Festividades practicadas del lado de Tláloc

Eduardo Matos Moctezuma

Del lado de Tláloc se llevaban a cabo diversas ceremonias, entre las cuales una de las más importantes era la de huey tozoztli, dedicada a deidades relacionadas con la lluvia, la agricultura y el maíz, como Cintéotl, Chicomecóatl y los Tlaloques, ayudantes del dios Tláloc. Corresponde al cuarto mes del calendario mexica y caía en parte en nuestro mes de abril, o sea, previo a la temporada de lluvias o al comienzo de ésta. Fray Diego Durán nos ha dejado los pormenores de esta festividad en su Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme:

“Todos estos juegos y fiestas se hacían en un bosque que se hacía en el patio del templo delante de la imagen del ídolo Tláloc, en medio del cual bosque hincaban un árbol altísimo, el más alto que en el bosque podían hallar, al cual ponían por nombre “Tota”, que quiere decir “Nuestro Padre” […] antes del día propio de la fiesta de este ídolo hacían un bosque pequeño en el patio del Templo, delante del oratorio de este Ídolo Tláloc, donde ponían muchos matorrales y montecillos y ramas y peñasquillos que parecían cosa natural y no compuesta” (Durán, t.II, 1951)”.

Del relato anterior se desprende el carácter que se le quería dar al lado de Tláloc con las propiedades típicas de una montaña o monte sagrado, donde se verificaba el culto a determinadas deidades vinculadas con el agua y la producción agrícola. Todo lo hasta ahora relatado nos remite a la función que, como Montaña de los Mantenimientos, guardaba este lado del Templo Mayor. Esto nos recuerda el mito que nos habla acerca de la manera en que Quetzalcóatl va al Tonacatépetl para robar los granos de maíz y darlos como alimento a los hombres. Otra festividad que se celebraba en el lado del dios de la lluvia era en el mes de tecuilhuitontli, dedicada a la diosa de la sal, Uixtocíhuatl. Fray Bernardino de Sahagún nos dice acerca de esta festividad: “Así bailando llevaban muchos cautivos al cu, de Tláloc, y con ellos a la mujer que había de morir, que era imagen de la diosa Uixtocíhuatl. Allí mataban primero a los cautivos, y después a ella” (Sahagún, 1956, I, p. 117). Acerca de la relación Tláloc-montaña-sacrificio vemos que varias festividades en honor de este dios o de sus ayudantes, los tlaloques, tenían lugar en lo alto de las montañas, lugar de habitación de la deidad y donde se formaban las nubes que traerían la lluvia. Sobre la veintena del mes de atlcahualo, dice Sahagún: “En este mes mataban muchos niños: sacrificábanlos en muchos lugares y en las cumbres de los montes, sacándoles los corazones a honra de los dioses del agua, para que les diesen agua o lluvias” (Sahagún, 1956, I, p. 109). El mes de tozoztontli también era propicio para el sacrificio en honor del dios de la lluvia en lo alto de los cerros. Dice el franciscano: “Al tercero mes llamaban tozoztontli: en el primero día de este mes hacían la fiesta al dios llamado Tláloc, que es dios de las pluvias. En esta fiesta mataban muchos niños sobre los montes; ofrecíanlos en sacrificio a este dios y a sus compañeros para que los diesen agua” (Sahagún, 1965, I, p. 112). Otras festividades también se dedicaban a Tláloc y los tlaloques, como era el caso de atemoztli, en que se elaboraban imágenes de montes “que se llaman tepictli, porque son dedicadas a aquellos dioses del agua” (Sahagún, 1956, I, pp. 128-129). Algo parecido ocurre en el mes de etzalcualiztli.

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

 

Matos Moctezuma, Eduardo, “Festividades practicadas del lado de Tláloc”, Arqueología Mexicana, edición especial núm. 81, pp. 32-33.