• domingo, 20 de mayo de 2018

Envoltorios sagrados y culto a los ancestros. Los huicholes actuales y el antiguo reino del Nayar

Johannes Neurath

Entre los huicholes se veneran atados sagrados que contienen pequeños cristales. Llamados “persona-flecha”, se consideran las almas petrificadas de ciertos antepasados. En este ensayo se argumenta que se trata de la transformación de un antiguo culto a momias ancestrales. La etnografía ayuda entender ciertas paradojas que se mencionan en las fuentes históricas.

 

Ancestros que nacen

Hay buenos argumentos para caracterizar la religión de los huicholes como un culto a los ancestros. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que los dioses no son ancestros remotos, sino parientes mayores relativamente cercanos. Así lo indican los términos de parentesco que forman parte de los nombres de los dioses: Nuestro Bisabuelo Cola de Venado (Tatustsi Maxakwaxi), Nuestro Abuelo (Tetewari), Nuestra Abuela (Takutsi), Nuestro Padre (Tayau), Nuestra Madre Lluvia (Tatei Witari), Nuestro Hermano Mayor Venado Azul (Tamatsi Maxa Yuawi). Ya que se trata de personajes que participan en la creación del mundo, podría pensarse en ancestros deificados que corresponden a un “pasado mítico”. Sin embargo, es importante que, entre los huicholes, este pasado tiene una existencia en el presente. Los dioses son personificados por un grupo de hombres y mujeres que viven en el centro ceremonial comunal Tukipa y que se conocen como “portadores de jícaras” (xukuri’+kate). Es decir, durante cinco años cada uno de los encargados del Tukipa se identifica con uno de los antepasados, vive en el templo que corresponde a este dios y lleva el nombre de la deidad como un nombre propio.

Por otra parte, los dioses del Tukipa todavía no son dioses, ya que los encargados del centro ceremonial personifican a los antepasados durante su viaje iniciático. Solamente hacia el final de este viaje, algunos de los jicareros logran convertirse en deidades. Esta experiencia equivale a la iniciación chamánica. De cierta manera, los que logran obtener “el don de ver” se convierten en sus propios ancestros deificados. Podría decirse que los dioses huicholes son “ancestros que nacen”. Queda claro que personificar a los dioses es mucho más que una “representación”, ya que la presencia de los ancestros en el centro ceremonial se considera real. Si bien los dioses huicholes existen bajo formas diversas –como estatuas de piedra, rocas u otros rasgos del paisaje sagrado, para no hablar de los objetos ceremoniales como flechas y jícaras–, la existencia de los ancestros deificados depende de la acción ritual de parte de los encargados del Tukipa. Los ancestros solamente nacen cuando se practica exitosamente la iniciación.

Cuando un huichol logra obtener “el don de ver” y convertirse en un ancestro deificado, un aspecto de su alma se manifiesta como un pequeño cristal de roca que se conoce como +r+kame, “persona-flecha”. Se llama así porque los cristales se guardan dentro de un pequeño envoltorio que se amarra en una flecha y se deposita en el interior de un adoratorio Xiriki. A veces, estas mismas piedritas se llaman simplemente “abuelos”. Los mismos iniciados cuya alma se ha transformado en cristal, así como sus hijos, nietos y bisnietos, tienen la obligación de rendir culto a las “personas-flecha”, sacrificándole toros y ofreciéndole sangre, incienso, bebidas alcohólicas y tabaco. Llama la atención que los iniciados ya son ancestros deificados, incluso deben rendir culto a sus propias almas petrificadas. Por otra parte, convertirse en persona-flecha es un proceso lleno de riesgos. Un +r+kame olvidado o desatendido puede desaparecer o transformarse en un agente patógeno.

 

Neurath, Johannes, “Envoltorios sagrados y culto a los ancestros. Los huicholes actuales y el antiguo reino del Nayar”, Arqueología Mexicana núm. 106, pp. 41-46.

 

Johannes Neurath. Maestro en etnología por la Universidad de Viena. Doctor en Antropología por la UNAM. Investigador del INAH. Curador de la Sala Gran Nayar del Museo Nacional de Antropología. Miembro del SNI (nivel II). Desde 1992 realizó trabajo de campo etnográfico entre huicholes de Jalisco y coras de Nayarit. Autor de Las fiestas de la Casa Grande: ciclos rituales, cosmovisión y estructura social en una comunidad huichola (2002).

 

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