• domingo, 26 de marzo de 2017.

La vagina dentada en la cosmovisión mesoamericana

El escaso desarrollo de las investigaciones sobre las implicaciones míticas y simbólicas de la sexualidad en Mesoamérica explica en buena medida las contadas pesquisas en torno a la vagina dentada como representación colectiva, fundamental para entender la cosmovisión de esta gran área cultural. La temática remite, en última instancia, a concepciones relativas a lo sagrado que se vinculan de manera particular con proyecciones simbólicas del cuerpo, la sexualidad humana, el orden vegetal y cósmico, la fertilidad y el sacrificio propiciatorio. Los relatos míticos correspondientes pueden examinarse como puentes simbólicos entre la Mujer y la Tierra, la vida y la muerte, la naturaleza y la cultura, operantes en los campos de la ordenación del mundo y el control social. El simbolismo fálico y la castración, relacionados con las deidades telúricas, son claves imprescindibles para su análisis. Una revista sucinta de los estudios sobre el tema debe iniciarse, necesariamente, con los registros que Robert M. Zingg realizara entre los huicholes en los años treinta del siglo XX, relatos míticos en los cuales Kauymalí ocupa un papel central. Con un cuerno sagrado de venado colocado en su pene, este héroe civilizador rompe las dentaduras vaginales de las mujeres, posibilitando la cópula. La figura de Kauymalí tiene paralelismos simbólicos con personajes de largo pene, presentes en las mitologías de los indios de Norteamérica y América del Sur.

Transcurrieron casi cinco décadas para que Pat Carr y Wilard Gingerich (1983) abordaran nuevamente la temática (sin comentar la contribución de Zingg), al comparar la narrativa mítica de los mexicas con la de los indios pueblo, en función de la ansiedad masculina, la fantasía erótica y los sacrificios humanos. Según estos autores, la Leyenda de los Soles  “contiene una versión transmutada del motivo de la vagina dentada”. Se publicaría después el abordaje de Jacques Galinier (“Le Homme sans pied. Methaphores de la castration et imaginaire en Mesoamérique”) desde la perspectiva de la cosmovisión otomí, preámbulo de sus reveladores estudios  posteriores. En 1982 circuló mi primer análisis del mito zoque de Piowacwe, concebida como “mujer volcán” de vagina dentada, e identificada con la erupción del Chichonal en mayo de 1992. En ulteriores ensayos profundicé en el análisis de esta deidad telúrica, integrando mis planteamientos en una perspectiva mayor en el libro El lugar de la captura (2008). El complejo entramado simbólico de la volcana Piowacwe (que en uno de sus planos imaginarios se identifica como “mujer serpiente”) motivó el comentario de diversos autores, estudiosos de la voracidad inherente a la vagina terrestre (símbolo homólogo de la vagina dentada). Así, José Alcina Franch (1995) al examinar la cosmovisión mexica, la vincula con diversas figuraciones del “monstruo de la tierra” (Cipactli-Tlaltecuhtli, Coatlicue-Itzpapálotl), y establece paralelos ideacionales entre la cueva, el temazcal y el útero telúrico, observación formulada también por Doris Heyden y Johanna Broda. Equipara Alcina Franch el falo con el cuchillo (técpatl) utilizado en los sacrificios humanos. Este instrumento es identificado en la boca del dios dual Tlaltecuhtli, que representaría “la vagina terrestre, siendo el cuchillo de pedernal el pene generador”. En sus acuciosos estudios sobre el tema, Eduardo Matos Moctezuma (1999) subraya la función devoradora de Tlaltecuhtli, y formula diversas observaciones relativas a la identificación de esta divinidad con la imagen de la vagina dentada (y la castración, su consecuencia inmediata) al comentar el mito de Piowacwe en otra de sus reflexiones.

