Escritura en Mesoamérica

Miguel Pastrana Flores

Mesoamérica, como área histórica y cultural, se forjó lentamente en torno a ciertas estructuras básicas que fueron compartidas, con múltiples variantes, entre los pueblos que la constituyeron durante su dilatada historia de aproximadamente 4 000 años. Fueron muchas y diversas esas estructuras y variantes, como los sistemas agrícolas extensivos e intensivos, los sistemas de intercambio regional e interregional, la presencia de grupos sociales con alta especialización técnica y económica, el urbanismo, las sociedades altamente estratificadas, los sistemas políticos complejos, las alianzas y conflictos militares o las estructuras simbólicas y de pensamiento como la cosmovisión.

En el periodo conocido como Preclásico Medio fue el apogeo de la cultura olmeca (1200-400 a.C.), cuyo legado, para el tema de este ensayo, es fundamental por la aparición de ciertas instituciones culturales que trascendieron más allá de su propio tiempo y proyectaron su huella, por lo menos, hasta un siglo y medio después del contacto con el mundo europeo. Se trata, por una parte, de la aparición de las primeras ciudades como San Lorenzo Tenochtitlán (1200-850 a.C.) y La Venta (1000-400 a.C.); de esta manera el urbanismo, como fenómeno social de gran trascendencia, se multiplicó en el transcurso de los siglos en toda Mesoamérica. De la mano con el surgimiento de las ciudades, también ocurrió la aparición de entidades político–administrativas complejas, posiblemente de carácter estatal, las cuales establecieron las bases de los grandes estados mesoamericanos posteriores asentados en capitales como Tikal, Monte Albán, Teotihuacan, Tajín, Tula, Tzintzuntzan y Tenochtitlan (Bernal, 1991; Soustelle, 2002; Cyphers, 2018).

También surgió un arte público monumental que exaltaba al poder político y a los gobernantes olmecas al tiempo que buscaba que fueran recordados por las generaciones venideras. Con esto la cultura olmeca forjó los cimientos de la conmemoración de personajes y hechos relevantes, que fue una práctica recurrente en Mesoamérica, desde las estelas zapotecas de Monte Albán a los relieves mexicas de Chapultepec. Finalmente, en el ocaso de su desarrollo, la sociedad olmeca aportó la invención del primer sistema de escritura mesoamericano, del cual se derivan, de manera directa o indirecta, todos los demás. Los sistemas de escritura herederos directos de esta primera creación se desarrollaron desde el propio Preclásico con el llamado sistema epiolmeca y el maya, hasta el mundo barroco novohispano, con los últimos ejemplos conocidos de las escrituras náhuatl y mixteca. De la mano de esta primera escritura mesoamericana, los olmecas pusieron a punto el primer sistema calendárico con base en un sistema vigesimal. Constaba de un calendario ritual de 260 días y otro basado en el año solar que contaba el tiempo transcurrido de manera continua desde una fecha era (11 de agosto de 3114 a.C.); esta cuenta permite fijar con precisión cualquier acontecimiento en el tiempo. Este sistema fue adoptado por los grupos epiolmecas y mayas, y estos últimos lo continuaron usando en sus monumentos e inscripciones. 

Tomado de Miguel Pastrana Flores, “El mundo olmeca y su herencia cultural”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 125, pp. 16-25.