• sábado, 25 de noviembre de 2017

Xiuhquilitl. Tinte que México dio al mundo

Por: Marta Turok

Hasta el descubrimiento de los textiles de la cueva de La Garrafa en 1979, salvo lo comentado por Sahagún, no se tenía evidencia concreta del uso del tinte extraído de la planta del añil, conocido en náhuatl como xiuhquilitl, en textiles mesoamericanos prehispánicos. De igual manera, se ha conjeturado que el “azul maya” es un pigmento que combina el extracto de la planta del añil con la atapulguita, un elemento mineral. No se han encontrado a la fecha vestigios arqueológicos de la planta en sí, y no se sabe con certeza si fue cultivada o se recolectaba en forma silvestre.

El problema se complicó, recién consumada la conquista, con la introducción de una especie del Viejo Mundo, la Indigofera tinctoria (nativa del sur de la India y con amplia distribución en el norte de África), cuyo cultivo extensivo durante la época colonial como importante producto de exportación fue propiciado por los españoles, y desplazó o minimizó la existencia de alrededor de 50 especies nativas americanas, entre las que sobresalen la lndigofera suffruticosa y la lndigofera guatemalensis.

¿Introdujeron el cultivo los españoles, o simplemente aprovecharon el conocimiento previo indígena para sustituir la especie y transformar su procesamiento? El trabajo pionero de

Dean Arnold, publicado en 1987, se basó en la teoría de que el lugar donde se encuentre la mayor diversidad de una especie cultivada será el lugar de su origen agrícola, su hibridización y su difusión. Así, determinó que México es el país en donde se originaron y difundieron las indigóferas americanas, y a nivel geográfico, encontró que Guerrero -con 10 especies- sería la zona originaria por tener el mayor número de ellas, con rutas probables de dispersión hacia Michoacán (ocho especies), estado de México y Morelos (siete especies) y Oaxaca (nueve especies).

Como evidencia adicional, se menciona que el término maya choh aparece en el Diccionario de Motul y las Relaciones de Yucatán, compilados a partir de los Libros del Chilam Balam, y le confieren a la lndigofera suffruticosa propiedades medicinales. Otras crónicas coloniales refieren que en regiones de tierras calientes utilizaban una hierba que llamaban xiuhquilitl, palabra náhuatl que significa hierba azul. Esta planta también era conocida por otros pueblos; los otomíes, por ejemplo, la llamaban pame pitzahoac. La palabra añil procede de nil, azul en sánscrito, y fueron los árabes quienes la convirtieron en añil. Lo cierto es que el añil ha sido uno de los tintes más importantes y constantes entre la mayor parte de los grupos étnicos de nuestro país y de Centroamérica. Por desgracia, su cultivo tanto en México como en Centroamérica (particularmente en El Salvador) se ha perdido, hasta quedar tan sólo una familia que lo siembra en Niltepec, Oaxaca, y algunos esfuerzos aislados de reintroducción en el istmo de Tehuantepec.

 

Marta Turok, “Xiuhquilitl, nocheztli y tixinda”, Arqueología Mexicana, núm. 17, pp. 26-33.

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Marta Turok. Maestra en Antropología, realizó sus estudios en las universidades

de Tufts y Harvard y la UNAM. Actualmente realiza investigación, rescate

y desarrollo de tintes naturales, como presidenta de la Asociación Mexicana

de Arte y Cultura Popular, A.C.