• sábado, 16 de diciembre de 2017

Una experiencia de arqueología subacuática en Turquía

Pilar Luna Erreguerena

La arqueología subacuática nació en Turquía a principios de la década de 1960, cuando el arqueólogo estadounidense George F. Bass logró utilizar bajo el agua algunos de los métodos y técnicas de la arqueología de tierra. En 1979 invitó a la arqueóloga mexicana Pilar Luna a formar parte del equipo que excavaba un barco de la época bizantina en la bahía de Serçe Limani.

 

La arqueología subacuática es una especialización cuyo origen surge a principios de la década de 1960, cuando el arqueólogo estadounidense George F. Bass considerado el “padre de la arqueología subacuática en el mundo” logró utilizar bajo el agua algunos de los métodos y técnicas de la arqueología de tierra. Hoy en día existen trabajos completos, así como informes técnicos y publicaciones científicas y de divulgación acerca de ellos. Se sabe de recuperaciones de piezas que, aunque no pueden considerarse como una investigación arqueológica subacuática propiamente dicha, forman parte de los antecedentes históricos de esta disciplina, la cual se ha ido consolidando y demostrando su importancia en lo que se refiere al conocimiento del pasado del hombre y su relación con el agua.

La mayoría de esas primeras recuperaciones ocurrieron sobre todo en el Mediterráneo. El destacado helenista Salomón Reinarch escribió en 1928: “El más rico museo de antigüedades en el mundo es todavía inaccesible para nosotros. Está en el fondo del Mediterráneo...” (Muckelroy, pp. 12-13).

El primer trabajo arqueológico subacuático del Dr. Bass ocurrió en 1960, en Cabo Gelidonia, Turquía, en un naufragio de la Edad de Bronce –entre 1600 y 1100 a.C.–, del barco más antiguo encontrado hasta entonces. Un año después Bass realizó, junto con un grupo de jóvenes estadounidenses y turcos, la primera excavación completa bajo el agua, frente a la isla de Yassi Ada, en la costa occidental de Turquía. Este trabajo constituye uno de los puntos de arranque y consolidación de la arqueología subacuática; las técnicas existentes se mejoraron y otras nuevas fueron desarrolladas de acuerdo con las circunstancias del sitio.

El barco excavado es de la época bizantina, de finales del siglo iv o principios del V de nuestra era, y yacía entre 37 y 43 m de profundidad. Fue descubierto por pescadores de esponjas turcos que informaron del hallazgo a Peter Throckmorton, periodista y fotógrafo que vivía entonces en aquel país y quien contactó con la Universidad de Pennsylvania, donde Bass estudiaba un doctorado.

Todas las piezas extraídas durante los trabajos de Bass en Turquía permanecen en el museo de la ciudad de Bodrum (antes Halicarnaso), en el antiguo Castillo de los Caballeros de San Pedro, adaptado especialmente para contener estos tesoros culturales que han podido ser admirados tanto por el pueblo turco como por los miles de turistas que visitan cada año el lugar.

 

Serçe Limani, 1977-1978

Un naufragio muy especial investigado por el Dr. Bass y su equipo en Turquía fue el localizado, también por pescadores de esponjas, en una lejana bahía llamada Serçe Limani, frente a una península en el mar Egeo, al norte de la Isla de Rodas. “Hay vidrio por todas partes allá abajo”, exclamó Yüksel Egdemir, comisionado del Departamento de Antigüedades de Turquía, al salir del agua. En efecto, se trataba de un naufragio del siglo xi a.C., correspondiente al periodo bizantino, que llevaba un impresionante cargamento de cristal (Bass, 2012, p. 228).

Este proyecto fue el primero que realizaría el entonces American Institute of Nautical Archaeology (aina), fundado por el Dr. Bass en 1974, inicialmente con sede en Chipre y después en Texas. La primera temporada de trabajos tuvo lugar en la primavera de 1977, una vez que se recibió la autorización del gobierno turco. El Dr. Bass reunió a un grupo de 20 investigadores turcos y estadounidenses que tuvieron que viajar hasta el puerto de Bodrum para trasladarse después a la remota bahía (ibid.).

Cuando los primeros arqueólogos bajaron al sitio entendieron por qué se le bautizó como “el naufragio de cristal”. Ante sus ojos estaban miles de fragmentos de vidrio de formas y tamaños diversos, en tonos verde, azul y ámbar; al tomarlos, los arqueólogos se cortaban los dedos, no obstante que tenían guantes. También había piezas bellísimas inexplicablemente intactas, recipientes de terracota para cocinar, cerámica islámica, armas de hierro, monedas de oro y una cubeta con inscripciones en árabe. Pero lo más importante: ahí estaba el casco del barco (ibid.).

