• jueves, 26 de abril de 2018

Xólotl, el dios perro

El concepto de pugna y armonía de los contrarios cósmicos es básico en el pensamiento mesoamericano. Se manifiesta en un buen número de deidades de signos opuestos que entran en lucha para propiciar el dinamismo del universo, como el Sol contra la Luna y las estrellas; las fuerzas diurnas, celestes, masculinas y luminosas contra las nocturnas, infraterrestres, femeninas y oscuras. Pero hay dos deidades que conjugan ambas fuerzas, mostrando más que una lucha, una armonía de los contrarios. Una de ellas es Ometéotl, “dios dos”, la deidad suprema de la religión náhuatl, y la otra, Tlahuizcalpantecuhtli (el planeta Venus), que se conforma por dos hermanos gemelos: Quetzalcóatl, dios de la estrella de la mañana, de la luz, del cielo, de la vida, y Xólotl, la estrella vespertina, de la oscuridad, el inframundo y la muerte. Bien sabían los hombres mesoamericanos que se trataba de un solo astro con dos manifestaciones, pues los mayas lograron fijar con absoluta precisión el ciclo del planeta. Y ambas epifan.as de la deidad estuvieron relacionadas con el Sol: en tanto que Quetzalcóatl anuncia la salida del astro, Xólotl se ocupa de transportarlo en la tarde y acompañarlo en su recorrido cotidiano por el reino de la muerte, del mismo modo que el espíritu del perro xoloitzcuintli transporta al de los hombres al Mictlan. En la p. 16 del Códice Borbónico  Xólotl aparece con el dios solar, Tlachitonatiuh, llevando como pectoral el caracol cortado, símbolo de Quetzalcóatl, para mostrar que es el aspecto nocturno de Tlahuizcalpantecuhtli y que su función es conducir al dios solar a las profundidades del inframundo. El Sol se dibujó ahí como disco a punto de ser tragado por las fauces de la deidad de la Tierra. El símbolo de Quetzalcóatl en su pecho anuncia también que el Sol renacerá y Xólotl, ya transformado en su hermano gemelo, lo conducir. al nivel celeste desde la superficie de la Tierra.

En las fuentes mayas no hay evidencia de un dios perro como Xólotl, pero en algunas representaciones en códices se indica un significado semejante al de Xólotl; por ejemplo, la del Códice Dresde , p. 40b, que muestra a un perro desprendiéndose de una banda astral con el signo de Venus, y que lleva en sus patas delanteras una antorcha, como símbolo del fuego solar. Además, en el Popol Vuh , Venus aparece primero en el cielo anunciando la salida del Sol recién creado, y en un mito de los kekchís y mopanes actuales se relata que Venus, el hermano del Sol, es un perro que corre delante del astro.

Por ser el gemelo oscuro de Quetzalcóatl, Xólotl fue deidad de los gemelos, por lo que estuvo relacionado con todo lo doble, como el molcajete de doble extremo (texólotl ). Y por su significado de oscuridad e inframundo era patrón de los brujos y, como señaló antes, una de sus transfiguraciones era en guajolote, huexólotl ; por eso la carne de esta ave era alimento sagrado, como la del xoloitzcuintli . También por su dualidad es el patrono del decimoséptimo signo de los días, ollin , movimiento, formado por dos bandas entrelazadas que simbolizan la armonía de contrarios que produce el movimiento. Y por el mismo sentido de contrarios que se enfrentan, es deidad del juego de pelota, que significó la lucha de los astros en el cielo nocturno, que es también la lucha de las fuerzas sagradas opuestas: Sol, día, luz, vida, masculino, contra Luna, estrellas, noche, oscuridad, muerte, femenino. En la fiesta de atamalcualiztli se cantaba la siguiente estrofa: “Juega a la pelota Xólotl, en el mágico campo juega Xólotl a la pelota”, lo que confirma su relación con el juego de pelota, que era un importante rito, ejecutado por los propios gobernantes.

Un ser mítico al que se ha relacionado con Xólotl es una figura humana anormal y humilde, Nanahuatzin, que en un mito cosmogónico recogido por fray Bernardino de Sahagún se transforma en el Sol de la quinta edad del cosmos al arrojarse a una hoguera. En cambio, un dios normal, bello, rico y vanidoso, llamado Tecuciztécatl, se acobardó y se arrojó después de Nanahuatzin, por lo que se convirtió en la Luna. Esta idea tiene un significado moral de condena al falso orgullo y a la vanidad, que también encontramos en el mito maya del Popol Vuh. En éste, un Sol que era orgulloso y rico, es destruido por los héroes gemelos que habrían de convertirse en el Soly la Luna de la última edad del cosmos. Pero la asociación con Xólotl en el mito náhuatl se da no porque Nanahuatzin fuera anormal, sino porque el signo ollin , que es el de Xólotl, como señaló antes, da su nombre al Quinto Sol: nahui ollin , Sol de movimiento. En este mito aparece Xólotl al lado de otros dioses que debían sacrificarse para que el Sol y la Luna recién aparecidos en el cielo iniciaran su movimiento. El que más miedo tuvo, dice el mito, fue Xólotl, quien huyó, se escondió entre los maizales y se convirtió en el maíz doble que se llama xólotl; volvió a huir y se escondió entre los magueyes, convirtiéndose en el maguey doble que se llama mexólotl , y luego se metió al agua, convirtiéndose en el pez que se llama axólotl. Finalmente, lo encontraron y lo mataron. Ello significa que era una deidad oscura y rara, y colaboró en el sacrificio que los astros necesitaban para moverse y, con ello, iniciar la temporalidad y la vida del universo. Pero antes, el dios creó todo lo anormal en la naturaleza y fue destinado a transportar al inframundo al Sol que muere en el ocaso, una misión muy importante en la dinámica cósmica, que expresa que la oscuridad, la anormalidad y la muerte son parte esencial de la vida.

 

Tomado de Mercedes de La garza, “El carácter sagrado del xoloitzcuintli entre los nahuas y los mayas”, Arqueología Mexicana núm. 125, pp. 58-63.

 

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