Ofrendas e inframundo maya

Helena Barba-Meinecke et al.

La entrada al inframundo maya. Una canoa monóxila en el cenote de San Andrés, Yucatán

El inframundo es el mundo subterráneo donde habitan los ancestros y seres sobrenaturales (Barrera et al., 1980). Regido por las divinidades de la muerte y las enfermedades (como Hun-Camé), se trata de un lugar que cumple una interacción ritual-social con nueve niveles en donde confluyen el origen y el fin, bajo una perspectiva de dualidad: día-noche, luz-oscuridad, frío-calor, esterilidad-fertilidad, así como vida-muerte-renacimiento (López-Austin, 1994).

A partir de este concepto dual se formulan una serie de ideas y creencias que derivan en la realización de rituales. Entre éstos están los relacionados con la petición de lluvias y la fertilidad, así como la cacería o incluso la preparación para la guerra.

Además de los vinculados con la iniciación: embarazos, nacimientos, presentación de niños y de grupos esotéricos, así como de sociedades de hombres; las entronizaciones e investidura de personajes; la celebración de eventos astronómicos, curaciones, sacrificios, enterramientos y como repositorio de ofrendas al final o durante peregrinajes.

La evidencia material relacionada con la realización de rituales en las cuevas se encuentra en enterramientos con ofrendas que contienen vasijas de cerámica y artefactos líticos (cuchillos, navajillas, etc.); en elementos arquitectónicos: escalinatas, muros, altares y pequeños templos; en elementos escultóricos: relieves labrados y petrograbados; y en elementos pictóricos: pintura rupestre y vernácula, entre otros, muestras de la adecuación de estos sitios naturales a las necesidades para el culto (Barba y Benitez, 2015).

En la actualidad se han reportado alrededor de 8 000 cenotes y cuevas en la región, muchos aún por explorar. No todos fueron utilizados por los grupos mayas prehispánicos con fines rituales. En su mayoría funcionaron para la recolección de agua y extracción de materias primas como piedra para la construcción y arcillas con las que se elaboraron diversos tipos de vasijas, tradición que no se ha perdido en muchas de las poblaciones actuales.

Imagen: Evidencia material en cuevas mayas. Izquierda: Las cuevas eran consideradas como portales al inframundo. Elementos arquitectónicos como escalinatas, templos y muros son parte de la evidencia arqueológica. Cueva La Cavernita, Valladolid, Yucatán. Centro: Los mayas realizaban rituales al interior de cavidades semi-inundadas. La pintura rupestrees parte de las expresiones que representaban su cosmogonía. Cueva Huachabí-Mirador (Panel 5), Campeche. Derecha: Vasija tipo Chocolate Pot del Preclásico Tardío (350 a.C. a 200 d.C.), la cual probablemente represente al dios del viento. Esta tradición cerámica previene del área del Petén (Guatemala y Belice), que se considera fue difundida por el territorio maya por medio de ríos y navegación de cabotaje. Fue encontrada en el cenote San Manuel, Tizimín, Yucatán, y se ha considerado la posibilidad de que este contexto arqueológico haya sido una zona de peregrinaje.

Fotos: Germán Yáñez, Helena Barba-Meinecke y Javier Hinojosa © SAS, INAH.

 

Helena Barba-Meinecke. Arqueóloga por la ENAH y la Universidad de Cádiz. Investigadora de la Subdirección de Arqueología Subacuática Península de Yucatán, INAH.

Manuel Pérez Rivas. Doctor en estudios mesoamericanos por la UNAM, se especializa en patrón de asentamiento y organización política en Yucatán. Responsable académico del Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya.

José Francisco Osorio León. Licenciado en ciencias antropológicas con especialidad en arqueología por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán. Investigador del Centro INAH Yucatán.

Francisco Pérez Ruiz. Licenciado en ciencias antropológicas con especialidad en arqueología por la Universidad Veracruzana. Investigador del Centro INAH Yucatán.

Jesús Manuel Gallegos Flores. Arqueólogo por la Universidad Autónoma de Yucatán. Colaborador en el Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya.

Esta publicación puede ser citada completa o en partes, siempre y cuando se consigne la fuente de la forma siguiente:

Barba-Meinecke, Helena et al., “La entrada al inframundo maya. Una canoa monóxila en el cenote de San Andrés, Yucatán”, Arqueología Mexicana, núm. 174, pp. 34-40.