• sábado, 27 de mayo de 2017.

La escultura del dios del pulque del Antiguo Palacio del Arzobispado de la Ciudad de México

Diego Matadamas, Mirsa Islas Orozco, Martha Soto Velázquez

En las ruinas del recinto sagrado de Tenochtitlan han sido exhumadas diversas esculturas identificadas como dioses del pulque. Una de ellas apareció empotrada en el muro oeste del Templo de Tezcatlipoca, en el Antiguo Palacio del Arzobispado de la ciudad de México, lo que confirma el vínculo existente entre estas deidades y el “señor del espejo humeante”.

 

El palacio arzobispal

En el primer cuadro del Centro Histórico de la ciudad de México se localizan varias edificaciones construidas hacia la primera mitad del siglo XVI. Entre ellas se encuentra el Antiguo Palacio del Arzobispado, complejo arquitectónico cercano a la Catedral Metropolitana, donde radicaron los arzobispos por más de 300 años, máximos representantes de la iglesia Católica en el México virreinal. La majestuosidad de este inmueble fue reconocida y descrita por cronistas y viajeros, entre ellos el toledano Francisco Cervantes de Salazar (2000, p. 47), quien en uno de sus diálogos en latín hizo hincapié en la particular fortaleza de su estructura:

Alfaro: ¿De quién es aquella elevada casa a la izquierda, con elegantes jambajes, y cuya azotea tiene a los extremos dos torres, mucho más altas que la del centro?

Suazo: Es el palacio arzobispal, en el que hay que admirar aquél primer piso adornado de rejas de hierro, que estando tan levantado del suelo, descansa hasta la altura de las ventanas sobre un cimiento firme y sólido.

Alfaro: Ni con minas le derribarán.

Por su parte, en el siglo XVIII, el comerciante español Joaquín Antonio de Basarás (2006, p. 169), en una descripción más interesante para fines arqueológicos, mencionó la existencia de restos prehispánicos debajo de la edificación: “La casa o palacio del Arzobispado de México tiene debajo una bóveda grande, la cual dicen proviene del palacio que Moctezuma tenía en el mismo paraje y se hundió, cuyos vestigios, habiéndose abierto en el patio de dicho arzobispado, se han reconocido, y hay opiniones de que comunica a la misma sala o recibimiento de dicho Moctezuma”.

Con una opinión distinta, el fraile italiano Hilarión de Bérgamo (2013, p. 186), durante su estancia en México en 1761, señaló que la construcción no era muy grande, y reconoció sólo la belleza de la escalera y de la Sala de la Audiencia.

En 1869, el inmueble fue adquirido por el gobierno mexicano y convertido en Contaduría Mayor de Hacienda e imprenta del gobierno federal. Años más tarde, el patio norte fue vendido a un particular, quien lo demolió para construir una casa en la que por un tiempo funcionó la fábrica de cigarros La Sultana. Ya en el siglo XX, durante la década de los setenta, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público reclamó el palacio, que se destinó en 1994 para la exhibición de la colección de pago por especie, y donde actualmente se presentan obras de importantes artistas mexicanos.

 

Los trabajos arqueológicos

La inestabilidad del terreno y el basamento prehispánico que se encuentra por debajo del edificio ocasionaron hundimientos y agrietamientos, por lo que en 1981 un equipo de arquitectos de la extinta Subsecretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas realizó excavaciones para ubicar los puntos débiles de la estructura y plantear un proyecto de recimentación. Durante esos trabajos se encontró parte de un piso prehispánico y un muro en talud en la parte central del patio este.

Seis años después, entre marzo y mayo, se llevó a cabo la primera exploración arqueológica, dirigida por la arqueóloga Rosa Guadalupe de la Peña Virchez, quien abrió cinco calas en los extremos del patio principal e identificó un muro a poca profundidad, el cual pertenecía a la parte noreste de una estructura prehispánica. Desde ese momento se pensó que se podía tratar del templo del dios supremo Tezcatlipoca, con base en un pasaje de la Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, del fraile dominico Diego Durán (2002, 2, p. 57): “Este tenplo [de Tezcatlipoca] en mexico estaba edificado en el mesmo lugar questa edificada la casa arçobispal donde si bien ha notado el que en ellas ha entrado bera ser toda edificada sobre terrapleno sin tener aposentos bajos sino todo maçiso el primer suelo”. Desafortunadamente, fue imposible conocer la extensión total del templo mexica.

