El importante ritual colectivo conocido como ch’a chaac, que significa “traer la lluvia”, no constituye solamente una petición de lluvias, a pesar de que ésta es su expresión más visible, sino que busca también la comunicación de las personas con las deidades de la naturaleza, los yuntziloob, que regulan el ciclo productivo del maíz y en ocasiones se hacen visibles para algunos. Los mayas milperos dicen: “… chaac es como nuestro padrino, él le cuenta al hahal (verdadero) Dios cómo estamos nosotros, cómo es que vivimos aquí en la tierra…”. No existe una colectividad fija de participantes en este ritual: puede congregar a todos los habitantes de un pueblo pequeño, a los vecinos de un barrio o a un grupo de familias emparentadas entre sí, quienes deciden realizarlo en forma conjunta cuando la sequía así lo exige, y para ello acuden a un h’men (chamán) de probado prestigio que sea capaz de dirigirlo.
Por lo común, alguno de los participantes ofrece espontáneamente su solar o milpa para la realización del ritual. Desde algunos días antes, los que asistirán llevan su aporte para la ofrenda que se colocará sobre la nohoch mesa, gran mesa, que servirá de altar durante los oficios del culto. Casi siempre estas ofrendas consisten en pavos, maíz, cigarrillos, leña, hojas de plátano, pepitas, u otras, de acuerdo con las posibilidades económicas de cada colaborador.
La mesa de ofrendas se cubre con un doble arco de ramas de sipche’ y se coloca una pequeña cruz, así como los recipientes que contienen los animales ya guisados, que fueran sacrificados por el h-men en la madrugada del día señalado. En varios de los casos que Miguel Bartolomé observó en 1988, los animales fueron cuatro pavos, cada uno de los cuales fue ofrecido a un punto cardinal antes de ser sacrificado por el oficiante. Para los h-menoob (oob, plural) la superficie de la mesa representa el “pueblo de los chaacoob”, las deidades de la lluvia. Los arcos de ramas y hojas que cubren la mesa son considerados “vírgenes” (puros), ya que no están confeccionados con plantas comestibles para los seres humanos y, por lo tanto, pertenecen a deidades de la naturaleza. Asimismo, proporcionan sombra a la mesa para reproducir el mundo de los chaacoob, ya que éstos sólo salen cuando hay sombra, tal como se ve el cielo antes de llover. Las cuatro patas de la mesa simbolizan a los cuatro bacaboob (los sostenedores del mundo), los cuatro puntos cardinales y los cuatro chaacoob, que son invocados anteponiendo a sus nombres el punto cardinal respectivo: lakin yum chaac (chaac Señor del Oriente), chakin yum chaac (chaac Señor del Poniente), nohol yum chaac (chaac Señor del Sur) y xaman yum chaac (chaac Señor del Norte).
Alicia M. Barabas. Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires. Maestra y doctora en sociología por la UNAM. Profesora investigadora emérita del INAH. Investigadora nacional nivel III, SNI-Conacyt.
Tomado de Alicia M. Barabas, “Rituales de los mayas de Yucatán: el ch’a chaac”, Arqueología Mexicana, núm. 198, pp. 14-15.

