• domingo, 22 de octubre de 2017.

El mito de la fundación de México Tenochtitlan

Existen varias versiones sobre el mito de fundación de Tenochtitlan aunque en esencia la trama y el contenido simbólico son los mismos. Presentamos aquí la que aparece en la Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España… por dos razones: es poco conocida y contiene la mayoría de los elementos que aparecen en los varios relatos existentes, los que no siempre los contienen todos.

 

Estando de esta manera los mexicanos rodeados de innumerables gentes, donde nadie les mostraba buena voluntad; aguardando su infortunio; en este tiempo, la hechicera que dejaron desamparada, que se llamaba hermana de su dios, tenía ya un hijo llamado Copil, de edad madura, a quien la madre había contado el agravio que Huitzilopochtli le había hecho, de lo cual recibió gran pena y enojo Copil, y prometió a la madre vengar en cuanto pudiese el mal término que con ella se había usado. Y, así, teniendo noticia Copil que el ejército mexicano estaba en el cerro de Chapultepec, comenzó a discurrir por todas aquellas naciones mexicana publicándolos por hombres perniciosos, belicosos, tiranos y de malas y perversas costumbres, que él los conocía muy bien. Con esta relación toda aquella gente estaba muy temerosa, e indignada contra los mexicanos, por lo cual se determinaron de matarlos y destruirlos a todos. Teniendo ya establecido Copil su intento, subióse a un cerrillo que está junto a la laguna de México, donde están unas fuentes de agua caliente que hoy en el día llaman los españoles el Peñol. Estando allí Copil atalayando el suceso de su venganza y pretensión, el Huitzilopuchtli, muy enojado del caso, llamó a sus sacerdotes y dijo que fuesen todos a aquel peñol, donde hallarían al traidor del Copil, puesto por centinela de su destrucción, y que lo matasen y trajesen el corazón. Ellos lo pusieron por obra y hallándolo descuidado, le mataron y sacaron el corazón, y presentándolo a su dios, mandó [éste] que uno de sus ayos entrase por la laguna, y lo arrojasen en medio de un cañaveral que allí estaba. Y así fue hecho, del cual corazón fingen que nació el tunal donde después se edificó la ciudad de México. También dicen que luego que fue muerto Copil en aquel Peñol, en el mismo lugar nacieron aquellas fuentes de agua caliente que allí manan, y así las llaman Acopilco, que quiere decir “Lugar de las aguas de Copil”. […]

De esta suerte y con este estilo se fue metiendo poco a poco su ídolo al sitio en que pretendía se edificase su gran ciudad, que ya de este lugar estaba muy cerca. Sucedió que estando ellos aquí comenzaron a buscar y mirar si había por aquella parte de la laguna algún sitio acomodado para poblar y fundar su ciudad, porque ya en la tierra no había remedio por estar todo poblado de sus enemigos. Discurriendo y andando a unas partes y a otras entre los carrizales y espadañas, hallaron un ojo de agua hermosísimo donde vieron cosas maravillosas y de grande admiración, las cuales habían antes pronosticado sus sacerdotes, diciéndolo al pueblo por mandado de su ídolo. Lo primero que hallaron en aquel manantial fue una sabina blanca muy hermosa al pie de la cual manaba aquella fuente; luego, vieron que todos los sauces que alrededor de sí tenía aquella fuente, eran todos blancos, sin tener una sola hoja verde, y todas las cañas y espadañas de aquel lugar eran blancas, y estando mirando esto con grande atención, comenzaron a salir del agua ranas todas blancas y muy vistosas. Salía esta agua de entre dos peñas tan clara y tan linda que daba gran contento. 

