• domingo, 25 de junio de 2017.

Santa Fe. Utópico pueblo absorbido por la ciudad de México

Miguel Covarrubias Reyna

Vasco de Quiroga fundó la República Hospital de Santa Fe en los terrenos que compró, el primero de varios proyectos destinados a prestar ayuda humanitaria a la población indígena. El objetivo que se había trazado era brindar a los desamparados un lugar donde pudieran tener mejores condiciones de vida, introducirlos a la civilización occidental y evangelizarlos.

 

Vasco de Quiroga debió quedar horrorizado ante las atrocidades que cometían los conquistadores españoles contra la población indígena de México, después de que fue nombrado “juez de comisión” por la propia reina Isabel de Portugal, para que se integrara a la Segunda Real Audiencia, cuyos oidores tenían la misión de detener tantos abusos. A su llegada a la Nueva España, a finales de 1530, tras observar el ambiente caótico que imperaba en los nuevos territorios ganados para la corona, menciona cómo niños y ancianos vagaban por la insalubre ciudad de México y otras poblaciones de la región en busca de desperdicios de alimentos. Siendo un prestigioso jurista y teólogo de ideas humanistas avanzadas para su época, un hombre de fuertes convicciones, a partir de 1532 con sus propios recursos inició la adquisición de una serie de terrenos en las lomas de Acatxóchitl, en las laderas del Eje Volcánico Transversal, al poniente de la región lacustre (fig. 2).

Este sitio tuvo una prolongada ocupación desde el Preclásico hasta la actualidad, probablemente debido a la presencia de manantiales de agua cristalina que aún hoy surten a los habitantes de la ciudad de México. Dichos manantiales debieron ser muy codiciados, ya que tras haber sido parte del territorio ocupado por gente de filiación matlatzinca y después por los tepanecas, en 1428 el tlatoani Izcóatl lo conquistó para el imperio mexica y antes de 1440 mandó construir un acueducto a ras de tierra que condujera agua hasta Tenochtitlan. Posteriormente, Nezahualcóyotl reconstruyó este acueducto con cañería alta, el cual fue inaugurado durante el periodo de Moctezuma Ilhuicamina.

 

La República Hospital de Santa Fe

Influido por las ideas utópicas de Tomás Moro, Vasco de Quiroga fundó la República Hospital de Santa Fe en los terrenos que compró, el primero de varios proyectos destinados a prestar ayuda humanitaria a la población indígena. El objetivo que se había trazado era brindar a los desamparados un lugar donde pudieran tener mejores condiciones de vida, introducirlos a la civilización occidental y evangelizarlos. El concepto de hospital se entendía entonces como una institución de beneficencia que incluía protección, cultura, salud y religión. Estos pueblos-hospital funcionaron de forma semindependiente del sistema virreinal hasta entrado el siglo XVIII. Contaban con servicios como cocina comunitaria, casa de cuna, casa para dar hospedaje a los viajeros, clínicas, escuelas, unidades multifamiliares y, por supuesto, instalaciones religiosas. Por su posición geográfica, el pueblo de Santa Fe era un paso obligado en la ruta entre las ciudades de México y Toluca, por lo que era un lugar apropiado para el ejercicio del comercio. Durante el transcurso de la Colonia, el pueblo se fue desarrollando en torno a una iglesia con un extenso atrio y se componía de varios edificios con funciones comunitarias y habitacionales, así como una incipiente industria agrícola  y mercantil.

Este pueblo aparece representado por primera vez en el plano de Alonso de Santa Cruz (1555) con la misma configuración que tiene en la actualidad. En dicho plano se escribieron los dos topónimos dados entonces al sitio: Acatxóchitl y Santa Fe (fig. 3). La iglesia se dibujó con la fachada hacia el sur y el atrio con acceso conformado por una triple arcada (figs. 3, 4), con una serie de edificios congregados en torno al conjunto religioso, así como una representación de los manantiales cristalinos. El pueblo continuó representándose de manera similar en una serie de planos del periodo colonial, aunque no con tanto detalle (fig. 5). Algunos de estos edificios, construidos por manos indígenas de Tlatelolco, eran públicos (enfermerías, casa de cuna, iglesia, cocina, colegio) y otros habitacionales, denominados “familias”, cada uno con unas diez casas en promedio rodeando un patio, con una sola salida. Santa Fe llegó a tener unas 200 “familias”, es decir, un asentamiento de unas 20 a 25 ha de extensión.

