• martes, 24 de abril de 2018

La exmisión jesuita de Cocóspera, Sonora. Un trabajo interdisciplinario

Mary Farrell, Júpiter Martínez, Renata Schneider

Cocóspera fue una de las muchas misiones fundadas por el padre Eusebio Francisco Kino en las últimas décadas del siglo XVII. Hasta hace cuatro años, el sitio, parte del legado monumental de la conquista espiritual jesuita, permanecía en ruinas, casi olvidado. Ahora, gracias a los esfuerzos de un grupo hinacional interdisciplinario, hay esperanzas de vida para el antiguo complejo misional.

 

Casi tres siglos nos separan de una nueva forma de vida que posibilitó cambios sociales, culturales y económicos aún vivos en México. Nos referimos a la creación de misiones como las de Caborca, San Xavier del Baac, Dolores o San Ignacio, en las que los frailes europeos y los indígenas de la Pimería Alta tuvieron contacto por primera vez. Sirva esta cita de la arquitecta Martha Robles para presentar al lector la antigua misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera:

Cocóspera y su entorno son similares a lo que fueron hace 200 ó 300 años, a diferencia de la mayoría de los templos que fundó E. Kino que actualmente están ubicados en centros urbanos. Los complejos misionales. con las casas, campos y talleres de oficios, son entcrmdos o destruidos por el desarrollo. En.cambio, Cocóspera quedó aislado porque el crecimiento económico de los siglos XlX y XX lo ignoró y hoy, gracias a ello, casi podemos ver a la gente que hubo aquí, que levantó los muros, que pintó las decoraciones de las paredes; de hecho, podemos imaginar más: sus campos de agricultura, sus talleres...

Cocóspera es una de las muchas misiones (o "reducciones") fundadas entre el noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos por el padre Eusebio Francisco Kino en las últimas décadas del siglo XVII. Hasta hace cuatro años, el sitio permanecía en ntinas, casi olvidado. Gracias a los esfuerzos de un grupo binacional interdisciplinario hay esperanzas de vida para el antiguo complejo misional. En el presente artículo se describe la manera en que profesionales de ambos lados de la frontera han unido a los esfuerzos para rescatar este legado monumental asociado a la conquista espiritual jesuita.

 

Un poco de historia

Es poco lo que se sabe sobre los asentamientos protohistóricos del valle de Cocóspera. Las aldeas de esa área suelen relacionarse con el desarrollo del llamado periodo Prehispánico Tardío (entre 1150 y 1450 d.C.); se ha identificado cerámica de los tipos Santa Cruz Policromo y Tanque Verde Rojo sobre Café, por lo general asociados con grupos pimas. Los o'odham (o pimas altos) continuaron siendo, de facto, uno de los grupos más representados de esta área durame los siglos XVI y XVII, y tuvieron una activa participación en las rutas comerciales que comunicaban a la región con el Mar de Cortés.

El valle de Cocóspera (hoy dentro de la jurisdicción del municipio de Imuris, Sonora) fue un paso habitual en las rutas del ejército virreinal a partir de la última década del siglo XVII, época en que para combatir a los apaches y a los janos se concentró en el área a indios yaquis, ópatas y pimas. Algunos frailes jesuiras y el propio Eusebio F. Kino visitaron a los indios que habitaban el lugar, como parte de su proyecto de fundación de misiones a lo largo de los ríos de la región (únicos vasos comunicantes de una gran área desértica). Para 1697 el valle contaba ya con un fraile residente, y en 1704 fue dedicado un templo de "...altas y fuertes paredes... con buenos y vistosos arcos... [que se techó] con sus cimborrios y linternillas...” (Kino, 1922, p. 85). Paradójicamente, y a pesar de que Cocóspera se encuentra en un punto donde se unen varios valles y del cual parten diversas rutas -hacia el desierto, la sierra y el Norte- , hecho que evidentemente fue benéfico para la colonización de la región, durante los primeros cien años de la mbión, de esta localización privilegiada se derivaron grandes daños, pues la hizo un blanco fácil para todo tipo de rebeldes, en especial para los apaches. que al menos en dos de sus ataques incendiaron el templo, sin que hoy se sepa a ciencia cierta si la iglesia fue reconstruida otras tantas veces o solamente rehabilitada.

