Estos tiempos que vivimos… Reflexiones de un arqueólogo

Eduardo Matos Moctezuma

Quiero comenzar con palabras de agradecimiento para la institución a la que pertenezco desde hace 66 años: el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Durante ese lapso he vivido muchas cosas: aprender de mis maestros que me ayudaron a formarme; convivir con mis compañeros y cómplices de diversos acaeceres escolares, hasta el momento aquel en que me recibí como arqueólogo en 1965. Mi pertenencia a la institución al ocupar una plaza de practicante en ciencias histórico-geográficas parte del año 1960 y, por lo tanto, he visto pasar a muchas personas, desde funcionarios y muchos colegas, algunos de ellos que transitaban sin pena ni gloria y otros que lo hacían con gloria y sin pena.

De igual manera deseo expresar mi agradecimiento por la iniciativa del INAH al reeditar el libro México-Tenochtitlan, su espacio y tiempo sagrados, de la autoría de Miguel León-Portilla, primer libro que se publicó en los inicios del Proyecto Templo Mayor, en 1978. En él, el historiador acude a las dos categorías fundamentales de la historia y la arqueología: tiempo y espacio. Al hacerlo, irrumpe con conocimiento y pasión en los arcanos del espacio sagrado de la ciudad mexica y su ubicación en los tiempos de los dioses y de los hombres. Señala León-Portilla en una nueva introducción:

“Este libro, cuya primera edición apareció en noviembre de 1978, con pie de imprenta del inah, tuvo su origen en las conversaciones que Eduardo Matos Moctezuma y yo sostuvimos a raíz del ‘hallazgo fortuito’ de la Coyolxauhqui. Al publicarlo de nuevo, se ofrece, una vez más, la interpretación del significado de ese hallazgo con base en lo que nos revelaron la arqueología y la historia” (p. 20).

Reeditarlo es justo homenaje para quien, como el doctor León-Portilla, mediante sus libros y conferencias, siempre mantuvo su posición crítica contra quienes volteaban la cabeza hacia afuera y no miraban hacia adentro. Su presencia como fundador de instituciones fue relevante, como sucedió con la creación del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam, cuya iniciativa fue aprobada por el Consejo Universitario por unanimidad el 4 de octubre de 1973. Así lo destaca el doctor en su libro póstumo Soy mi memoria:

Como se informó en Anales de Antropología: “el nuevo Instituto se integró con el personal de la antigua sección de Antropología del Instituto de Investigaciones Históricas”… Añadiré que en el volumen XI de la revista Anales de Antropología, aparecida en 1974, se me hizo un reconocimiento que textualmente quiero copiar: “[El personal del Instituto de Antropológicas] desea hacer constar el reconocimiento que tiene hacia el Instituto de Investigaciones Históricas y su director, doctor Miguel León-Portilla, con los que trabajó durante años en la mejor de las camaraderías y quienes dieron todo su apoyo para la creación del Instituto de Investigaciones Antropológicas” (León-Portilla, 2026).

También se debió al tesón e interés de Miguel la creación del Instituto de Investigaciones Históricas en el seno de la Universidad Autónoma de Baja California, institución que continúa dando frutos por medio de las investigaciones que ahí se llevan a cabo. Correspondió, entre otros, al doctor León-Portilla abrir las puertas a una nueva visión de los pueblos prehispánicos por medio del estudio riguroso de su pensamiento y su cultura; también fue maestro formador de muchas generaciones de estudiantes y creador de publicaciones de enorme trascendencia para la historia.

Los tiempos que vivimos nos mueven a reflexión. Así como es un acto de justicia reconocer los méritos de quienes han destacado en el campo de la historia y la antropología, no podemos voltear la cara y hacer caso omiso de lo que está sucediendo en nuestro país.

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

Tomado de Eduardo Matos Moctezuma, “Estos tiempos que vivimos…”, Arqueología Mexicana, núm. 198, pp. 9-11.