• miércoles, 22 de noviembre de 2017

Las tradiciones de color en el área maya

La primera tradición de color comenzó en el Clásico y se extendió por varias regiones: en Campeche, las pinturas de Xuelen, Ichmac y Chelemí; en Chiapas, las de Bonampak y Palenque; en Yucatán, las de Chacmultún y Chichén Itzá, particularmente los murales de las estructuras Monjas 22 y Monjas 8, y la subestructura del Templo de los Guerreros; en Quintana Roo, la estructura conocida como el Cuartel, en Cobá. Los artistas de estos sitios compartieron una preocupación plástica y técnica que los llevó a crear variaciones de azul y verde mediante diversos métodos, como la mezcla de pigmentos y la superposición de capas.

A la segunda tradición corresponden las pinturas del Templo Superior de los Jaguares en Chichén Itzá, donde el azul maya tiene una fórmula diferente. La arcilla sobre la cual se fijó el colorante es kaolinita, y no paligorskita como en el resto de los azules mayas, y el tono bajo el microscopio óptico es distinto.

La tercera tradición se observa en los murales de la región Puuc en Yucatán, como Dzulá, Sodzil, Kabah, Uxmal, y Chicanná en Campeche, cuyos autores utilizaron también el azul y el verde mayas pero de manera menos compleja; esto es, no mezclaron los azules y verdes mayas con minerales como la azurita y la malaquita.

La cuarta tradición se desarrolló durante el Posclásico. El verde maya dejó entonces de usarse y el azul maya fue presentado de una manera mucho más homogénea. El pigmento corresponde al tono mar Caribe, que se mezclaba con cal para fabricar un tono claro, mientras que para lograr un tono medio eran aplicados varios estratos del mismo color, como se aprecia en las pinturas murales de Tulum, Quintana Roo.

Los mayas compartieron una manera de trabajar la cal con gomas vegetales y sascab; además, inventaron los pigmentos azul y verde mayas, que combinan tintes orgánicos con la arcilla paligorskita. Asimismo, fabricaron sus pinturas mediante el uso de agua de cal y gomas vegetales como aglutinantes, materiales que les permitieron una gran libertad plástica.

 

Tomado de Diana Magaloni Kerpel, “Los colores de la selva. Procedimientos, materiales y colores en la pintura mural maya”, Arqueología Mexicana núm. 93 pp. 46-50.

 

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