• domingo, 21 de enero de 2018

Tikal, Guatemala. La cabeza del reino de los hijos del sol y del agua

Vilma Flalko

Sin duda, la ciudad más importante del Clásico maya fue Tikal. Reino hegemónico del Petén que llegó a albergar a miles de pobladores. La ciudad es notable por su secuencia ocupacional –que va del Preclásico a fina les del Clásico-, su arquitectura, sus monumentos con inscripciones y por la cantidad y calidad de los objetos ahí localizados.

 

Los primeros constructores

Los fundadores de Tikal, en 600 a.C., formaban parte de una comunidad perfectamente adaptada a un sistema ambiental selvático lluvioso, característico de la región noreste del Petén guatemalteco. La topografía del entorno está configurada por colinas irregulares surcadas por una red de vertientes y pantanos estacionales que alimentan la cuenca del no Holmul y sus principales tributarios. El río Holmul, que corre a unos dos kilómetros al este de la colina de Tikal, fue sin lugar a dudas un factor determinante en el desarrollo del gran reino, por tratarse de una ruta natural en torno a la cual surgieron otras ciudades mayas que en algún momento formaron parte del Estado regional más temprano hasta ahora conocido en las Tierras Bajas. Los primeros ocupantes de Tikal, si bien tenían un nivel de desarrollo aldeano, distaron mucho de ser primitivos, pues fueron excelentes talladores y alfareros. Compartieron los recursos del gran bajo Santa Fe con otros grupos asentados en las márgenes este y sur, en un área de cinco a nueve kilómetros. El modelo de subsistencia de estas comunidades tempranas pudo estar basado en su adaptación a los bajos (formaciones naturales semejantes a estuarios y lagunas superficiales); asimismo, se experimentaron y desarrollaron técnicas agrícolas asociadas a campos drenados.

En la parte más alta del cerro cárstico que se levanta en la margen oeste del bajo Santa Fe se encuentra la evidencia más antigua de arquitectura ceremonial en Tikal, claro indicio de que aproximadamente en 500 a.C. ya existía una tradición cosmológica asociada a la veneración de colinas sagradas. En el corazón del complejo conocido como Mundo Perdido se encuentra un basamento piramidal -que estuvo acompañado por una larga plataforma ritual (5D-84 88-1a)- con escalinatas en los cuatro lados (5C-54-1a), asociadas a las cuatro direcciones del mundo. El formato de este conjunto no habría de variar durante los 14 siglos de vida ceremonial en Tikal, pese a que fueron construidas cuatro versiones superpuestas durante el Preclásico (500 a.C.-250 d.C.), dos más en el Clásico Temprano ( 250-600 d. C.) y una final en el Clásico Tardío (600-800 d.C.).

El proceso de urbanización implicó contar con agua tanto para la construcción como para la subsistencia. Por ello las laderas del cerro fueron gradualmente esculpidas, en un esfuerzo por adaptar terrazas a un sistema de canales y reservorios organizados en vertientes, para garantizar la recolección exitosa del agua de lluvia. Este sistema de captación y distribución de agua, propio de Tikal, se utilizó durante roda su historia urbana y fue gradualmente perfeccionado y ampliado hasta conseguir un diciente y adecuado abastecimiento que llegó a sostener una urbe de alrededor de 7 000 personas, entre habitantes y visita mes.

 

Vilma Fialko. Arqueóloga del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala. Realizó excavaciones en Tikal. Entre 1994 y 2002 ha investigado la cuenta del río Homul y as periferias de Tikal, Yaxhá, Nakum y Naranjo. Dirige excavaciones arqueológicas en Naranjo.

 

Fialko, Vilma, “El copal en las ofrendas del Templo Mayor”, Arqueología Mexicana núm. 66, pp. 36-43.

 

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