• lunes, 21 de mayo de 2018

Una nueva edición del Códice Aubin

Xavier Noguez

 

Gracias a los esfuerzos combinados de la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, contamos ahora con una nueva edición del Códice Aubin que, por primera vez, se presenta con un facsmíl acompañado de la paleografía y traducción del texto náhuatl del maestro mexicano Rafael Tena, investigador emérito de la Dirección de Etnohistoria del instituto citado. Se trata de una reproducción de una magnífica factura, impresa en nuestro país, de esta importante pictografía indígena. Antes sólo la conocíamos parcialmente o en ediciones en blanco y negro. Esta nueva edición muestra su enorme riqueza de color y mayor claridad en las imágenes, lo que nos proporciona la posibilidad de estudiar algunos aspectos generales y particulares con mayor detalle. Debemos de aclarar que, en ocasiones, esta pictografía histórica colonial de tradición nahua se ha confundido con otras que llevan el título de Tonalámatl de Aubin (¿procedente de Tlaxcala?) y el Manuscrito no. 20 de la Colección Aubin (Oaxaca occidental), ambas de carácter ritual-calendárico. Damos a continuación ejemplos de algunos aspectos que surgen de esta nueva edición.

Decididamente, sin los textos en náhuatl, la parte iconográfica, en particular la sección colonial, por su sencillez, hubiera sido una enorme dificultad entenderla.

Como ya lo habían notado los traductores y editores de la versión alemana, las fallas en las versiones anteriores no facsimilares nos habían confundido, como es el caso del personaje que se encuentra en una de las primeras láminas, dedicada a Aztlan. El tlacuilo original quiso enfatizar el gran tamaño de sus manos (¿una referencia a Huémac, deidad pluvial?). También hay un interesante pentimento en el folio 59 recto, que no se registró en las copias previas (véase Arqueología Mexicana, núm. 99).

Esta pictografía forma parte de un grupo que Donald Robertson y Henry B. Nicholson estudiaron con detalle y que denominaron “anales continuos”. Nicholson, en un artículo presentado en Oaxtepec en 1969 y publicado en 1971, hace un recuento y analiza los ejemplos existentes. Si los mesoamericanos, con excepción de los mayas, no utilizaban una fecha-era, misma que fue introducida hasta la etapa colonial, ¿cómo era posible saber a qué tiempo se refería el año indígena? Aquí, en el Códice Aubin, se nota, en las primeras secciones, una disciplina de representación de la secuencia anual, aunque también errores referidos a la falta de segmentos temporales completos, como lo ha hecho notar el maestro Tena. Los anales continuos funcionaron mejor en el formato biombo (véase la Tira de Tepechpan en Arqueología Mexicana núm. 86). El formato del libro europeo, como el de nuestro códice, resultó un reto puesto que significaba divisiones en páginas que cortaban la secuencia constante de años.

Una tarea pendiente será hacer publicaciones facsimilares, con puntuales traducciones, de otras tres pictografías que parecen estar asociadas al Códice Aubin. Se trata de los manuscritos de la colección Goupil-Aubin números 40, 85 y 217. Los tres ya fueron dados a conocer en Alemania en 1981, en una edición náhuatl-alemán. Xóchitl Medina González realizó su trabajo de titulación de licenciatura en la UNAM, con un estudio del mss. 40 del Fondo de Mss. Mexicanos de la Biblioteca Nacional de Francia. Patrick Johansson K., en su obra De la palabra, la imagen y el manuscrito (UNAM, 2004), comparó las primeras secciones de los documentos 40 y 85, además de agregar los datos del Aubin. Quedan aún muchas preguntas respecto a su posible origen común, pero eso lo conoceremos al compararlos y contrastarlos.

A continuación se mencionan algunos datos interesantes del contenido del códice: a) Se dan precisas noticias del envío de labradores a Malinalco en 1501, 1503 y 1515. Es probable que, a la llegada de los españoles, todavía se estaban realizando obras cercanas al ahora llamado “templo monolítico”. b) Desde 1505 comienzan a enumerarse una serie de portentos (tetzáhuitl) que sería interesante comparar con los que aparecen en otras fuentes como el Códice Florentino. c) El autor describió con detalle algunas secciones que abarcaron láminas completas, como la presentación del sistema de cuenta anual en cuatro conjuntos de 13 años, la imagen de la isla de Aztlan con cuatro casas y un cerro, un personaje de grandes manos en la cresta, además de ocho casas en la parte inferior, la batalla y derrota de Chapultepec, la escena fundacional de México-Tenochtitlan, y la cruenta matanza en la fiesta de Tóxcatl de 1520, perpetrada por Pedro de Alvarado; además se detalla el problema del depósito final de los restos del hueitlatoani Motecuhzoma Xocoyotzin; aquí la referencia cronológica son las fiestas del calendario anual. d) Según el maestro Tena, se puede ubicar a los autores como procedentes del barrio de San Juan Moyotla, en Tenochtitlan. En una sección de la pictografía aparece el glifo de esta parcialidad: un vaso del que emerge una serpiente (San Juan Evangelista). e) Como un aspecto novedoso en este tipo de anales, se dan noticias de los miembros cercanos de la familia del autor principal. f) Se registra que entre 1537 y 1538 “se escondieron los tenochcas yendo en una canoa”, información que pudiera relacionarse con el problema de la búsqueda, por parte de los miembros de la iglesia, de los bultos de los dioses, asunto del que tenemos detalladas noticias en los documentos de 1539, asociados a fray Juan de Zumárraga. g) Se registra otro extraño tetzáhuitl: en 1577 “bajó un águila sobre la capilla de San José”. La ilustración agrega una especie de caja de agua. h) Y para los que tengan intereses guadalupanos, se registra que en 1568 partió el virrey don Gastón de Peralta “después de tomar ceniza en el Tepeyácac”, y en los folios 58 vuelta (1573) y 78 vuelta (se repite 1573) se menciona a don Antonio Valeriano, con su glifo de atl-tototl, agua y ave, por “Antonio”. En la segunda cita se menciona que es “azcapotzalco chane”, habitante de Azcapotzalco. Ahora sabemos, por recientes estudios, que este importante personaje al que se le adscribe la paternidad del Nican Mopohua, la principal obra en náhuatl sobre las apariciones guadalupanas, y que también ocupó altos cargos administrativos como el de ser juez-gobernador de México-Tenochtitlan, era habitante de un territorio en Azcapotzalco que se conoció como Mexicapan, cuyos orígenes no eran tepanecas. Además, el padre de Valeriano, don Diego de Alvarado Matlacohuatzin, tenía orígenes nobles vinculados con los últimos gobernantes de la casa real de Tenochtitlan.

En definitiva, esta nueva edición del Códice Aubin será un importante referente para futuros estudios sobre la historia prehispánica y colonial temprana de los mexicas. Esta obra nos indica que los estudiosos mexicanos y extranjeros poseemos ahora un corpus codicográfico más amplio y confiable que hace medio siglo. El trabajo continúa.

 

Xavier Noguez. Profesor-investigador de El Colegio Mexiquense, dedicado al estudio y publicación de códices coloniales del centro de México.

 

Noguez, Xavier, “Una nueva edición del Códice Aubin”, Arqueología Mexicana  número 149, pp. 14-15.

 

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