• lunes, 21 de mayo de 2018

Relatos de fundación en la tradición mixteca y chocholteca. El papel de las serpientes de lluvia

Manuel A. Hermann Lejarazu

Desde la época prehispánica existía una antigua tradición sobre la serpiente de lluvia entre diversos grupos del actual estado de Oaxaca. En el Códice Baranda, el Rollo Selden y el Lienzo de Tlapiltepec quedaron registrados antiguos relatos sobre una serpiente sobrenatural que impedía la fundación de los pueblos y el surgimiento de los linajes gobernantes en la región chocholteca.

 

Los relatos fundacionales forman parte de una rica y profunda narrativa que se ha conservado a lo largo del tiempo, a través de una vigorosa expresión oral y pictórica en numerosos pueblos oaxaqueños. Historias sobre los orígenes del mundo, la formación de los pueblos o el nacimiento del Sol y los dioses pueden rastrearse en códices, crónicas, relaciones y testimonios verbales recopilados en diversas épocas.

En algunos de estos textos destaca la participación de una enorme serpiente que impide al ser humano establecerse en algún lugar y vivir en calma debido a que, continuamente, desata tormentas e inundaciones o llega, incluso, a devorar a toda persona que transita cerca de su morada. Nos llama la atención que en documentos como el Códice Baranda, el Lienzo de Tlapiltepec o el Rollo Selden se encuentren representaciones de guerreros decapitando a una serpiente o quemándola al arrojarle piedras encendidas, escenas que evocan relatos modernos que aún perduran en muchos pueblos de Oaxaca y que muestran la continuidad de las historias sagradas creadas desde la antigüedad.

 

La serpiente de lluvia en las pictografías

La serpiente en los códices chocholtecos se encuentra directamente relacionada con rituales de fundación o aparece durante el surgimiento de alguna dinastía gobernante. Según el Rollo Selden, dos personajes realizan el sacrificio de una serpiente en un evento primordial. Uno de ellos, de nombre 4 Lagarto, sostiene una enorme lanza con la que le ha cortado la cabeza a una gran culebra de cuya herida mana sangre y una corriente de agua (fig. 1). Arriba del ofidio aparece otro personaje llamado 7 Casa, quien sujeta un hacha con una mano, mientras que con la otra carga una especie de máscara o vaso efigie de la que caen gotas de agua sobre la herida de la serpiente. 7 Casa viste los atavíos del dios de la lluvia conocido como Tláloc en el mundo nahua y Dzavui en el mundo mixteco.

Existe todavía un ejemplo más de la decapitación de la serpiente en la parte inicial del Lienzo de Tlapiltepec (fig. 2), sólo que en este caso, únicamente se observa el glifo calendárico de 4 Lagarto, que se conecta a una línea muy alargada con un cuchillo de pedernal en la punta y que separa o rompe el cuerpo de una serpiente acompañada del signo 2 Agua.

Con anterioridad, Alfonso Caso (1958, pp. 373-393) había establecido una relación entre estas imágenes con la hoja 1 del Códice Baranda (fig. 3), en el cual también aparece un personaje de nombre 4 Lagarto empuñando un hacha y preparándose para atacar a la gigantesca serpiente que recibe una gran caída de agua de la vasija que sostiene el señor 7 Casa en la parte superior del códice. Aunque, evidentemente, estamos frente a dos estilos de pintura completamente distintos, en el fondo se trata de la misma escena y del mismo complejo simbólico.

 

Relatos de serpientes en la Mixteca

En la relación geográfica del pueblo de Petlaltzingo redactada en 1581 (Acuña, 1985, II, pp. 47-52) se registró un antiguo mito que explicaba el origen del nombre de la comunidad:

 

El dicho pueblo de Petlaltzingo tiene este nombre, Petlaltzingo (sic), que es vocablo  mexicano que quiere decir en lengua castellana “lugar de esteras”, esteras que acá llaman petates. La razón por que se le puso este nombre dicen que es porque, en un cerro que está al día de hoy adjunto al asiento del dicho pueblo, moraba antiguamente una culebra de tan increíble grandor, que dicen que con su cuerpo rodeaba todo el cerro, y sobraba mucho cuerpo más, que se enroscaba uno sobre otro. Y esta culebra tenía el cuerpo pintado a forma de estera y, por eso, la llamaban culebra de estera o esterada; la cual culebra cuentan que era velocísima y, porque se comía a cuantas personas veía, que tenía despoblada a toda la comarca y nadie osaba a pasar por allí, siendo camino real. Y, según las pinturas de los dichos indios de Petlaltzingo, dicen que un hombre valeroso y gran guerrero, que había discurrido muchas provincias, vino con gente de guerra con gana de poblar este asiento de Petlaltzingo, y se puso en celada, aguardando a que esta culebra saliese de su cueva. Y, desde un cerro que está frontero del dicho cerro donde la culebra vivía, casi a un cuarto de legua, la apuntó con su arco y flechas, y la mató. Y pobló allí con la gente que traía, y del nombre de la dicha culebra, que era Petlalcoatl, llamó a su población Petlaltzingo. En este pueblo se habla lengua mixteca, porque, como dicho es, este pueblo es en la provincia de la Mixteca Baja (Acuña, 1985, II, pp. 49-50).