Al año siguiente, los arqueólogos Guillermo Pérez Castro y Pedro Francisco Sánchez Nava realizaron una nueva propuesta para intervenir el edificio virreinal, con el objetivo de registrar las distintas zonas de hundimientos y agrietamientos, por medio de calas que abarcarían el espacio ya explorado y el patio oeste. En este último lugar fue exhumado el 1 de julio de 1988 el monolito conocido como Piedra del Antiguo Arzobispado, que actualmente se exhibe en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.

En 1994, un equipo del Programa de Arqueología Urbana, dirigido por la arqueóloga Laura del Olmo y coordinado por Eduardo Matos Moctezuma, realizó nuevas excavaciones para restaurar los ya constantes agrietamientos de los muros y los pisos. Bajo la escalinata principal del edificio virreinal fue encontrada parte de la fachada oeste del Templo de Tezcatlipoca, la cual tenía empotrada una cabeza de basalto que inicialmente fue identificada como una versión juvenil de Tezcatlipoca o de Tonatiuh.

En dicho espacio se exhibió al público durante varios años la escultura y parte del muro del templo. Desafortunadamente, el agua del subsuelo a poca profundidad hizo que el área fuera clausurada. Con la finalidad de hacer el registro preciso de la efigie, miembros del Proyecto Templo Mayor dirigidos por el Dr. Leonardo López Luján, nos dimos a la tarea de analizarla, hacer el diagnóstico de su estado de conservación y realizar una limpieza mecánica para retirar materiales acumulados en su superficie, como hongos y restos de pintura contemporánea.

 

Identificación del personaje esculpido

La imagen está tallada magistralmente en un fragmento de basalto gris. Sus medidas máximas son de 34 cm de altura, 30 cm de ancho y 20.5 cm de espesor. Representa a un personaje masculino de apariencia juvenil y de rostro inexpresivo, rasgo característico de la plástica mexica. Sabemos que originalmente la cabeza formaba parte de una efigie mayor, quizás de cuerpo entero, ya que en el cuello se distingue la fractura que se produjo al desprenderse del resto del cuerpo. Gracias a esto sabemos que se trata de una pieza reutilizada.

Como la escultura está empotrada en el muro, es imposible distinguir rasgos como el cabello o elementos decorativos. En la parte superior de la cabeza tiene un diseño cuadrangular que se asemeja mucho a los cartuchos de otras esculturas mexicas, en los que usualmente se encuentran fechas calendáricas que aluden al nombre de un personaje o a eventos míticos. Desafortunadamente, la mayor parte de este elemento está dentro del muro y no se alcanza a distinguir ningún relieve.

En la frente lleva una banda compuesta por una cuerda y cinco chalchihuites. Debajo de este elemento se halla una serie de flecos rectangulares. Por encima de la cuerda se tallaron un conjunto de gruesas líneas curvas que representan plumas. Estos atavíos conforman el tocado de las deidades pluviales y de la fertilidad.

La forma general del rostro es ovalada. Los ojos están representados mediante concavidades que sugieren que en algún momento pudieron tener incrustaciones. La nariz es chata y de forma triangular. La boca está ligeramente abierta y curvada levemente hacia abajo en los extremos. El mentón es afilado y los pómulos son pronunciados.

Porta la nariguera lunar o yacametztli como símbolo del plano nocturno y femenino del cosmos mexica. Su forma representa al astro lunar visto en sección, como una vasija que contenía agua, pulque, un conejo o un cuchillo de sacrificio. La pieza está dañada en esa zona. Las orejeras, aunque muy deterioradas, tienen forma cuadrangular y presentan una protuberancia que podría representar un chalchihuite. Este tipo de ornamento se conoce como amanacochtli, “orejera de papel”, símbolo de las deidades asociadas a la fertilidad, el agua y el pulque.

Consideramos que la escultura del Antiguo Palacio del Arzobispado representa a uno de los dioses del pulque, pues tiene tallados tres elementos básicos del atavío de estas deidades: el tocado de los dioses de la fertilidad, las orejeras cuadrangulares y la nariguera lunar. Pero, ¿por qué estaría la cabeza de un numen del pulque en uno de los muros del Templo de Tezcatlipoca?

 

Diego Matadamas. Arqueólogo por la ENAH. Miembro del Proyecto Templo Mayor.

Mirsa Islas Orozco. Arqueóloga por la ENAH. Miembro del Proyecto Templo Mayor.

Martha Soto Velázquez. Restauradora por la ENCRyM. Labora en el Museo Nacional de las Intervenciones.

 

Matadamas, Diego, Mirsa Islas Orozco, Martha Soto Velázquez, “La escultura del dios del pulque del Antiguo Palacio del Arzobispado de la Ciudad de México”, Arqueología Mexicana núm. 137, pp. 76-80.

 

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