En 1767 los jesuitas fueron expulsados de todo el territorio de la corona española y los franciscanos los relevaron y tomaron posesión de un área mbional en muy mal estado y casi desierta. Abandonaron la antigua cabecera de Dolores, se establecieron en Cocóspera y entre 1788 y 1799 decidieron renovar el templo según el gusto de la época. El antiguo edificio de adobe fue cubierto con ladrillos y aplanados de cal en el exterior, y en el interior se levantaron altares o retablos elaborados con ladrillos recubiertos con una profusa y bella decoración de yeso.

Después de la Independencia, la mayoría de los frailes franciscanos abandonó la región, aunque en Cocóspera cominuaron con sus actividades hasta 1837. Sin embargo, para 1864 habitaban ahí únicamente unos cuamos mestizos e indios yaquis y, dato curioso, también el suegro del emonces gobernador del estado. En 1889 la misión se encontraba parcialmente destruida. A principios de los treinta del siglo pasado, un grupo de especialistas estadunidenses recorrió toda la región misional de Kino: se supo que el sitio estaba absolutamente deshabitado, que de la techumbre del templo sobrevivían tan sólo algunas partes y que la decoración mural estaba muy deteriorada; los daños provocados por el vandalismo y los buscadores de tesoros resultaron incalculables.

No obstante, es importante subrayar que Cocóspera, aunque no ha estado habirada por casi 150 años, no ha sido abandonada: el sitio ha mereciclo la atención de muchos visitantes e invesrigadores desde los albores del siglo XX. Arquitectos. historiadores y arqueólogos han registrado y analizado sus ruinas; se han interro gado mutuamente y han generado pequeños círculos de discusión acerca de temas como la localización de los asentamientos de los casi 300 pimas que habiraban el lugar a la llegada de los frailes (con la consecuente especulación en tomo a las caracteñsticas y tipo de vida de sus pobladores). También se ha discutido la ausencia de una estratigrafía arquirectónica clara y delimirada del templo (hoy en día, el único edificio visible del complejo) y la indefmición de estilos y/o la distribución de los elementos que componían el complejo misional (talleres, áreas habitacionales, campos de cultivo, etc.).

Algunos ejemplos notables fueron los de J. Olvera y W. Wasley, quienes  hace 35 años se propusieron no sólo estudiar el sitio, sino también rehabilitarlo (Oivera, 1998), y el de Arturo Oliveros, que realizó un estudio integral de la misión y del valle de Cocóspera, así como una serie de acciones concretas para su salvaguarda, entre ellas un reconocimiento de superficie y la búsqueda de recursos para contar con un custodio permanente en el sitio (Oliveros, 1976).

De igual manera, aunque en otra línea de trabajo, gracias a los esfuerzos realizados por el Centro INAH Sonora se colocó un andamio para detener el proceso de separación entre las crapas de adobe y ladrillo de la fachada del templo. Desafortunadamente, todos los esfuerzos aquí descritos se han perdido en la complejidad de un sitio que necesitaba tanto de un tratamiento de rescate y conservación, como de un extenso proyecto de investigación histórica y arqueológica.

 

• Mary Farrell. Maestra en arqueología por la Universidad de Arizona. Directora del área de Arqueología del Coronado National Forest de Tucson. Arizona.

•Júpiter Manínez. Estudió la licenciatura de arqueología en la ENAH. Desde 1996 ha colaborado en el Centro INAH Sonora.


• Renata Schneider. Licenciada en restauración por la ENCRYM, INAH. Desde 1993 trabaja en la Coordinación Nacional de Restauración del Patrimonio Cultural en el Depanamento de Conservación de Material Arqueológico y Pintura Mural.

 

Farrell, Mary, Júpiter Manínez, Renata Schneider, “La exmisión jesuita de Cocóspera, Sonora. Un trabajo interdisciplinario”, Arqueología Mexicana 51, pp. 64-69.

 

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