Los sacerdotes, acordándose de lo que su dios les había dicho, comenzaron a llorar de gozo y alegría, y hacer grandes extremos de placer, diciendo: –“ya hemos hallado el lugar que nos ha sido prometido; ya hemos visto el consuelo y descanso de este cansado pueblo mexicano; ya no hay más que desear; consolaos, hijos y hermanos, que lo que nos prometió nuestro dios hemos ya hallado; pero callemos, no digamos nada, sino volvamos al lugar donde ahora estamos, donde aguardemos lo que nos mandare nuestro señor Huitzilopochtli”. Vueltos al lugar donde salieron, luego aquella noche siguiente apareció Huitzilopochtli en sueños a uno de sus ayos, y díjole: –“ya estaréis satisfechos. Cómo yo no os he dicho cosa que no haya salido verdadera, [ya] habéis visto y conocido las cosas que os prometí veríades en este lugar, donde yo os he traído. Pues esperad,  que aun más os falta por ver. Ya os acordáis cómo os mandé matar a Copil, hijo de la hechicera que se decía mi hermana, y os mandé que le sacásedes el corazón y arrojásedes entre los carrizales y espadañas de esta laguna, lo cual hicisteis; sabed, pues, que ese corazón cayó sobre una piedra, y de él salió un tunal, y está tan grande y hermoso que una águila habita en él, y allí encima se mantiene y come de los mejores y más galanos pájaros que hay, y allí extiende sus hermosas y grandes alas, y recibe el calor del sol y la frescura de la mañana. Id allá a la mañana, que hallaréis la hermosa águila sobre el tunal y alrededor de él veréis mucha cantidad de plumas verdes, azules, coloradas, amarillas y blancas de los galanos pájaros con que esta águila se sustenta, y a este lugar donde hallaréis el tunal con el águila encima, le pongo por nombre Tenuchtitlan”. Este nombre tiene hasta hoy esta ciudad de México, la cual en cuanto fue poblada de los mexicanos se llamó México, que quiere decir “Lugar de los mexicanos”; y en cuanto a la disposición del sitio se llama Tenuchtitlan porque tetl es la “piedra” y nochtli es “tunal”, y de estos dos nombres componen tenochtli que significa “el tunal y la piedra” en que estaba, y añadiéndole esta partícula tlan, que significa “lugar”, dicen Tenuchtitlan, que quiere decir “Lugar del tunal en la piedra”.

Otro día de mañana, el sacerdote mandó juntar todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos, mozos y niños sin que nadie faltase, y puestos en pie comenzó a contarles su revelación, encareciendo las grandes muestras, mercedes que cada día recibían de su dios con una prolija plática, concluyendo con decir que “en este lugar del tunal está nuestra bienaventuranza, quietud y descanso, aquí ha de ser engrandecido y ensalzado el nombre de la nación mexicana, desde este lugar ha de ser conocida la fuerza de nuestro valeroso brazo y el ánimo de nuestro valeroso corazón con que hemos de rendir todas las naciones y comarcas, sujetando de mar a mar todas las remotas provincias y ciudades, haciéndonos señores del oro y plata, de las joyas y piedras preciosas, plumas y mantas ricas, etc. Aquí hemos de ser señores de todas estas gentes, de sus haciendas, hijos e hijas; aquí nos han de servir a tributar. En este lugar se ha de edificar la famosa ciudad que ha de ser reina y señora de todas las demás, donde hemos de recibir todos los reyes y señores, y donde ellos han de acudir y reconocer como a suprema corte. Por tanto, hijos míos, vamos por entre estos cañaverales, espadañas y carrizales donde está la espesura de esta laguna, y busquemos el sitio del tunal, que pues nuestro dios lo dice no dudéis de ello, pues todo cuanto nos ha dicho hemos hallado verdadero”. Hecha esta plática del sacerdote, humillándose todos, haciendo gracias a su dios, divididos por diversas partes entraron por la espesura de la laguna, y buscando por una parte y por otra, tornaron a encontrar con la fuente que el día antes habían visto y vieron que el agua que antes salía muy clara y linda, aquel día manaba muy bermeja casi como sangre, la cual se dividía en dos arroyos, y en la división del segundo arroyo salía el agua tan azul y espesa, que era cosa de espanto, y aunque ellos repararon en que aquello no carecía de misterio, no dejaron de pasar adelante a buscar el pronóstico del tunal y el águila, y andando en su demanda, al fin dieron con el lugar del tunal, encima del cual estaba el águila con las alas extendidas hacia los rayos del sol, tomando el calor de él, y en las uñas tenía un pájaro muy galano de plumas muy preciadas y resplandecientes. Ellos como la vieron, humilláronse, haciéndole reverencia como a cosa divina, y el águila como los vió se les humilló bajando la cabeza a todas partes donde ellos estaban, los cuales viendo que se les humillaba el águila y que ya habían visto lo que deseaban, comenzaron a llorar y hacer grandes extremos, ceremonias y visajes con muchos movimientos en señal de alegría y contento, y en hacimiento de gracias decían: –“¿dónde merecimos tanto bien? ¿quién nos hizo dignos de tanta gracia, excelencia y grandeza? Ya hemos visto lo que deseábamos, ya hemos alcanzado lo que buscábamos, ya hemos hallado nuestra ciudad y asiento, sean dadas gracias al señor de lo criado, y a nuestro dios Huitzilopochtli”; y yéndose a descansar por aquel día, señalaron el lugar el cual pintan de esta manera. [Esta es la laguna de México y su dios era el dicho Huitzilopochtli. Y estas son las armas de México.]

“Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España…”, en Vázquez (ed.), Origen de los mexicanos, pp. 48-49 y 55-57.

 

Tomado de Enrique Vela, Arqueología Mexicana, Especial 62, El nopal en México. Catálogo visual.

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