• viernes, 20 de abril de 2018

La arqueología de Sonora

La historia de Sonora es compleja y casi eterna pues se inicia en el Pleistoceno y llega hasta la Colonia y hasta aquel nefasto tiempo de 1850 (cuando los recién independizados norteamericanos se apropiaron de la tercera parte de nuestro territorio. Como consecuencia de esas segregaciones se definió una nueva frontera con Estados Unidos y así se rompieron los lazos culturales indígenas, coloniales y recientes que habían existido desde antes del siglo XVI), por lo que en adelante, y además de la información general esbozada antes, relataré en forma muy sucinta los temas o periodos principales.

El Pleistoceno. Los datos más antiguos que tenemos para Sonora y Arizona se refieren a varias puntas de proyectil de las llamadas Clovis, que comprueban la existencia del ser humano cuando éste cazaba mamutes y otra fauna ahora extinta, cuya antigüedad se remonta a 9500-9000 a.C. (Cordell, 1984, p. 131). Después de este periodo llamado Paleoindio, en la región se dio una época de sociedades de cazadores-recolectores llamada en general Arcaico, caracterizada por el uso de piedras para moler granos y puntas de proyectil características. Tal tiempo se divide en fases que reciben los nombres de sitios de la misma época ubicados en Arizona (Villalpando, 2001, pp. 71-76 y 211). Si bien el Arcaico parece muy aburrido, tanto en el Noroeste como en Mesoamérica, fue un tiempo de gran experimentación y observación, que llevaría finalmente a la domesticación de plantas y a la posibilidad de asentarse en pueblos y luego en ciudades.

La primera agricultura. En Sonora, después del periodo Arcaico dio inicio el de Agricultura Temprana, que según Villalpando (en Braniff, coord., 2001, p. 211) coincide con el inicio de la intrusión hacia el sur de las lenguas sonorenses afiliadas al tronco yuto-nahua (o yuto-azteca), hacia 1500 a.C. según Leonardo Manrique (2000).

Por otra parte, se ha dicho que la agricultura llegó desde Mesoamérica a la vecina Chihuahua y al sur de Arizona, donde aparecieron el maíz y la calabaza por lo me- nos hacia 2100 a.C., y los frijoles, el algodón y la irrigación hacia 1200 a.C. (Hard et al., 2002). Si leo bien los anteriores argumentos, la agricultura inicial que se da en Sonora no viene directamente de Mesoamérica sino que ha dado una vuelta por Chihuahua y Arizona para después bajar a Sonora, asociada a las lenguas yuto-nahuas.

En cuanto a la agricultura, es importante anotar que los hohokam en Arizona fueron más desarrollados que los sonorenses en cuanto a sus maravillosas obras de irrigación, derivando una serie de canales del río para conducirlos a sus tierras de labran a. Tales obras de irrigación, a mi entender, no han sido halladas en Sonora.

Elisa Villalpando (en Braniff, coord., 2001, pp. 213-216) ha descrito el magnífico sitio de La Playa –en la cuenca del río Magdalena–, que corresponde al periodo Agricultura Temprana y donde se han localizado “casas en foso” y se ha recuperado una enorme cantidad de puntas de proyectil de un tipo específico, así como muchísimos entierros, hornos en foso, y talleres en los que se trabajaban concha y caracoles para crear cuentas, pendientes, pulseras y brazaletes. Podríamos asociar esta fabricación de pulseras y brazaletes de concha a la tradición que ha investigado Lourdes Suárez, cuyos resultados se publicarán próximamente bajo el título de “Las pulseras de concha de una sola pieza, factor cultural de Occidente”.

El periodo de las Trincheras. Si bien este tiempo, entre 800 y 1300 d.C., es descrito por Elisa Villalpando en otro artículo de este número de Arqueología Mexicana, no cabe duda que se trató de un momento especial en la historia de Sonora y de Arizona.

El periodo colonial. Si bien se calcula que la población en el Noroeste era de 425 000 habitantes hacia 1500 d.C., organizados en complejas y fuertes confederaciones, muy pronto esa población se redujo enormemente por el contagio de las enfermedades traídas por los españoles y por las salvajes incursiones de Diego de Guzmán hacia el norte en busca de esclavos. Un siglo después, cuando los jesuitas llegaron a establecer sus misiones sólo encontraron rancherías dispersas de ópatas y pimas bajos. Los primeros experimentaron un proceso de aculturación total y desaparecieron como grupo étnico (Villalpando, 2001, pp. 269-270).

 

Tomado de Beatriz  Braniff C., “La historia prehispánica de Sonora”, Arqueología Mexicana, Núm. 97, pp. 32-38.

 

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