• jueves, 23 de noviembre de 2017

Hechicería y curación entre los coras y huicholes

Así como la circulación de la fuerza mágica por los caminos de la creación da lugar al renacimiento y mantiene la vida, en estas religiones las enfermedades y la muerte expresan la pérdida de orientación o el estancamiento que resultan de las transgresiones rituales y de la brujería. Tanto los dioses que se "enojan" con la persona que falla en el cumplimiento de sus compromisos rituales como el hechicero maléfico utilizan flechas para introducir las enfermedades en el cuerpo del paciente.

En el primer caso, la curación, realizada por el mara’akame, consiste en negociar la reconciliación entre las deidades ofendidas y su paciente. La vara emplumada, muwieri, se utiliza para establecer el diálogo con los dioses. Éstos prometen retirar sus flechas siempre y cuando se les ofrezcan sacrificios, ofrendas y peregrinaciones a sus lugares sagrados. Chupando las partes afectadas, el chamán ayuda a extraer los objetos nocivos introducidos en el cuerpo, mismo que presenta bajo la forma de piedras y semillas podridas.

Los brujos depositan sus flechas de hechicería en las moradas de las deidades “atrapadoras de vida” y afectan a la víctima introduciendo en su cuerpo sustancias como polen del arbusto kieri o de maguey, que provocan "mareos" y desorientación. Los maleficios inscritos en el cuerpo de la flecha no se pueden deshacer, sólo se puede invertir su curso. El trabajo del chamán especializado en contrahechicería consiste en encontrar la flecha maléfica y mandarla de regreso al brujo que la fabricó o al cliente que la solicito.

Tratar asuntos de brujería y contrabrujería requiere poderes especiales que no se pueden obtener a través del peyote. Son muy pocos quienes incursionan en el solitario camino de la iniciación con el kieri, pues abundan los peligros y los sacrificios exigidos por esta poderosa deidad, también conocido como árbol del viento. Mientras logren cumplirle a este caprichoso patrón, pueden esperar riqueza personal, en dinero o como hatos de ganado, o bien el don de la música y del arte.

 

Tomado de Paulina Alcocer y Johannes Neurath, “La eficacia de la magia en los ritos coras y huicholes”, Arqueología Mexicana 69, pp. 48-53.

 

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