• lunes, 21 de mayo de 2018

¿Es el sacro de Tequixquiac obra humana?

Eduardo Matos Moctezuma

 

El 4 de febrero de 1870 se encontró en las obras que se hacían para desaguar el Valle de México en el Tajo de Tequixquiac y a una profundidad de 12 m, un hueso sacro perteneciente a un camélido (fauna actualmente extinta en México) que en su momento fue estudiada por don Mariano Bárcena. Don Mariano era maestro de paleontología en el Museo Nacional y le correspondió analizar el hueso en cuestión, publicando sus resultados 12 años después del hallazgo. Al parecer, el hueso fue intervenido por mano humana para darle forma de cabeza de un animal. Así lo describe don Mariano:

Los apófisis transversos de la segunda y tercera vértebras, fueron del todo destruidos por figurar el resto de la cara y hocico de un animal que parece cochino o coyote; en el lado derecho se conserva uno de los agujeros sacros, y en el lado izquierdo fue cortado el arco correspondiente.

Las cortaduras en la parte compacta del hueso parecen haber sido practicadas con instrumento afilado y aún aparece parte del lustre en el labio de la herida, notándose que ésta fue hecha a golpes sucesivos y de corta amplitud. El tejido fue descubierto antes de la inhumación del hueso en el terreno (Bárcena, 1882).

De sus estudios es interesante señalar la prudencia con que actúa don Mariano Bárcena, pues señala lo siguiente:

En el caso que nos ocupa, faltan el estudio estratigráfico y el acta correspondiente de autenticidad que debieron haberse levantado, estando aún el fósil sobre su yacimiento, y por estas circunstancias solo manifestamos nuestra opinión particular sobre el asunto, y citamos los hechos observados con toda imparcialidad… (Bárcena, 1882).

Desde entonces no faltó quien considerara al sacro como una de las primeras manifestaciones estéticas del hombre prehistórico, pero la duda continuaba. Fue el prehistoriador Luis Aveleyra quien se dio a la tarea de tratar de aclarar, de una vez por todas, la verdad acerca del hallazgo, ya que: “…se había mantenido durante muchas décadas en el terreno de la controversia y la conjetura debido a varias circunstancias adversas, entre otras el hecho de haberse perdido para la ciencia el paradero de tan importante objeto desde fines de la última década del siglo anterior [XIX] hasta el pasado año de 1956” (Aveleyra, 1979).

¡Más de medio siglo desaparecido! Las indagaciones sobre el paradero del famoso sacro llevaron a encontrarlo en la casa de José Ramírez Flores en Guadalajara, y también estuvo un tiempo en la casa de José Rogelio Álvarez en la misma ciudad. Recuperado el fósil, en 1957 se emprendieron nuevos estudios a cargo de Maldonado Koerdell y Eduardo Schmitter. Se tomaron diez muestras del Tajo de Tequixquiac y se compararon con dos provenientes del sacro, al que, por lo visto, a nadie se le había ocurrido lavar. Las muestras se analizaron en el laboratorio de mineralogía y petrología del Instituto de Geología de la UNAM, y el resultado del doctor Schmitter fue el siguiente: “El autor llega a la conclusión de que las muestras I y II, colectadas en las cavidades del hueso de Tequixquiac, presentan evidencias de identidad principalmente con las muestras 1, 1ª, 2ª, 3, 3ª y 7, con una probabilidad de un 80 por ciento” (Schmitter, 1979).

Con lo anterior se volvía a traer a colación el tema de la antigüedad del hueso, del que no parece haber muchas dudas por tratarse de fauna que desapareció alrededor de 7 000 a 10 000 años antes de nuestra era. Otro asunto era si prevalecía la idea de que fue transformado por el hombre en aquellas épocas, lo que puede ser más discutible por el nulo control que se tuvo en la excavación. El prehistoriador José Luis Lorenzo también opinó en lo que al sacro se refiere, y sobre lo expresado por él he dicho:

Según el también prehistoriador José Luis Lorenzo, al sacro no se le puede atribuir una antigüedad mayor que los finales del pleistoceno. En relación con otras tres piezas de supuesto arte mobiliar prehistórico, el mismo autor hace ver la inconsistencia de las mismas al no haber sido recuperadas en excavaciones controladas (Matos, 2010, p. 34).

Se refiere el profesor Lorenzo a una placa molar de proboscideo en la que se pretendía imitar un pie humano, mismo que ya había sido criticado por Aveleyra; las otras son una figurilla humana y un hueso fósil (este último procedente de Valsequillo, Puebla), al que se le asignó una antigüedad de 70 000 años sin mediar razones científicas para ello.

Consecuencia de todo lo anterior es la necesidad de tener controles adecuados en las excavaciones arqueológicas que no permitan poner en duda lo encontrado. Bien sabemos que de una buena excavación se deriva una mejor interpretación de los materiales…

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

 

Matos Moctezuma, Eduardo, “¿Es el sacro de Tequixquiac obra humana?”, Arqueología Mexicana núm. 126, pp. 86-87.

 

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