• jueves, 26 de abril de 2018

En las fauces del monstruo

Claude-François Baudez

Diversas imágenes de la cultura maya en las que aparecen seres dentro de las fauces de un monstruo con un mensaje a transmitir.

 

En el arte maya se representa con frecuencia el busto, la cabeza o la figura completa de una criatura -humana, animal o híbrida- dentro de las fauces abiertas de un monstruo o de un animal. En épocas previas, entre los olmecas y en la cultura de Izapa, las fauces del monstruo podían albergar una escena con varios personajes, como en la Estela D de Tres Zapotes, Veracruz. Autores como Quirarte y Parsons han demostrado que las fauces de un monstruo cósmico tenían como función situar la acción y los personajes en el universo, ya sea en el cielo, entre el cielo y la Tierra o en la Tierra misma. Los mayas idearon otras convenciones y otros motivos para situar una escena en una zona cósmica.

Los personajes que aparecen sobre un friso acuático se encuentran en el inframundo húmedo (por ejemplo en los pilares de la Casa D de Palenque); los que se localizan al centro de un medallón formado por cuatro lóbulos están en el reino de los muertos, el inframundo seco (como los que se ven en los marcadores del juego de pelota AII-b de Copán). La utilización de un friso celeste indica que la escena está relacionada con el cielo (como se ve en el tablero central del Templo de la Cruz de Palenque) (Baudez, 2002).

Por lo general, en el arte maya las fauces sólo encierran una criatura, y la asociación continente/contenido sirve a veces para expresar un movimiento y otras para reflejar una situación. Las soluciones gráficas establecidas por los artistas mayas para el tratamiento de este motivo, no sólo responden a cuestiones técnicas o formales sino también semánticas.

En este artículo se analizan las diversas situaciones en las que aparece un ser dentro de las fauces de un monstruo, en las que se conjugan las limitantes que imponen, por un lado, la composición y el relieve y, por otro, aquellas que tienen que ver con el mensaje que deban transmitir esas imágenes.

 

Imágenes dinámicas e imágenes estáticas

El motivo se puede expresar principalmente de dos maneras: la dinámica y la estática. En las imágenes dinámicas, las fauces casi siempre son las de un monstruo cósmico, terrestre o celeste, o de un animal emblemático de la Tierra. La criatura muestra un movimiento relacionado con las fauces que la vomitan o la engullen. Por lo general, el  movimiento se encuentra sugerido por la posición del sujeto, medio hundido entre las fauces. El aspecto del personaje y el contexto nos indican la dirección del movimiento, es decir, si el sujeto entra o sale. En cada uno de los costados este y oeste de la Estela N de Copán, del Clásico Tardío, se ve a dos reyes metidos parcialmente en el hocico de un cocodrilo o de un sapo. Los personajes muestran diferentes actitudes y atavíos; en cada una de las parejas uno de ellos se presenta en una postura propia de la nobleza y lleva símbolos de autoridad; el otro, en cambio, no lleva joyas y su actitud carece de majestad. Se deduce que el primero está vivo y sale de las fauces, y el segundo está muerto y se hunde en ellas. En la mayoría de estas imágenes dinámicas es el rey quien realiza el movimiento en relación con la Tierra (y en ocasiones en relación con el cielo), para así representar metafóricamente los movimientos del Sol, con el que se identificaban los reyes mayas. El ascenso al trono es visto principalmente como la salida del Sol desde el monstruo terrestre: la muerte del rey es la puesta del astro que se hunde en la tierra. En el friso de Balamkú, del Clásico Temprano, los reyes surgen, como en la Estela de Copán, de cocodrilos y sapos, y están sentados sobre cojines adornados con joyas. En la Estela B de Copán, del Clásico Tardío, el rey 18 Conejo, de pie, sale de la cabeza de un monstruo cauac; su peinado oculta en parte el hocico y sus pies esconden los dientes de la quijada inferior del monstruo. Este movimiento de surgimiento o desaparición puede también efectuarse a través de la hendidura frontal del mismo monstruo o de cualquier otra imagen de la Tierra, como el llamado signo T en los monumentos 23 y 24 de Quiriguá.

En las llamadas imágenes estáticas que son las mas comunes, el movimiento no lo sugiere ni el contexto ni la posición relativa de continente y contenido. Así, en un monumento olmeca, la Estela I de La Venta, se muestra una composición que parece ser una forma antigua de la que aparece en la Estela B de Copán; el personaje se encuentra en las fauces de un jaguar (animal que representa ha la Tierra), pero no trata de salirse de éstas. En la Estela D de Tres Zapotes se ve a varios personajes dentro de unas fauces abiertas de felino, y nada parece indicar un movimiento de entrada o salida.

Traducción: Luz María Santamaría

 

Claude-François Baudez. Director de investigación honorario del Centre National de la Recherche Scientifique de Francia. Ha realizado investigaciones arqueológicas en Costa Rica. Honduras y México.

 

Baudez, Claude-François, “En las fauces del monstruo”, Arqueología Mexicananúm. 71, pp. 58-67.

 

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