado tres cuerpos únicamente y en el principal se encuentra la fosa mencionada, con una parte tallada y completada con mampostería.

En la parte norte de la Calzada se encuentra el Baño de las Concubinas, otro conjunto tallado en la roca en el que se pueden apreciar una escalinata con alfardas y restos de una pequeña fosa. Casi en la parte superior del cerro, por el oriente, se localiza el Templo Oriente o Patio de las Danzas. el cual tiene una extensión de 1 000 m2 y tres niveles. En el superior se pueden observar dos banquetas talladas y al centro restos de una plataforma; atrás de ésta se encuentra una oquedad de aproximadamente dos metros de profundidad, hecha con explosivos a principios del siglo pasado. Al poniente se encuentra el Adoratorio o los Dioses; dos pequeñas escalinatas talladas, muy cerca una de la otra, sirven de acceso y en la segunda cámara hay restos de dos esculturas de las que sólo se pueden apreciar los pies y algunos bordes de las capas; en el piso se encuentran dos fragmentos de un tocado.

También se trabajó parte del acceso por Tlaminca. Al ampliar la vereda que conduce al Tetzcotzinco se liberaron escalones, descansos, secciones de edificios e inclusive la pequeña Fuente L, con una especie de caja hecha con piedra careada y estucada y salida para el agua, la cual llegaba por medio de un canal tallado en la roca.

Aunque aún falta mucho por trabajar, la importancia de este sitio es evidente, sobre todo porque de las obras atribuidas al señor Nezahualcóyotl sólo queda ésta, la cual ha sido protegida por los habitantes de los pueblos vecinos por más de 500 años.

 

María Teresa García García. Arqueóloga con maestría en etnohistoria. Investigadora en la Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH. Dirige el Proyecto Tetzcotzinco.

 

García García, María Teresa, “El señorío de Acolhuacan”, Arqueología Mexicana núm. 58, pp. 46-51.

 

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