En uno de los pasajes más conocidos del Popol Vuh, los hermanos Junajpú e Xbalanké se introdujeron en la región de Xibalbá, nombre con el que conoce al inframundo k’iche’, para pasar por diferentes pruebas que les fueron impuestas por los dioses de la muerte que habitaban en aquel lugar. Uno de los sitios de tormento o castigo, según este manuscrito, era la Zotzi-ha, la Casa de los Murciélagos, en la que revoloteaban y chillaban innumerables murciélagos encerrados que no podían salir.
La tumba, de 600 d.C., está localizada en los Valles Centrales de Oaxaca, en el Cerro de la Cantera, en San Pablo Huitzo, y, por su riqueza arquitectónica y pictórica, aporta información de alto valor sobre la organización social, los rituales funerarios y la cosmovisión de la civilización zapoteca.
Como es bien sabido, la ciudad de Chichén Itzá representó uno de los centros religiosos y de poder político más importantes durante el Posclásico Temprano en la península de Yucatán. La pirámide conocida como El Castillo, por su belleza y el simbolismo de sus elementos arquitectónicos, se ha convertido en un emblema de gran exaltación de la cultura maya en México.
El siglo XVIII representa un momento seminal para la arqueología mexicana. Palenque, Mitla, El Tajín, Teotihuacan, Xochicalco, Cantona, El Cerrito y otras insignes capitales de tiempos precolombinos sirvieron entonces de mudo escenario a viajeros deslumbrados por los vestigios de las civilizaciones extintas y por las antiguas glorias de sus constructores.
Hoy tengo el privilegio de recibir el diploma del Premio Shanghai Archaeology Forum en la rama de “Descubrimiento de Campo 2025”. En diciembre pasado se entregaron estos galardones en la ciudad de Shanghai, pero me fue imposible asistir al evento ya que mis médicos –que son muchos– consideraron que era un viaje muy largo y podía afectarme.
Salvador Guilliem Arroyo y Francisco Javier Laue Padilla
Las excavaciones arqueológicas en el Gran Basamento han permitido encontrar evidencias de 35 ofrendas prehispánicas, compuestas por almenas, braseros, cajetes, vértebras cervicales y mandíbulas humanas, comales, cuchillos de pedernal y obsidiana, sahumadores, navajillas prismáticas, mandíbulas de cánidos y puntas de proyectil.
Salvador Guilliem Arroyo y Miriam Angélica Camacho Martínez
Durante el salvamento arqueológico en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (ccut), en 2023 se localizó en el desplante de un templo prehispánico la Ofrenda 1 con los entierros 1 y 2, conformados por una mujer adolescente y un infante. Gracias a las evidencias del contexto arqueológico de sus ofrendas, se propone que puede tratarse de una cihuapipiltin.
Las piezas forman parte de la exposición temporal del Museo del Templo Mayor “Repatriación de Nueva York. Piezas mexicas de vuelta a casa”. La directora del MTM, Patricia Ledesma Bouchan, resaltó que la pieza de basalto (de 1.64 m de alto por 57 cm de ancho, y media tonelada) personifica a un guerrero estelar, hermano de la diosa Coyolxauhqui. Dichas esculturas (de las que en Templo Mayor se han localizado siete) se consideraban guardianes de espacios sagrados y solían estar en pares.
La historia de los mexicas es un cordel formado por dos hilos enlazados: el tenochca y el tlatelolca, y es necesario intentar desenredarlo para comprenderlo, ya que las fuentes etnohistóricas del siglo XVI presentan diferencias, aunque las realizadas por manos indígenas son más fidedignas. Sin duda el mexica fue el pueblo que concretó la maravillosa herencia mesoamericana y el objetivo de la conquista europea.
Tlatelolco ha suscitado a lo largo del tiempo el interés de diversos cronistas e investigadores por lo que representa para la historia de México. Mención de ella la hacen, por ejemplo, cronistas soldados como Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo.
En esta publicación exploramos la historia de Tlatelolco a través de fuentes etnohistóricas y recientes hallazgos arqueológicos. Se presentan entierros descubiertos en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, ofrendas localizadas en el Gran Basamento y el estudio de tres mujeres inhumadas que permite conocer sus condiciones de salud, alimentación y el vínculo entre madres e hijos más allá de la muerte.
Mesoamérica, como área histórica y cultural, se forjó lentamente en torno a ciertas estructuras básicas que fueron compartidas, con múltiples variantes, entre los pueblos que la constituyeron durante su dilatada historia de aproximadamente 4 000 años.
Pietro Martire d’Anghiera, mejor conocido en el ámbito hispánico como Pedro Mártir de Anglería, fue uno de los primeros europeos en el viejo continente en ver los manuscritos que fueron enviados por Hernando Cortés como regalo al rey Carlos I de España desde los recién adquiridos territorios de ultramar. Como cortesano al servicio de la corona española, el sacerdote humanista pudo observarlos con detenimiento, lo que le permitió hacer algunas observaciones que plasmó en sus De orbe novo decades o Décadas del nuevo mundo:
Para comprender cabalmente la relevancia de estos libros indígenas que trataban de tiempos pasados es necesario ubicarlos tanto en su contexto inmediato como en un proceso histórico y cultural mucho más amplio, que no empezó con los códices de los siglos XV y XVI ni terminó con ellos. Se trata de una larga tradición historiográfica mesoamericana.
Recientemente, en Palenque, excavaciones en el Palacio nos han permitido recuperar abundantes restos óseos de peces, cuyo estudio puede aportarnos una mejor comprensión de su uso en el pasado, pero también para la conservación de los recursos pesqueros en la actualidad.