En busca de un pasado glorioso

Eduardo Matos Moctezuma

El triunfo independentista o en busca de un pasado glorioso

El triunfo del movimiento de Independencia en 1821 va a traer diversas consecuencias. A partir de aquel momento se instauran medidas a las que no son ajenas aquellas que rescatan el México antiguo y las culturas que estaban asentadas en lo que hoy es territorio nacional. La Independencia va a dar paso a una serie de acontecimientos en los que el mundo antiguo es revalorado desde diversos puntos de vista, entre los que se encuentran los de índole política y cultural. Podríamos decir que algunos de estos acontecimientos fueron llevados a cabo directamente por el gobierno federal y otros se derivaron de las acciones emprendidas.

Uno de los primeros pasos fue el de incluir el nombre de México –vocablo derivado del náhuatl– en sustitución del de Nueva España. Si bien el nombre pasará por diversos cambios (“Nación Mexicana” y otros más), al país se le conocerá como México y de esta manera tomará carta de naturalización. Otro tanto ocurrirá con la creación de la bandera y escudos nacionales.

Tras el triunfo insurgente surge la bandera con franjas diagonales en colores verde, blanco y rojo, con estrellas sobre cada uno de ellos. Poco después se transforma en la bandera en la que vemos estos colores en posición vertical, con el águila parada sobre el tunal devorando la serpiente. Pero esto tiene su historia: ¿a qué obedece colocar el símbolo de Tenochtitlan sobre el color blanco que representa la pureza de la religión católica? Resulta que al triunfo insurgente se ve la necesidad de buscar un símbolo que relacione a la naciente República con el pasado prehispánico que había sido negado por España. Se trataba de encontrar el cordón umbilical que unía ambos momentos. Surge así el símbolo de Tenochtitlan dentro de un nuevo contexto. Cabe aclarar que al ave se le había representado de diferentes maneras: la vemos con el signo de la guerra, el atlachinolli, que surge del pico, como es el caso de la escultura mexica conocida como Teocalli de la Guerra Sagrada. También está la lámina del Códice Mendocino, donde aparece pintada en medio de Tenochtitlan sin nada en el pico. Otra más está en el Códice Durán, donde se observa una lámina que la muestra devorando pájaros y en otra, una serpiente. Este símbolo mexica es el único que va a ser aceptado durante la Colonia y está presente en algunos conventos y hasta en sellos del Ayuntamiento de la ciudad de México. Desde ese instante, el México prehispánico sería reivindicado e inclusive se le convertiría en un “pasado glorioso” en el que lo mexica iba a predominar de manera significativa en detrimento de otros pueblos indígenas, entre los que se encontraban aquellos que habían sido sometidos por Tenochtitlan. A partir de entonces se va a crear el mito de lo que he llamado el “edén perdido…”, es decir, engrandecer un pasado cambiando la realidad a través de un pueblo específico (Matos, 2010, 2017).

Imagen: Códice Mendoza, f. 2r. Reprografía: Carlos Blanco / Raíces.

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

Esta publicación puede ser citada completa o en partes, siempre y cuando se consigne la fuente de la forma siguiente:

Matos Moctezuma, Eduardo, “El triunfo independentista o en busca de un pasado glorioso”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 100, pp. 10-15.