La segunda temporada en Serçe Limani se efectuó en 1978. Los descubrimientos continuaron sorprendiendo a todos; el trabajo de gabinete siguió a la par. El grupo de participantes creció, de acuerdo con las necesidades de la investigación. La última temporada habría de ser en 1979, pero antes de eso, el Dr. Bass visitaría México para apoyar a un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah), en respuesta a una carta enviada por quien esto escribe, entonces pasante de arqueología que soñaba con que algún día en México también se hiciera arqueología subacuática y se descubriera, se estudiara y se protegiera el vasto patrimonio cultural que seguramente existía bajo las aguas marinas y continentales del país, y que había sido olvidado durante muchos años y saqueado también durante mucho tiempo.

En esa carta le explicaba al Dr. Bass que en 1972, estando en una clase en la enah, surgió en mi interior la pregunta de oro que cambió mi vida: ¿qué pasa con el patrimonio cultural que debe estar sumergido en las aguas de México y del mundo? Nunca había oído hablar de esto, así que en cuanto terminó la clase corrí a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia “Dr. Eusebio Dávalos Hurtado”. Ahí, mis dedos recorrieron las fichas bibliográficas, ávidos por encontrar algo que se refiriera a la arqueología del agua, hidroarqueología, arqueología submarina o algo parecido. Lo único que encontré fue el libro Underwater Archaeology, escrito por el Dr. Bass en 1966. Lo leí de manera voraz y descubrí que, en efecto, existía una disciplina que estudiaba el patrimonio cultural sumergido. Entonces supe que había encontrado mi vocación.

 

México, 1979

El Dr. Bass vino a la ciudad de México en enero de 1979 para impartir la parte principal del Primer Seminario de Arqueología Subacuática en la enah. Su respuesta a mi carta fue inmediata y generosa. “Tu carta me conmovió”, decía, y agregaba que quería venir a México a ayudarnos y que traería a su discípulo, el arqueólogo Donald H. Keith –colaborador en nuestros proyectos desde entonces–, y que además de las clases teóricas aceptaba hacer una práctica de campo, que se efectuó en el Manantial de la Media Luna, en San Luis Potosí.

Fue la primera vez que un grupo de jóvenes mexicanos escuchábamos “en vivo” a dos arqueólogos que ya habían tenido la experiencia de realizar una investigación científica bajo el agua. En el fondo de la Media Luna, en dos sitios “sembrados”, dimos nuestros primeros pasos en esta joven disciplina.

La última noche de su estancia en México, el 26 de enero de 1979, el Dr. Bass me preguntó si me gustaría trabajar con él y su equipo en la última temporada de campo en Serçe Limani. Sin dudarlo un minuto, le respondí que sería un privilegio. Sin embargo, me advirtió que no me podía asegurar nada porque en Turquía eran muy estrictos con los permisos, y que ésta sería la primera vez que alguien de América Latina participaría en un proyecto arqueológico subacuático en aquel país. “No sé cómo voy a poder comunicarme contigo, pero si eres aceptada te lo haré saber de alguna manera, quizás a través de mi asistente en el ina (ya para entonces Institute of Nautical Archaeology)”, me dijo.

En esa época yo trabajaba en el Proyecto Templo Mayor, en el centro de la ciudad de México, dirigido por el profesor Eduardo Matos, con quien compartí la posibilidad de irme a Turquía durante todo el verano. Sin embargo, los meses pasaron sin recibir ninguna noticia. Finalmente, llegó un escueto telegrama que, palabras más, palabras menos, decía que había sido aceptada y que me esperaban en la ciudad de Marmaris alrededor del 28 de junio.

Compartí mi júbilo con el profesor Matos, quien también se alegró mucho, pero me hizo saber que si me iba, no me podía garantizar mi regreso a Templo Mayor. Renunciar es elegir. Había que arriesgarse. Llevaba desde 1972 buscando la oportunidad y el espacio para capacitarme y poder dedicarme al estudio y protección del patrimonio cultural subacuático de México. Y esa oportunidad había llegado.

 

Pilar Luna Erreguerena. Subdirectora de Arqueología Subacuática, inah. Pionera de la arqueología subacuática en México. En 1997 obtuvo el Premio al Mérito de la Society for Historical Archaeology, y en 2011 fue la cuarta mujer y la primera latinoamericana en recibir la Medalla J.C. Harrington, “por toda una vida de aportes y dedicación a la arqueología histórica y subacuática”.

 

Luna Erreguerena, Pilar, “Una experiencia de arqueología subacuática en Turquía”, Arqueología Mexicana núm. 132, pp. 16-21.

 

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