La obsidiana fue uno de los materiales más ampliamente utilizados en el mundo mesoamericano por su gran versatilidad.
Los tiempos que vivimos nos mueven a reflexión. Así como es un acto de justicia reconocer los méritos de quienes han destacado en el campo de la historia y la antropología, no podemos voltear la cara y hacer caso omiso de lo que está sucediendo en nuestro país.
El importante ritual colectivo conocido como ch’a chaac, que significa “traer la lluvia”, no constituye solamente una petición de lluvias, a pesar de que ésta es su expresión más visible, sino que busca también la comunicación de las personas con las deidades de la naturaleza, los yuntziloob, que regulan el ciclo productivo del maíz y en ocasiones se hacen visibles para algunos.
La obsidiana fue uno de los materiales más ampliamente utilizados en el mundo mesoamericano por su gran versatilidad. Debido a su importancia, las investigaciones sobre este vidrio volcánico han abarcado diferentes aspectos, como su coloración, relacionada con determinados yacimientos y procedencias; los talleres y las evidencias de producción de objetos; su circulación y distribución; el análisis de sus huellas de uso y de manufactura, así como su simbolismo y consumo.
En el pasado, la obsidiana fue transformada de diversas formas para realizar herramientas, armas o joyería. Cada objeto implica habilidades técnicas difíciles de observar; afortunadamente por medio de la técnica Reflectance Transformation Imaging (RTI), las hemos podido identificar, registrar e interpretar.





