• miércoles, 24 de abril de 2019

El Palmar, Campeche

Kenichiro Tsukamoto, Javier López Camacho, Octavio Q. Esparza Olguín

A pesar del gran avance de las investigaciones arqueológicas en las Tierras Bajas Mayas, existe un número significativo de ciudades antiguas que todavía se encuentran ocultas en la selva tropical. El sitio arqueológico de El Palmar, descubierto en 1936, se había mantenido en el anonimato a pesar de ser considerado de gran importancia por su monumentalidad y sus cuantiosas inscripciones jeroglíficas. Sin embargo, nuevas investigaciones arqueológicas en el asentamiento nos han permitido vislumbrar su compleja organización urbana.

 

El Palmar se encuentra en el ejido de Kiche Las Pailas, municipio de Calakmul, en el sureste de Campeche. Hoy en día, el sitio se localiza dentro de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, que se caracteriza por una zona de clima cálido-húmedo con selva alta y mediana subperennifolia. A pesar de la modificación del entorno por grupos humanos, en la zona arqueológica todavía es posible encontrar vegetación y animales silvestres, entre los que destacan el mono aullador, mono araña, armadillo y venado, así como especies vegetales que incluyen maderas preciosas como la ceiba, el cedro y el chaca. 

Por otro lado, ya en dos estudios previos de reconocimiento arqueológico, los de Karl Ruppert y Denison (1943) e Ivan Šprajc (1996-2008), se señala que la abundancia de recursos naturales fortaleció una densa concentración de asentamientos mayas en esta región durante el periodo prehispánico. Por ejemplo, alrededor de El Palmar se encuentran otros sitios ya conocidos como Calakmul (50 km al poniente), Río Bec (33 km al norte), Mucaancah (18 km al oriente) y Río Azul (30 km al sur). Sin duda, la ciudad antigua de El Palmar debió desarrollarse a partir de la riqueza del medio y de las interacciones sociales que mantuvo con sitios colindantes.

 

Investigaciones previas

 

El sitio fue descubierto por Eric Thompson en 1936. Durante tres semanas de campo, su equipo realizó labores de levantamiento de mapas, excavación de pozos de sondeo y calas, además de registrar 44 estelas y numerosos altares circulares, algunos de los cuales se registraron por medio de calcas. El trabajo topográfico realizado en aquel entonces permitió de-limitar la parte monumental, que se distribuye en un área de 900 m en dirección norte-sur y 660 m en sentido oriente-poniente. Con base en el análisis cerámico, Thompson concluyó que la ocupación del sitio abarcó el periodo 300 a.C.-800 d.C., mientras que el estudio de los monumentos grabados proporcionó fechas de rueda calendárica que abarcan de 711 d.C. a 884 d.C. Además, Thompson encontró una ofrenda dedicatoria asociada con un monumento, la cual contenía diversos artefactos líticos conocidos como “excéntricos”.

A pesar de que Thompson destacaba la importancia de El Palmar por su ubicación, monumentalidad y gran cantidad de monumentos grabados, no efectuó más temporadas de trabajo, por lo que el sitio quedó en el olvido por varios años. No obstante, El Palmar ha sido mencionado en repetidas ocasiones por diversos autores (Ruz, 1945; Proskouriakoff, 1950; Piña Chan, 1970; Adams y Jones, 1981, Šprajc, 1996, entre otros), la mayoría de los cuales se basaron en el reporte de Thompson con todo y sus omisiones. En lo que respecta a los monumentos, Tatiana Proskouriakoff (1950) hizo una descripción de dos estelas, y Merle Greene Robertson (1995) elaboró calcografías de un altar circular y dos estelas.

De diciembre de 1996 a marzo de 1997, Carlos Brokmann dirigió el “Proyecto arqueológico de El Palmar, Campeche”, que se centró en la localización y protección de monumentos grabados, levantamiento de mapas, registro de calas y pozos de saqueo, así como en la recolección de materiales arqueológicos. Durante el trabajo de campo logró reubicar 22 estelas y tres altares, con lo cual faltaban, al menos, 22 estelas para igualar la cantidad mencionada por Thompson 60 años antes. Para tratar de explicar esta situación, Brokmann consideró que Thompson podría haber contabilizado los fragmentos de una misma pieza por separado. Por otra parte, él visitó un sitio denominado Tres Ruinas, situado 2 km al sureste de la parte monumental del asentamiento, y llegó a la conclusión de que pudo ser parte de El Palmar.

 

Tsukamoto, Kenichiro, Javier López Camacho, Octavio Q. Esparza Olguín, “El Palmar, Campeche”, Arqueología Mexicana núm. 101, pp. 72-77.

 

• Kenichiro Tsukamoto. Maestro en antropología por la Universidad de Arizona. Obtuvo el grado de licenciado en arqueología por la ENAH. Codirector del “Proyecto Arqueológico El Palmar. Urbanización del espacio social en las Tierras Bajas Mayas”. Cursa el programa de doctorado en la Universidad de Arizona.

• Javier López Camacho. Profesor de la licenciatura en arqueología de la ENAH. Codirector del “Proyecto Arqueológico El Palmar. Urbanización del espacio social en las Tierras Bajas Mayas” y director del “Proyecto prácticas de prospección arqueológica en el sur de Quintana Roo”.

• Octavio Q. Esparza Olguín. Arqueólogo por la ENAH, epigrafista del “Proyecto Arqueológico El Palmar. Urbanización del espacio social en las Tierras Bajas Mayas”. Realiza estudios de maestría en el Programa de Posgrado en Estudios Mesoamericanos de la UNAM.

 

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