• miércoles, 22 de noviembre de 2017

La universalidad en las representaciones de la figura humana

...el cuerpo es eminentemente un espacio expresivo... el cuerpo es nuestro medio general de poseer el mundo.

Maurice Merleau-Ponty, Fenomenología de la percepción

 

La presente reflexión busca recorrer algunas de las formas que han dado vida al cuerpo humano a través del arte universal. Por medio de ellas reconocemos diferentes aspectos sobre la idea que el hombre ha tenido
de sí mismo a lo largo de la historia.

 

Desde épocas antiguas hasta nuestros días el cuerpo ha sido la herramienta mediante la cual el hombre da a conocer su estancia en, su relación con y su vivencia del universo. En el cuerpo encuentra su posición frente al entorno, su escala, su proporción, el arriba  y el abajo, el adelante y el atrás.


Con el cuerpo el hombre camina, sube y baja, recorre, entra y sale, descansa, descubre y se apropia del mundo, logra fundarlo y habitarlo Con el cuerpo relata su tránsito por el tiempo y el espacio, su acontecer y los actos que definen su pensamiento El cuerpo es el texto que da sentido a su existencia, la materialidad que le permite expresarse y revelar su parte inmaterial.

Con el cuerpo sentimos, aprendemos y aprehendemos. El cuerpo es testimonio de nuestro andar y de la noción que tenemos de dicho andar. De tal suerte, poco a poco deviene en percepción y luego en imagen, es decir, se convierte en posibilidad de creación. Por ello se le ha representado desde tiempos remotos y sigue vigente en las manifestaciones artísticas.

 

El cuerpo en el arte

Sin afanes exhaustivos, es interés de la presente reflexión recorrer algunas de las formas que han dado vida al cuerpo a través del arte. En ellas reconocemos diversas intenciones, matices y propuestas que revelan la idea que el hombre ha tenido de sí mismo a lo largo de la historia.

Hay ejemplos muy antiguos de representaciones plásticas del cuerpo. Sin embargo, es posible que se realizaran prácticas anteriores a la pintura, la escultura y el relieve que lo implicaran, como la danza y la pintura corporal. De ellas no existen evidencias, aunque podemos intuir que al llevarlas a cabo el hombre adquirió una noción del cuerpo no sólo en cuanto al movimiento y al ritmo sino en relación con otros cuerpos y con sus posiciones, escalas y posibilidades expresivas.

Ejemplo elocuente de las representaciones del cuerpo en la prehistoria son las Venus o "mujeres bonitas". En estas esculturas de piedra destacan la cadera y el pecho sobre los demás elementos. La mayoría carece de rostro y las extremidades cuando no son ignoradas sólo se sugieren. Se trata de obras que expresan un gran manejo de las formas. Líneas por lo general curvas definen los cuerpos de las Venus, cuyos rasgos se han asociado con la fertilidad.

En la pintura rupestre el hombre prehistórico encontró también un medio adecuado para plasmar su imagen. Sobre la superficie de la piedra, en cuevas o en exteriores, se advierten manos aisladas o en grupos. Se trata de la representación de una parte del cuerpo, posiblemente considerada de suma importancia como signo de identidad, con la cual modificaba la materia para adecuarla a sus fines.

Posteriormente, el hombre mostraría su cuerpo completo, en escenas que se han considerado de caza o rituales. Se trata de cuerpos esquemáticos en los que con una mínima utilización de líneas se alcanza gran expresión y movimiento. No es posible distinguir rostros y, a diferencia de las "mujeres bonitas", los brazos y las piernas suelen ser más grandes que el resto del cuerpo e indican la acción que otorga a las representaciones un carácter notablemente dinámico.

En Egipto el cuerpo fue tema central de la escultura, el relieve y la pintura mural. Los tres géneros parecen adaptarse a un canon estricto que diera el carácter de las composiciones. Cuerpos de perfil llenan los relieves y las escenas pintadas en templos y palacios. Son cuerpos definidos por líneas angulosas, imágenes hieráticas y ensimismadas. En pocas ocasiones se representaron en movimiento, aunque se señala una dirección. En la escultura adquirió una dimensión monumental; el cuerpo, en quietud, aparece de frente y las estatuas que se conservan representan, por lo general, al faraón y a su familia o a deidades del panteón egipcio.

El cuerpo en Grecia alcanza el ideal de belleza que hoy consideramos tradicional. Busca la proporción y la armonía en una relación cercana con el dato visual. Los griegos ahondaron en todas las posibilidades expresivas del cuerpo y, al parecer, en estudios de anatomía que se condensan con maestría principalmente en la escultura. Cuerpos atléticos, plenos de cargas y tensiones, desvelan los rostros de los dioses y de los personajes de la historia de Grecia.

Durante la Edad Media la relevancia que el cuerpo había adquirido en Grecia y en Roma se transforma para ceñirse a la religiosidad. Son cuerpos que narran escenas bíblicas y cuya expresión está dada en la acción que desempeñan o simbolizan y no en su representación. En todas las manifestaciones artísticas, los cuerpos, siempre cubiertos por túnicas, responden a una intención sobrenatural, que va más allá del espacio que los ciñe, de la es- cala y de la proporción anatómica natural.

En el Renacimiento el cuerpo vuelve a la antigua tradición griega. El humanismo que define al pensamiento renacentista hace del hombre el centro del universo. El ideal de belleza se encuentra entre la mitología clásica y el cristianismo. Los artistas enfrentan el reto de la creación como copia aparente de la realidad. Los conocimientos de anatomía pretenden traducir la visión de las formas corporales en imágenes plásticas. Se sabe de algunos modelos que sirvieron de apoyo a pintores y escultores para recrear la idea de rostros y cuerpos que definieron el arte de este periodo.

Después del Renacimiento y del periodo barroco, en pleno siglo XIX, el cuerpo se representó de acuerdo a lo establecido por la academia, con fundamento en las propuestas de armonía y proporción de la Grecia clásica. Así, los cuerpos del neoclasicismo, del romanticismo y del realismo se rigieron formalmente por los ideales antiguos, aunque, de acuerdo con las circunstancias de la época contemporánea variaban las temáticas y los intereses.

Es en tiempos modernos cuando las representaciones del cuerpo rompen con todos los esquemas previos. Se cuestionan armonías, proporciones y el rigor de la "belleza", en busca de nuevas y múltiples posibilidades de expresión. Con las vanguardias el cuerpo se fragmenta y recompone para adaptarse al lenguaje del cubismo, se deforma para dar paso a las fantasías surrealistas o bien se traduce en formas geométricas y expresionistas para dejar de ver cuerpo y convertirse en abstracción .

 

Beatriz de la Fuente. Doctora en historia Investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas (UNAM) y del Sistema Nacional de Investigadores. Miembro de El Colegio Nacional.

 

de la Fuente, Beatriz, “La universalidad en las representaciones de la figura humana”, Arqueología Mexicana núm. 65, pp. 12-15.

 

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