• miércoles, 25 de abril de 2018

Etnología del amaranto

Eduardo Espitia Rangel

El amaranto es un cultivo ancestral de origen mexicano que en tiempos prehispánicos tuvo un papel fundamental desde el punto de vista alimenticio y ceremonial. Después de la conquista su cultivo fue proscrito y gracias a que algunos indígenas lo continuaron cultivando en zonas poco accesibles se conservó hasta nuestros días. No obstante que se adapta a suelos pobres, que resiste la sequía y la salinidad, que tiene valor nutritivo, propiedades funcionales y gran diversidad de usos, más de dos siglos después no ha recuperado su lugar como cultivo básico y estratégico.

 

Domesticación del amaranto

La domesticación de los amarantos para producción de grano tuvo lugar en América tropical y se desarrollaron las especies A. cruentus, A. hypochondriacus y A. caudatus. Uno de los pasos cruciales en la evolución de las especies de grano domesticadas fue la selección llevada a cabo por los antiguos agricultores en las formas mutantes: el tipo normal, de semillas negras, fue cambiado por el de semillas blancas, mutación que es extremadamente rara. Asociado al cambio de color, los granos presentaron un mejor sabor y una mejor calidad de reventado, lo que facilitó que los agricultores eliminarán las semillas negras del cultivo, limitando el entrecruzamiento entre las plantas cultivadas y las malezas; de esta manera se favoreció la evolución divergente de las plantas domesticadas.

La selección artificial favoreció un tamaño más grande de las inflorescencias con más flores y por lo tanto una mayor producción de semillas, a pesar de que el tamaño individual no se incrementó. También se produjeron formas rojas brillantes. Los primeros agricultores apreciaron tanto la belleza de las plantas como su utilidad. La coloración roja presumiblemente ha tenido una connotación mágico-religiosa; los grupos indígenas zuñi y hopi cultivan los amarantos como fuente de pigmento.

 

Zonas productoras y sistemas de producción

El cultivo del amaranto se realiza actualmente en pequeñas regiones de México, que han persistido a lo largo de los años. Las principales zonas productoras son: Tulyehualco, Ciudad de México; Amilcingo y Huazulco, Morelos; San Miguel del Milagro, Cuapiaxtla, Tlaxcala; Huaquechula, Santiago Tecla, San Juan Amecac, Tochimilco y Tochimizolco, Puebla. Recientemente se han iniciado siembras en la zona de Tehuacán, Puebla, y en Guanajuato, Querétaro, Oaxaca y San Luis Potosí.

En México el cultivo del amaranto se realiza bajo tres formas, dependiendo de la región:

• La siembra de trasplante, siguiendo la técnica ancestral de las chinampas, se realiza en Tulyehualco, Ciudad de México y pequeñas áreas aledañas. El chapín se produce en las chinampas y posteriormente, cuando llega la época de lluvias, se trasplanta al terreno definitivo, en el tehutli y otras serranías de la región. En este sistema el productor conserva muchas tradiciones ancestrales alrededor del cultivo y lo común es que se sientan orgullosos de ser amaranteros y consideren un compromiso conservar este recurso para generaciones futuras.

• La siembra directa se lleva a cabo en las regiones productoras convencionales de estado de México, Morelos, Puebla y Tlaxcala, así como en las demás regiones en la que se ha reportado su cultivo. Hay productores que labran la tierra con yuntas y siembran a mano, aunque algunos utilizan maquinaria para sus labores. La mayoría de los productores en este sistema tienen un gran orgullo de cultivar el amaranto y hay un gran misticismo alrededor de él, sobre todo con los productores de mayor edad.

• El sistema intensivo se ha desarrollado recientemente. Incluye la siembra mecánica directa a altas densidades, fertilización del suelo y el follaje, la cosecha y la limpieza mecánica. Los productores de este sistema realmente no tienen una cultura desarrollada alrededor del amaranto.

 

Eduardo Espitia Rangel. Doctor en mejoramiento genético de plantas por la Universidad de Nebraska Lincoln. Investigador del “Programa de recursos genéticos” del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias. Coordinador de la Red Amaranto SINAREFE-SNICS-SAGARPA.

 

Espitia Rangel, Eduardo, “Etnología del amaranto”, Arqueología Mexicana núm. 138, pp. 64-70.

 

Texto completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar:

http://raices.com.mx/tienda/revistas-amaranto-fuente-de-la-alegria-AM138