• domingo, 17 de marzo de 2019

Habitar el desierto, navegar el mar

 

Para el momento del arribo de los primeros exploradores europeos, hacia mediados del siglo XVI , los registros dan cuenta de un disímil conjunto de grupos nómadas, subdivididos territorialmente, a los que se llamó seris. No obstante, es necesario señalar que el sistema misional establecido por los jesuitas en la frontera norte del septentrión novohispano (siglos XVI-XVII ) logró incorporar con relativa facilidad a todas aquellas sociedades indígenas cuya subsistencia se encontraba definida en gran medida por la práctica agrícola. Caso contrario fue el de este conjunto de grupos nómadas, cuyos “extraños” e “inciertos” modos de subsistencia, fundamentados en la caza, pesca y recolección en las inhóspitas costas desérticas del tercio medio del Golfo de California, entraron en claro conflicto con los diversos esfuerzos españoles por reducirlos al sistema misional e incorporarlos así al servicio de ambas majestades: Dios y el rey.

Relegada por el sistema misional, la mayor parte de esos grupos nómadas permaneció relativamente aislada del proceso de colonización europeo. Sin embargo, conforme los españoles y posteriormente los mexicanos (siglos XVIII y XIX, respectivamente) comenzaron a establecer ranchos ganaderos al interior de los territorios tradicionalmente ocupados por los seris, las fricciones fueron en incremento hasta que estos grupos fueron objeto de diversas campañas de exterminio. Ello dio pie a violentos ciclos de pillaje, represalias y levantamientos que se extendieron hasta las postrimerías del siglo XIX  y que representaron el exterminio de más de la mitad de la población seri. Aunado a ello, los estragos provocados por las epidemias provenientes del Viejo Mundo terminaron por exterminar al menos a tres cuartes partes de la población indígena sobreviviente.

Para principios del siglo XX, sólo cerca de 200 individuos provenientes de esta tradición nómada habían logrado sobrevivir a las enfermedades del Viejo Mundo, así como a las diversas guerras de exterminio. Refugiados al interior de la Isla Tiburón y disueltas las antiguas subdivisiones territoriales, este reducido grupo de seris comenzó a designarse a sí mismo como concaác : “la gente”.

Después de la conquista, los evangelizadores intentaron “reducir” a las misiones a los concaác; en el siglo XX, los predicadores de la Iglesia protestante quisieron apartarlos de fiestas y rituales antiguos. La resistencia a esos embates fue diversa e incluyó la fundación o cambio de asentamientos. Niña adornada con pintura tradicional en una fiesta de pubertad en El Desemboque, Sonora, comunidad concaác

 

Tomado de Rodrigo F. Rentería Valencia, “Habitar el desierto, navegar en el mar. Procesos de transformación y permanencia entre los seris”, Arqueología Mexicana núm. 97, pp. 71-75.

 

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