En un revelador abordaje sobre Tlantepuzilama (“la vieja con dientes de metal o de cobre”), Guilhem Olivier examina diversas representaciones de la madre telúrica mesoamericana, a partir de los atributos de las tzitzimime. En la mayoría de los relatos analizados, la abuela telúrica trata de devorar a sus nietos, quienes logran matarla quemándola a veces en un baño de vapor, o bien la presentan como una anciana dueña de los animales salvajes. En otro ensayo sobresaliente, Olivier (2004) propone una nueva  interpretación del mito referido al pie cercenado de Tezcatlipoca. Fundado en los mitos huicholes, otomíes, huaves y zoques en torno a la vagina dentada, sugiere que el pie (o pierna) de Tezcatlipoca “representa sin duda el símbolo de una mutación sexual, donde el sexo del héroe es la presa de las fuerzas telúricas”. En el orden de ideas antes descrito, son de especial importancia las reflexiones de Alessandro Lupo en su artículo “The Womb that Nourishes and Devours” respecto a las concepciones sobre la castración en la cosmovisión huave, y las observaciones de Johannes Neurath en su libro Las fiestas de la casa grande…, relativas a Takutsi (“nuestra abuela”), divinidad huichol considerada “el ser más antiguo del universo”.

Enfatizando las analogías del cuerpo humano con sus réplicas culturales (en los planos simbólicos de la sexualidad), Jacques Galinier (1990) advierte que en las representaciones colectivas de los otomíes del sur de la Huasteca, la castración desempeña “un papel clave”. Explica que en esta cosmovisión el pene es el “doble” del hombre, es decir su alter ego, que “tiene la propiedad de ser desprendido, puesto que durante el acto amoroso es engullido por el universo femenino”. De acuerdo con este código sexual, la mujer “se come el pene”, “mata al hombre” para “permitir el nacimiento de la vida”. En el epílogo a El lugar de la captura, Galinier observa que la imagen de la vagina dentada (y/o telúrica) “resultaría ser ‘la caja negra’ de las cosmovisiones indígenas; una representación que atraviesa todos los horizontes de Mesoamérica”.

En el imaginario de los pueblos mayanses asentados en torno al lago Atitlán, se identifican imágenes de la zaga de epifanías telúricas vinculadas al “monstruo de la tierra” (es decir, a la deglución, castración y al sacrificio). Así lo evidencia un antiguo ritual de los cakchiqueles registrado durante la Colonia. En la Historia de Guatemala de Fuentes y Guzmán se detallan creencias relativas al sacrificio de jóvenes al volcán Atitalhuyú (la “vieja del monte”) cuando arrojaba humo y fuego, señal de que “tenía hambre y pedía alimento”. En el Popol Vuh, la Madre primordial Xmucamé (“antigua ocultadora con gigante abertura”) se equipara a la vagina terrestre. En  el Diccionario maya-español de San Francisco  se llama hayal haltun  a las partes pudendas de la mujer, es decir a la vagina. El Diccionario de Motul (I)  traduce hayal  como “temor, espanto que uno tiene o toma porque […] le persiguen o le hacen otro daño”. Según el Vocabulario de Viena , hayal  es el “degolladero del hombre o animal que siendo herido muere”. En el antes citado texto de Motul (I)  se da a haltun  el significado de “poza de agua hecha con peña viva”. En traducción libre, hayal haltun  (la vagina) sería “el temido degolladero del hombre”, “cavidad pétrea y acuosa donde se muere” o “poza pétrea donde el hombre es degollado” (véase Báez-Jorge, 2008). En un estudio próximo a publicarse, Chinchilla Mazariegos utiliza los planos míticos y simbólicos de la vagina dentada para interpretar la Estela 25 de Izapa y las guacamayas del juego de pelota de Copán. Este acucioso estudio parte de las narraciones mitológicas de México y Guatemala para develar la historia de Siete Guacamaya en el Popol Vuh,  e identifica “grandes pájaros con vagina dentada del arte prehispánico”, sugerente punto de vista que merece una reflexión aparte.

 

Tomado de Félix Báez-Jorge, “Mitología y simbolismo de la vagina dentada”, Arqueología Mexicana núm. 104, pp. 51-47.

 

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