• domingo, 17 de diciembre de 2017

El pectoral de jade de Monte Albán

Antecedentes

Fue en 1945 durante la XIII Temporada de Exploraciones Arqueológicas en Monte Albán, cuando al hacer una ella sobre la plataforma que une los Montículos “II” y "P” se encontró un túnel que en parte estaba destruido. los trabajos de desenzolve nos indicaron que pasaba por debajo de la plataforma  y se internaba en el subsuelo de la Plaza Central. Un año más tarde, en 1946, continuando su limpia pudimos llegar hasta muy cerca de la base del Adoratorio del Montículo “H”, lugar donde precisamente termina antes de alcanzar la parte posterior de un muro de piedras, correspondiente a una estructura que se encuentra bajo el nivel de la Plaza y del adoratorio. Después de excavar 1,57 m., siguiendo la parte frontal del muro, su piso de lajas sobre el cual se descubrieron los esqueletos de un entierro múltiple, del que formaba parte el poseedor del pectoral.

[…]

 

El esqueleto “E”

[…] El esqueleto "E" aparejado con el “D”,  fue el que tenía los más ricos ador y estaba asociado con dos, piezas de cerámica, de las cuales una es en forma de maceta y la otra es un cajete tetrápode con decoración raspada...

En ambos lados del cráneo se encontraban las orejeras de jade magníficamente pulidas y talladas en forma de flor. Sobre el pecho había un collar constituido por 81 cuentas de jade, que aún conservaban su posición original pasando por debajo del cuello. Y fue tan afortunado el hallazgo, que pudimos con todo cuidado anotar y numerar cada elemento del collar, para después ensartar cuenta por cuenta y tener la más exacta reproducción del mismo. Además, y también sobre el pecho, pudimos rescatar en tan buen estado con lo el collar. el objeto más preciado del descubrimiento, el pectoral de jade que aunque disgregado, permitió indicamos su aspecto total. Más tarde, con la ayuda de fotografías y  dibujos nos dedicamos a la tarea de armar el pectoral, lo que hubiese sido muy difícil si no hubiéramos contado con tan valiosos auxiliares. Debemos añadir que debajo de la mano derecha localizamos una cuenta de madre perla.

El pectoral en su estado actual, es decir, después de haber sido reconstruido por los técnicos del Museo Nacional de Arqueología, está formado por 25 segmentos de jade, 6 de concha y 3 pendientes de pizarra colgados de la barbilla. El todo formado por estos elementos, deja traslucir la técnica tan adelantada y el buen gusto de sus constructores. Una vez armada la pieza tiene 0.175 m de: largo por 0.165 m. De ancho sin considerar el largo total con los pendientes inferiores de pizarra.

Como hemos dicho, está formado por 25 segmentos de jade verde oscuro perfecta mente tallados y pulidos, que al acoplarse han dado al objeto una movilidad inusitada. Es pertinente aclarar. que no todos los segmentos fueron hechos con la misma pieza de jade y así tenemos que la parte inferior de la boca, por ejemplo, está hecha de un jade más claro y de calidad inferior que todo el resto de la cara. Se debe esto, quizá, a que el fragmento de jade de que disponían no fue lo suficientemente grande para la realización de la obra. Igual cosa se observa con las trabas posteriores  y la pieza de donde colgaban los tres pendientes de pizarra. Todas estas partes hechas de un material de menor calidad y de un color más claro quedaban ocultas y en nada afectaban la belleza exterior del pectoral.

Este objeto arqueológico, único hasta ahora, ha sido interpretado como un pectoral en forma de máscara, por llevar plenamente demarcada con concha blanca, las partes que pertenecen al individuo hipotético que lo portaba, tal es el caso de los ojos y de los dientes, así como también de las orejas.

La pieza, escultóricamente hablando, está modelada con toda la maestría de un gran artista, ya que en términos generales se puede decir que los segmentos de jade están cortados siguiendo los diferentes rasgos anatómicos de la cara y de un ajuste perfecto que al acoplarse dan al objeto una magnífica plasticidad. El escultor con nitidez extraordinaria supo dar la impresión de que se  trataba de un pectoral en forma de máscara, haciéndolo en dos planos diferentes.

Esta extraordinaria obra de arte, representa una cara humana que lleva sobrepuesta una máscara de murciélago, identificable entre otras muchas cosas por las orejas y el apéndice nasal, partes éstas que son idénticas a las de otras manifestaciones que sobre esta clase de animales hemos encontrado en Monte Albán, tales como urnas, vasos y modeladas en estuco, como es el caso del que se encuentra en la fachada de la Tumba Nº  50.

[...]

 

Jorge R. Acosta. Puesto que su padre se dedicaba a la diplomacia, nació en la ciudad de Pekín, China, aparentemente en 1908. Inició sus trabajos arqueológicos en Guatemala, en 1928, y de ahí pasó Belice y Honduras. A su regreso a México, se incorporó al grupo que -dirigido por Alfonso Caso- exploraba en Monte Albán. En 1940, en Tula, inició lo que a la postre serían trece temporadas de exploración del sitio y reconstrucción de sus edificios, al tiempo que excavaba en Chichén Itzá y Uxmal. Posteriormente se dedicó a la restauración de edificios en Teotihuacan y Palenque. Murió en 1975, era entonces jefe de la Sección de Mantenimiento y Conservación del Departamento de Monumentos Prehispánicos.

 

Acosta, Jorge R., “El pectoral de jade de Monte Albán”, Arqueología Mexicana núm. 67, pp. 16-17.

 

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