• miércoles, 22 de noviembre de 2017

Los peligros del camino: De Chan Santa Cruz a Río Hondo

Valentina Vapnarsky

 

La ruta de las palabras

Por los senderos del monte, en las milpas y las casas, se cuentan relatos en maya del pasado y del presente. En las narraciones de los mayas yucatecos de Quintana Roo descubrimos sus mundos históricos y fantásticos. Ese camino nos lleva también a entender los movimientos de la tradición oral, la cual se transmite, adapta y recrea. Los relatos de la ruta que va de Chan Santa Cruz al Río Hondo permiten percibir algunos de esos procesos. Empezaremos por delinear su contexto histórico.

 

Historia de una ruta

A mediados del siglo pasado y debido a la Guerra de Castas, gran parte de los mayas rebeldes -autodenominados macehuales-, quienes vivían en el centro de la península yucateca, se retiraron hacia el este, donde formaron un territorio independiente, el Territorio de los Crusoob ("soldados de la Santa Cruz"). Éste se organizó en tomo al centro ceremonial y político de Chan Santa Cruz Balamnah K'ampokolche', ubicado al lado del cenote en donde -según relata la tradición- el jefe maya Barrera oyó por primera vez la voz de Ki' ichkelem Yuum ("Hermoso Señor", Jesucristo) emitida por una crucecita de cedro, su mensajera. Los mayas macehuales, quienes siguieron en guerra contra los wacho' oh (soldados del ejército federal o del yucateco) hasta principios de este siglo, descubrieron que los hombres del sur, los beliceños, resultaban aliados invaluables; los llamaron suku' umo' oh ("hermanos mayores"). Así, las relaciones entre macehuales y beliceños se establecieron casi de inmediato, animadas por intereses estratégicos y comerciales mutuos. En Belice, los mayas encontraron sus fuentes de abastecimiento de armas, municiones y algunas mercancías, como sal y jabón; a su vez, los integrantes de la antigua Honduras Británica, además de negociar el contrabando de estos artículos, lograron acuerdos con los rebeldes para extraer madera de la zona, seguir importando ciertos productos agrícolas y librarse de las temidas invasiones de sus vecinos mayas. Más tarde, cuando la venta de armas decayó, dio principio el auge del comercio del chicle, el cual, extraído en la zona maya, también se transportaba hacia el Río Hondo, en la frontera entre Belice y México. Los cargamentos habían cambiado, pero los caminos seguían siendo los mismos. Y si bien los antiguos contrabandistas ya no temían un encuentro con los soldados mexicanos, esa región montañosa, aún salvaje, seguía presentando numerosos peligros: serpientes venenosas, o algún jaguar hambriento ...Otros seres, sin embargo, también habitaban el monte, y éstos eran más difíciles de combatir.

 

Primera estación:

El manantial encantado

Por la ruta de Chan Santa Cruz al Río Hondo, pasando Noh Bec, vivían dos k' ak' as ba' a ("cosas malas"): el Bòob (la fiera gigante) y la X-núuk (la Vieja). Moraban en unos sahkab-las cuevas de la Península, que está formada por un encaje de roca calcárea- y salían de noche para comerse a los hombres que se quedaban sin refugio en el monte. La única escapatoria era entonces alcanzar, antes de que se pusiera el sol, Ix-nak' a-nah, la "casa de noche" de X-Kunsiib ("el manantial encantado"). Así lo cuentan, hasta hoy, los ancianos cuando transmiten las historias a sus hijos y a sus nietos:

...dicen que si no llegabas a X-Kunsiib,

X-Kunsiib le decían

porque ahí habían hecho una casa,

una casa alta,

alta arriba del hombre así;

tú, si la alcanzabas, subías así

jalabas la escalera,

y rico dormías dicen;

pero si no llegabas

y anochecía,

aunque sólo estés a un kilómetro,

o sólo a media legua,

ahí serías comido,

el Bòob,

él te comería.

También ahí estaba la Vieja,

si era de día, venía a verte,

dicen que te decía:

"Bueno hombre, hasta más tarde"

y cuando luego regresaba,

te comía.

¿Que podías hacer?

Pero, pues,

los ancianos,

apenas la veían;

había una cuerda así,

era larga,

subían y se colgaban uno a uno a la cuerda,

[...]aunque le tiraran y tiraran con escopeta

no se moría,

no se moría

de por sí,

era k'ak'aas ba'a, cosa mala.

 

El Boob era un animal monstruoso, semejante a balam, el jaguar. pero más grande y poderoso: su pelaje, tupido y oscuro, le protegía de las balas, que se enredaban en él; en medio de la frente lucía una estrella blanca. X -núuk, la Vieja, andaba por los senderos del monte, la espalda encorvada, mirando sólo adonde sus pies pisaban, alerta al olor del tak'an ya', el chico zapote maduro, que caracteriza al hombre en los cuentos. Así dicen.

 

Esta versión fue recopilada por M. F. Jaramillo Botero, La historia oral de los mayas de Quintana Roo, tesis de licenciatura en Etnología, ENAH. México. 1988, pp. 163-164. Las otras, son transcripciones y traducciones de grabaciones mías. Todos los textos fueron narrados en maya.

 

Valentina Vapnarsky. Investigadora del CEMCA, Universidad de París.

 

Vapnarsky, Valentina, “Los peligros del camino: De Chan Santa Cruz a Río Hondo”, Arqueología Mexicana núm. 14, pp. 48-53.

 

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