• lunes, 21 de agosto de 2017.

Etnomedicina en Mesoamérica

Manuel Aguilar

El uso de plantas rituales en las culturas antiguas y contemporáneas de América se ha caracterizado por ser un medio de comunicación entre el ser humano y lo sobrenatural. De ahí su nombre de enteógenas, es decir, la búsqueda de Dios dentro de uno mismo mediante estados de trance.

 

Casi todas las culturas americanas practicaron alguna forma de enteogénesis, es decir, la búsqueda de Dios dentro de uno mismo mediante estados de trance provocados por sustancias alucinógenas. Esta búsqueda fue la rarea principal de los chamanes de las sociedades primitivas; a través del trance o del éxtasis se convenían en intermediarios entre el reino humano y el sobrenatural. El chamán era capaz de comunicarse con los muertos, los dioses y los demonios o espíritus de la naturaleza.

Para facilitar este proceso de comunicación los chamanes utilizaron diversas sustancias psicotrópicas. En la actualidad, éstas se clasifican de acuerdo a los efectos que provocan en la mente: psicotónicas, las que producen excitación mental; psicolépticas, las que disminuyen la tensión mental y provocan somnolencia; y psicodélicas, las que producen "iluminación".

El estado mental llamado "iluminación" se caracteriza por alucinaciones de colores vivos pérdida del sentido del tiempo y del espacio, sensación de éxtasis, paz interior, amor fraternal y universal, tendencia a la introspección, sensación de recuperar la memoria del pasado. Un sentimiento de íntima unión con la naturaleza y un sentido de pertenencia al cosmos.

 

Uso ritual de psicotrópicos

Los chamanes mayas (ah men chilam) utilizaron una amplia parafernalia vegetal y sustancias enteogénicas para curar enfermedades de tipo psicosomático. Su farmacopea incluye hongos alucinógenos como el Amanita muscaria y varias especies del género Psilocybe, la flor de loto blanca (Nymphoea ampla, conocida también como lirio de agua o nenúfar) y el tabaco (Nicotina rustica).

El hongo Psilocybe contiene sustancias como la psilocina y el Amanita muscaria contiene muscarina y ácido iboténico. Todas estas sustancias provocan efectos psicoactivos intensos. Los indios huicholes del Occidente de México usan ampliamente el peyote, que contiene mezcalina, poderosa sustancia psicoactiva.

Los hongos psicotrópicos también fueron utilizados en la antigüedad en Europa, por ejemplo en los antiguos misterios de Eleusis griegos, en honor de Demeter, diosa de la fertilidad. El soma de la India (el hongo Amanita muscaria) es considerado en el Rig Veda como planta sagrada. En Egipto se usó la mandrágora o flor del loto azul (Nymphaea caerulea), la datura (toloache) y el beleño. En la Europa medieval fue bien conocido el Amanita muscaria y se le consideró diabólico.

En los códices mayas, los hongos pueden aparecer en escenas que representan sacrificios humanos (Códice de Dresde, p. 2, y Códice Madrid o Tro-Cortesiano, p. 5). Algunos investigadores han identificado hongos alucinógenos en Teotihuacan, asociados al ololiuhqui o quiebra cajete blanco (Turbina corymbosa) (Lozoya, 1999; Furst. 1974).

Lo aztecas llamaban a los hongos alucinógenos teoananáícatl, “carne u hongo de los dioses”. El Xochipilli de Tlalmanalco muestra a la deidad en estado extáticos en su cuerpo se ven figuras labradas de hongos alucinógenos, y de flores de tabaco, de quiebra cajete blanco, de sinecuichi y de poyomatli. Según textos aztecas, el Tlalocan estuvo cerca de Tlalmanalco, donde se encontró la escultura de Xochipilli, príncipe y señor de las flores psicodélicas. Los aztecas tuvieron otra deidad, llamada Pilzintli, Pilzintecuhtli o Teopiltzin, una especie de manifestación de Xochipilli. Todos sus nombres significan Niño Dios es el patrón de la “gentecita” o “niños santos”, ambos nombres cariñosos para los hongos alucinógenos.

Entre los mayas pokomames contemporáneos hay un culto a la imagen cristiana del Niño Dios de Amatitlán, versión guatemalteca del Santo Niño de Atocha. Secundando la hipótesis de Miguel Torres (1984 p. 124), me atrevo a proponer que existe en la mente indígena una relación entre esa imagen y Pilzintli, Niño Dios de la tradición prehispánica. Más aún, la imagen de Pilzintli puede verse en la decoración de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Antigua, Guatemala, y también en la de Santa María Tonantzintla, en Puebla.

El descubrimiento de piedras con forma de hongo en el lago de Amatitlán apoyaría la hipótesis de un vínculo entre el culto al Niño de Amatitlán y el culto prehispánico a los hongos. Los frailes españoles pudieron haber hecho una “sustitución” de las imágenes de la anterior devoción, tal y como hicieron en otros santuarios de peregrinaje, por ejemplo en Chalma.

 

Manuel Aguilar. Doctor en historia del arte y estudios latinoamericanos por la Universidad de Texas., Austin. Profesor de historia de arte precolombino y colonial en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles. Autor de varias publicaciones, conferencista en diversos foros internacionales y miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

 

Aguilar, Manuel, “Etnomedicina en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana núm. 59, pp. 26-31.

 

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