Cuicuilco y sus peculiaridades

Mónica Moguel Bernal, Denia Sandoval González

Las diversas investigaciones en Cuicuilco han aportado evidencias sobre el desarrollo del sitio desde su fundación hasta su abandono como consecuencia de la erupción del volcán Xitle, hacia 250 d.C.

 

Los inicios

Hace 2 800 años un grupo de personas se asentó en una elevación de tierras fértiles en el suroeste de la Cuenca de México; esas tierras estaban delimitadas por los escurrimientos hídricos de la sierra Chichinautzin. Las condiciones bióticas hacían del lugar un enclave con gran potencial agrícola y su cercanía a la ribera del lago de Xochimilco y el bosque del Ajusco les permitía tener acceso a las bondades de tales nichos ecológicos, lo que explica la elección del lugar en que se erigió Cuicuilco.

Los primeros pobladores probablemente ocuparon el espacio donde actualmente se observan los edificios de Cuicuilco A y B, y construyeron inicialmente una aldea con pocas viviendas (entre 800 y 700 a.C.).

 

Segundo momento, 700-400 a.C.

Con el tiempo, el trabajo de los habitantes y los beneficios del medio que los rodeaba, el asentamiento fue creciendo; los espacios de uso habitacional probablemente alcanzaron la zona de Corregidora y La Ladrillera, en las laderas bajas de la serranía del Ajusco, donde se observan restos de unidades habitacionales construidas con piedra y materiales perecederos. Seguramente se emplearon para la construcción materiales como basalto, madera, bajareque, carrizos, petates y tules, en tanto que las paredes fueron recubiertas con barro.

El crecimiento demográfico se vio favorecido por la agricultura y la abundancia de recursos bióticos; se ha encontrado evidencia de que en la dieta se utilizaron, además de maíz, frijol, chile y calabaza, vegetales como epazote, huauzontle, tomate y verdolaga; la proteína provenía principalmente de venado, perro, berrendo, guajolote y quizás también se consumieron aves y anfibios de la región lacustre.

Es probable que en ese momento se eligiera la zona que funcionaría como área ceremonial, tanto en Cuicuilco A como en B. En esta última se establecieron las áreas habitacionales de los grupos de la elite. Una de las estructuras más relevantes en el mismo sitio fue la primera subestructura del edificio Heizer: una plataforma de tierra apisonada, de no más de seis metros de altura, en cuya cima se construyeron viviendas, que al estar en un nivel más elevado indicaban su jerarquía. El hallazgo de alineamientos o arranques de muros nos da cuenta de ello.

Una de las primeras construcciones monumentales de la Cuenca de México, el Gran Basamento, tuvo desde sus inicios una planta circular y paramentos con una inclinación cercana a los 45 grados, lo que configuró un edificio en forma de cono truncado cuya rampa de acceso se encontraba al oriente y con una pendiente cercana a los 15 grados. Es probable que esta forma responda al intento de reproducir alguna elevación del paisaje y a su sencillez constructiva.

Tenemos como evidencia arqueológica de ese primer momento la columna de andesita descubierta al sur del Gran Basamento conocida como “la Estela” (probablemente un gnomon). Este monolito, a nuestro parecer, estuvo frente a una primera construcción de tierra compactada previa a lo que hoy es el Gran Basamento, y ambos estuvieron en uso hasta que fueron cubiertos con un relleno de arenas y arcillas apisonadas para formar una plataforma de mayores dimensiones. Esta plataforma alcanzó al menos cuatro metros de altura en las zonas sur y oriente, y sobre ella se continuó agrandando el edificio.

La técnica constructiva consistía en realizar un anillo perimetral de planta circular con grandes bloques de basalto; el centro de este muro circundante fue rellenado con arenas y arcillas compactadas; las rampas que tuvo el edificio en diferentes momentos fueron construidas mediante el mismo sistema, aunque no contamos con evidencia de que esta técnica se empleara en la primera etapa del edificio.

El edificio alcanzó 12 m de altura y tenía un diámetro en la base cercano a los 60 m. La rampa en ese tiempo era bastante amplia y de fácil acceso, mientras que en la cima del edificio se construyó un altar con arenas y arcillas compactadas de color amarillo. La cima del edificio y el altar fueron recubiertos en dos ocasiones durante ese periodo, los altares que correspondían a tales ampliaciones eran de arenas y arcillas apisonadas y se pintaron empleando un pigmento rojo, probablemente con cinabrio.

En la vida cotidiana, se usaron ollas y tecomates para contener y almacenar alimentos y líquidos; cazuelas y cajetes para la cocción de alimentos, además de platos como vajilla de servicio. Estas vajillas en general estaban decoradas y pintadas de colores rojo, bayo, negro, blanco y combinaciones de ellos; además, se emplearon otras técnicas decorativas como la incisión y el esgrafiado, por citar algunas. El hallazgo de materia- les cerámicos foráneos, tal vez provenientes de las regiones de Occidente, Morelos y Guerrero, dan cuenta de importantes flujos culturales. Las figurillas nos ayudan a entender aspectos de la vida cotidiana del asentamiento, así como de la imagen corporal y del ajuar, y denotan, además, un importante culto a la fertilidad.

Respecto a los objetos de piedra, las materias primas utilizadas fueron: basalto, obsidiana y en menor cantidad el sílex; artefactos como las manos de metate y metates, también recuperados en contextos arqueológicos, fueron usados en la molienda (tanto de alimentos como de pigmentos); las hachas, los cuchillos y las navajillas prismáticas sirvieron como herramientas cortantes; las puntas de flecha se empleaban en la cacería. La elaboración de estas herramientas se hacía principalmente por medio de percusión, presión, abrasión y pulido, utilizando para ello rocas, huesos, astas de venado, pieles y arenas.

 

• Mónica Moguel. Arqueóloga, colaboradora del Proyecto Arqueológico Cuicuilco, Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH.


• Denia Sandoval. Arqueóloga, colaboradora del Proyecto Arqueológico Cuicuilco, Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH.

 

Moguel, Mónica, Denia Sandoval, “Cuicuilco y sus peculiaridades”, Arqueología Mexicana núm. 151, pp. 34-39.

 

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