Cerca de 200 m al noroeste de la iglesia, cruzando la barranca por la que fluye el río Tacubaya, se ubica un conjunto arquitectónico asociado a los manantiales, constituido por la casa de Vasco de Quiroga (fig. 1), las ermitas de Gregorio López y del padre Francisco Losa y la casa del “guardacaños”, es decir, del encargado del acueducto. Por haber quedado fuera del pueblo, la mayor parte de estos edificios aún se conservan, aunque la ciudad ya comienza a invadir los terrenos del lado norte. El dintel de la entrada principal a la casa tiene inscripciones, una de las cuales dice: “Escuela del Amor de Dios y Desprecio del Demonio. Edificado el año de 1695”; indica así que muchos años después de la muerte del propietario original, tras varias modificaciones, el edificio siguió utilizándose para asuntos religiosos.

Otra lápida se encuentra un poco al sur dentro de la barranca, empotrada en el muro que resguarda los manantiales (fig. 6), que conmemora la reconstrucción de dicho muro en el año de 1789. En ésta se menciona al rey Carlos III de España, al virrey Manuel Antonio Flores y al regidor Ignacio de Castera, arquitecto y urbanista, quien entre varias obras adecuó el acueducto de Santa Fe para que condujera el agua pura y cristalina, llamada “agua delgada”, a la caja distribuidora de la Casa de la Mariscala, cerca de donde hoy se encuentra el Palacio de Bellas Artes. El otro acueducto que surtía agua a la ciudad de México en esa época, el de Chapultepec, conducía  “agua gorda”, que era sucia y turbia. El agua de estos manantiales cristalinos ha sido de vital importancia para el desarrollo de la ciudad de México. Incluso en la época de su fundación, hubo litigios contra Santa Fe porque esta agua se utilizaba para riego.

Antes de la Independencia, Santa Fe se volvió también en punto estratégico militar, por lo que en la barranca ubicada al norte del pueblo se instaló una fábrica o molino de pólvora que dio origen al actual Campo Militar 1F. Este molino aparece por primera vez en un plano posiblemente del siglo XVIII. Como muchas otras poblaciones de la Cuenca de México, el pueblo de Santa Fe fue absorbido por la mancha urbana. La iglesia se modificó antes de la segunda mitad del siglo XIX y hacia el final de ese siglo el pueblo ya contaba con electrificación y ferrocarril. Era el sitio de recreo de las familias ricas de Tacubaya durante el porfiriato. Con la Revolución, el pueblo quedó prácticamente abandonado. Hacia la primera mitad del siglo XX la actividad minera de materiales para la construcción se intensificó, quedando un enorme banco de extracción al poniente del pueblo que se convirtió en el basurero de la ciudad de México, el cual funcionó hasta 1980. Al norte se construyó la actual carretera México-Toluca y posteriormente el lugar ha sido una de las zonas con mayor desarrollo de la ciudad.

Actualmente perduran más de una decena de edificios antiguos en el sitio, con fechas que van del siglo XVII al XIX, la mayoría incluida en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del inah. Recientemente, uno de estos predios históricos, ubicado en la calle Galeana núm. 100, fue arrasado para hacer ahí, paradójicamente, un centro comunitario, por lo que fue objeto de un salvamento arqueológico.

El predio en cuestión, adyacente al costado occidental del atrio de la iglesia, de acuerdo con la tradición oral, era donde se ubicaba la sala de mujeres de las enfermerías fundadas por Vasco de Quiroga; la sala de hombres estaba contigua al norte, la casa de cuna al poniente de la iglesia y la casa de huéspedes, sobre la avenida, frente al actual mercado de Santa Fe.

El terreno pertenecía a la familia Ledesma, una de las más antiguas del pueblo; en la actualidad, sus descendientes habitan predios vecinos. Fue recientemente una pensión de autos y antes criadero de conejos. Hubo una casa habitación fechada para el siglo XIX, hecha de sillares de tepetate y rajueleado, con los vanos enmarcados con ladrillos y muros con aplanado de argamasa. En la parte frontal tenía un portal construido con polines y lámina, soportado con tubos en vez de columnas, desplantados sobre un antepecho de ladrillos que formaban una celosía. Una parte de la marquetería era de madera y otra de hierro (fig. 7).

 

Miguel Covarrubias Reyna. Arqueólogo por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán. Trabaja en la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH.

 

Covarrubias Reyna, Miguel, “Santa Fe. Utópico pueblo absorbido por la ciudad de México”, Arqueología Mexicana núm. 134, pp. 74-79.

 

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