• sábado, 19 de mayo de 2018

Las manos y los pies de Pakal

Arturo Romano Pacheco

 

En la parte central de la cámara funeraria del Templo de las Inscripciones de Palenque, Chiapas, se encuentra un sarcófago monolítico rectangular que esta ha cubierto por una lápida. Al centro del sarcófago se halló una cavidad oblonga, alargada y que en su extremo distal se ensancha, lo que le da una forma parecida a la de un pez. Esta forma sugiere que la cavidad fue tallada expresamente para el cadáver, ya que sus dimensiones son apenas un poco mayores que las del esqueleto. Éste se localiza en posición extendida, con la cabeza hacia el norte, y por el examen antropofísico se sabe que correspondía a un individuo adulto, de sexo masculino y de entre 40 y 50 años. Era un sujeto de talla alta y complexión robusta, con manos muy delgadas y frágiles, como lo indican los pequeños anillos de jade localizados en las falanges.

Debo mencionar que desde la primera vez que tuve oportunidad, en colaboración con el Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, de revisar in situ el esqueleto, sobresalió que el estado general de los restos óseos era deleznable, sin lesiones patológicas aparentes, y que la mayoría estaba en posición anatómica y en contacto con su articulación respectiva, a excepción del húmero derecho, que estaba desplazado seis centímetros.

Los huesos de los miembros superiores estaban muy fragmentados. El húmero derecho, el mejor conservado, presentaba fisuras muy amplias en dirección longitudinal de la diáfisis, así como otra en sentido transversal, que separaba en forma irregular la extremidad distal del resto del hueso. El húmero izquierdo, ligeramente separado de su articulación escapular, estaba más fragmentado e incompleto. El cúbito derecho conservaba su posición original y el radio correspondiente se hallaba desplazado diagonalmente, con la extremidad próxima dirigida hacia la línea media y situado debajo del cúbito debido a la pronación de la mano. El cúbito estaba muy fisurado en sentido longitudinal y fragmentado en su porción distal a la altura de su entre cruzamiento con el radio respectivo. A este último hueso le faltaba la epífisis proximal y se encontró, además fragmentado en tres partes casi equidistantes. Los huesos del antebrazo izquierdo eran poco visibles debido a las cuentas de jade que los cubrían y cuyo peso parece haberlos reducido a fragmentos muy pequeños. Los huesos del carpo, metacarpo y falanges mantuvieron su contacto a ni cular normal y se puede decir que su estado de conservación es el mejor de todo el esqueleto. Varios de los anillos de jade conservaban incluidas las falanges que los portaban.

Los huesos de las extremidades inferiores muestran en general un pésimo estado de conservación, ya que están muy fragmentados y en avanzada desintegración, al igual que los calcáneos, sin embargo, los demás huesos de los pies, astrágalos tarso, metatarso y falanges, están en mejores condiciones.

Los fémures eran robustos y se hallaban paralelos; las rótulas se mantuvieron in situ la izquierda estaba íntegra, aunque en estado deleznable. Ambas tibias y peronés eran robustos. Las tibias se encontraban hacia fuera y los peronés en el margen interno de las mismas, tal vez por la actitud forzada hacia fuera de ambos pies. Los huesos que componen estos últimos se hallaron todos en posición anatómica.

 

Arturo Romano Pacheco. Profesor emérito del INAH

 

Romano Pacheco, Arturo, “Las manos y los pies de Pakal”, Arqueología Mexicana núm. 71, pp. 42-43.

 

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