• viernes, 10 de agosto de 2018

Restos del pasado, México-Tenochtitlan entre la arqueología y la historia

Los restos del majestuoso basamento piramidal dedicado a Tezcatlipoca fueron ubicados, en distintos momentos,  por los arqueólogos Rosa Guadalupe de la Peña, Guillermo Pérez-Castro y Laura del Olmo al sureste del Templo Mayor de Tenochtitlan, cuya fachada principal se orienta hacia el poniente. Al excavar numerosos pozos y trincheras en el interior del Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público encontraron fragmentos de muros, escalinatas flanqueadas por alfardas de doble inclinación, típicamente mexicas; además, señalaron que la base, de basalto y andesita, tiene recubrimientos de estuco y pigmento rojo.

Por otro lado, es necesario señalar que también al interior del Museo de Arte de la SHCP se han encontrado, además de los restos del basamento ya señalado, otros elementos, tales como una variedad de esculturas, entre las que el arqueólogo Leonardo López Luján destaca una que “aún está empotrada en el extremo septentrional de la fachada principal, a tan sólo 85 cm sobre el piso prehispánico original”, conserva su pigmentación roja y a través del rostro podemos identificarla como parte de las deidades del pulque, pues porta la nariguera lunar o yacameztli. Otro hallazgo que se ha realizado en el mismo espacio es el de la “Piedra del Antiguo Arzobispado”, la cual guarda estrecha relación con la Piedra de Tízoc; se utilizaba en el llamado “sacrificio gladiatorio”, ya sea como temalácatl (donde luchaba el cautivo contra los guerreros) o como cuauhxicalli (donde se sacrificaba al cautivo y se ofrecía su sangre), por lo que representó “un memorial que glorificaba las conquistas del soberano mexica en turno y las de sus venerados antecesores”.

A partir de las fuentes históricas y arqueológicas, López Luján  también menciona que  existían otras construcciones, ubicadas frente a la pirámide de Tezcatlipoca, que corresponderían a los “aposentos” de hombres y, de acuerdo con Durán, mujeres que habían sido recogidos y se ejercitaban en distintas disciplinas. De tal manera se puede inferir que “los inmuebles coloniales  de la Fundación Herdez y de la Primera Universidad, ubicados inmediatamente  al oeste del Museo de Arte de la SHCP, se encuentran justo encima de un antiguo telpochcalli, el templo-escuela cuyo patrón era el mismísimo Tezcatlipoca”. Los jóvenes que pertenecían a esta escuela llevaban a cabo diversas labores domésticas como barrer y acarrear leña y agua, además de otras de carácter ritual como teñirse el cuerpo de negro, bañarse a la media noche y sangrarse con púas de maguey para ofrecerlas a las deidades. Si bien  la preparación de los mancebos se rodeaba del carácter religioso propio de la vida en los templos, el telpochcalli, ​además, “era un centro económico de producción y un semillero de valientes militares”.

Tomado de Leonardo López Luján, “Ruinas sobre ruinas: de los aposentos de Tezcatlipoca a las aulas de la Universidad”, en Fundación Herdez, una restauración ejemplar, Fundación Herdez, México, 2015, pp. 21-39.