 

Este extraordinario relato, sin duda, muestra grandes semejanzas con lo que hemos visto representado en los códices del valle de Coixtlahuaca. Pero esto no quiere decir que el Códice Baranda o el Rollo Selden provengan del pueblo de Petlaltzingo, sino que el mito de la serpiente gigante estaba bastante extendido en diversas comunidades oaxaqueñas en la época prehispánica, según lo atestiguan los códices y pinturas de numerosos pueblos y cuya continuidad aún es posible recopilar hoy en día.

En efecto, en el actual pueblo de Tezoatlán, en la Mixteca Baja, recopilé este antiguo relato que se encuentra registrado en el museo de la comunidad junto con una singular pintura realizada por un maestro local que interpreta la leyenda (fig. 4). El texto dice:

 

Hace muchos años vivía un gigante en lo que ahora es Tezoatlán y, en el lugar que ahora ocupan las peñas tenía una salinera donde trabajaba.

Un día el gigante salió hacia la costa para hacer un mandado, al regresar encontró que caía una lluvia torrencial y que una enorme culebra enroscada alrededor del pueblo había formado una represa y provocado una gran inundación que ahogó al pueblo. El gigante enojado sacó su machete y cortó a la culebra permitiendo la salida del agua. De ahí la gente tomó a nombrar Tezoatlán en lengua mixteca como Ñuu Xia’a, que en castilla quiere decir pueblo ahogado o pueblo con agua. Esta leyenda procede de Santa Catarina Yutandú.

 

Aunque desconocemos el origen o antigüedad de la historia, nos llama la atención la serie de coincidencias o paralelismos que encontramos entre las escenas pintadas en los códices y en los mitos registrados en las fuentes del siglo xvi o en la tradición oral contemporánea. Sin pretender explicar cabalmente el significado de las escenas representadas en el Rollo Selden o en el Códice Baranda, es muy notable la presencia de una gran serpiente que muere decapitada, flechada o partida por un guerrero que se enfrenta ante una fuerza sobrenatural que se oponía a la ocupación del hombre en alguna comunidad determinada. En efecto, los personajes asociados con la muerte de la serpiente son 4 Lagarto y 7 Casa, quienes actúan, tal vez, como héroes y salvadores de la humanidad en los primeros tiempos dominados por el caos. El hecho de que el señor 4 Lagarto corte la cabeza de la culebra con una lanza, podría simbolizar el acto de interrumpir las lluvias e inundaciones que, a manera de diluvio, podrían destruir a los nuevos pueblos.

En el relato de Tezoatlán, el gigante mixteco corta a la serpiente que mantenía inundada a la población por medio de su cuerpo enroscado, lo que permitió la salida del agua y el final del aguacero. En algunos cuentos mixes (Torres, 2007, pp. 297-299) existe una gran serpiente con cuernos que provoca lluvias torrenciales y tempestades. El ofidio sale de las nubes haciendo llover muy fuerte, y para apaciguar la tormenta, los mixes queman copal y sal. Un texto mítico de Cacalotepec refiere la existencia de una serpiente de agua que provoca la inundación de un pueblo. Los habitantes de Cacalotepec invocan a los rayos, al viento y a otros animales protectores. Entre los animales invocados está una serpiente llamada Culebra de la Sierra, que corta en tres pedazos a la serpiente de agua, salvando así a la población de ser inundada por el río (Torres, 2007, p. 298).

Entre los zapotecos de la sierra sur (González Pérez, 2013, p. 43), aún se conservan historias de las luchas entre los naguales de San Mateo del Mar y Santa Catarina Xanaguía; la culebra de los huaves está vinculada con las tempestades y fenómenos asociados con las lluvias, tormentas y terremotos.

Como podemos observar, si bien los códices del valle de Coixtlahuaca como el Baranda o el Rollo Selden registran historias antiguas sobre la fuerza destructiva de las serpientes, sin duda estos antiguos relatos de origen forman parte de una tradición que se encuentra bastante extendida entre diversos pueblos de Oaxaca, desde las zonas montañosas de la Mixteca hasta los pueblos serranos de la región Mixe o los zapotecos del sur (Barabas, 2006: 83).

 

Manuel A. Hermann Lejarazu. Doctor en estudios mesoamericanos por la unam. Investigador en el ciesas-D.F. Se especializa en el análisis de códices y documentos de la Mixteca, así como en historia prehispánica y colonial de la región. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

 

Hermann Lejarazu, Manuel A., “Relatos de fundación en la tradición mixteca y chocholteca. El papel de las serpientes de lluvia”, Arqueología Mexicana  núm. 132, pp. 68-73.

 

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