• lunes, 21 de agosto de 2017.

La muerte y sus deidades en el pensamiento maya

Mercedes de la Garza

En el pensamiento maya, vida y muerte se armonizan siempre dialécticamente. Además, ambas son generadas por fuerzas sagradas o deidades que viven en el cielo y el inframundo, lugares que en sí mismos contienen las fuerzas contrarias. Los principales dioses de la muerte se representan como seres antropomorfos, lo que parece responder a la preocupación principal del pueblo maya por su propia muerte.

 La vida del espíritu no es la vida que se asusta ante la muerte y se mantiene pura de la desolación, sino la que sabe afrontarla y mantenerse en ella. El Espíritu no es una potencia positiva que se aparta de lo negativo… y permanece cerca de ello.

G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu

 

En el notable pensamiento dialéctico que caracterizó a los mayas prehispánicos, al igual que a los demás pueblos mesoamericanos, hallamos la conciencia del hecho de la muerte como algo consustancial a la vida. Estos dos grandes contrarios, al lado de los de caos y orden, luz y oscuridad, cielo e inframundo, masculino y femenino, racionalidad e irracionalidad, mundo socializado y mundo salvaje, armonizan para constituir el fundamento del dinamismo cósmico. Así lo indican las representaciones plásticas, los mitos y lasa variadas y complejas prácticas funerarias de los antiguos mayas.

 

La dualidad vida-muerte

Vida y muerte, además, son generadas por fuerzas sagradas que radican ante todo en el cielo y el inframundo, respectivamente. En el cielo transita el Sol, dios supremo, generando la luz y el calor, y sus ciclos anual y diario son la base de la temporalidad; del cielo proviene la lluvia que fecunda la tierra para producir la vida vegetal y, con ella, la de todos los demás seres. El inframundo, por el contrario, es la región de la oscuridad y la muerte; a él descienden los espíritus cuando el cuerpo parece y se transforma en energía de muerte, y de él provienen asimismo las fuerzas que producen las enfermedades y el mal en general. La Tierra, situada entre ambos, en el sitio donde se da la contienda de la vida y la muerte, donde se producen el choque y la armonía de los contrarios. La Tierra es la región del hombre, el centro del universo, donde los opuestos se resuelven en unidad.

Pero tanto el cielo como el inframundo contienen en sí mismo las fuerzas contrarias: el cielo nocturno es fuente de energías maléficas; el calor del Sol en exceso produce la sequía y la muerte, y la lluvia transformada en tormenta es causa de destrucción. Por otro lado, en el inframundo se guardan tesoros minerales, se generan manantiales y se localizan las semillas que darán nueva vida.

Así, mal y bien, muerte y vida, son ambos energías divinas en constante interacción, es por ello que hay en el pensamiento maya diversos símbolos de la sacralidad de la muerte, así como deidades y seres sobrenaturales que presiden, provocan y anuncian la muerte.  Los principales dioses de la muerte se representan como seres antropomorfos, lo cual parece responder a la preocupación principal de ese pueblo por su propia muerte, de la que derivan las creencias sobre la muerte de los demás seres vivos e incluso de los seres que nosotros llamaríamos inanimados, pero que para ellos también poseían un espíritu vital.

 

Mercedes de la Garza. Doctora en historia por la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Recibió el Premio Universidad Nacional en 1995 y actualmente es directora del Museo Nacional de Antropología.

 

Ravesloot, John C., “El sacrificio en Casas Grandes”, Arqueología Mexicana núm. 40, pp. 40-45.

 

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