Los colores de la obsidiana en Mesoamérica

Emiliano Ricardo Melgar Tísoc

La obsidiana fue uno de los materiales más ampliamente utilizados en el mundo mesoamericano por su gran versatilidad. Debido a su importancia, las investigaciones sobre este vidrio volcánico han abarcado diferentes aspectos, como su coloración, relacionada con determinados yacimientos y procedencias; los talleres y las evidencias de producción de objetos; su circulación y distribución; el análisis de sus huellas de uso y de manufactura, así como su simbolismo y consumo.

La obsidiana, aunque tenga un origen volcánico, no significa que se pueda encontrar en las cercanías de cualquier volcán. Ello se debe a que la lava de la cual se forma debe ser ácida, cuyo indicador es la presencia de riolitas. En Mesoamérica hay dos zonas que concentran la mayoría de los yacimientos de obsidiana: el Eje Neovolcánico Transmexicano y los Altos de Guatemala. Muchos de esos yacimientos cuentan con evidencias de explotación prehispánica.

Aunque la obsidiana se aprecia generalmente de color negro, su tonalidad oscura no se debe a su composición química sino a la presencia de nanopartículas de magnetita y hematita dispersas en su matriz vítrea, las cuales absorben tan bien la luz que el material parece opaco y negro a simple vista. En cambio, su variación cromática se debe a algunos elementos traza y fenómenos ópticos.

Por ejemplo, la verde es resultado de concentraciones de iones de hierro o clinopiroxenos; la café o rojiza (también conocida como “meca”) se produce cuando hay mayor oxidación del hierro y hematita; y la nevada o snowflake presenta inclusiones de cristobalita debido a procesos de desvitrificación. La dorada y la arcoíris tienen vesículas o microburbujas de gas y microcristales alineados en capas que reflejan y refractan la luz para dar tonos dorados a bronce, en la primera, y una iridiscencia como de mancha de aceite, en la segunda.

Esta variación cromática fue muy apreciada por los grupos mesoamericanos, como la verde y dorada de la Sierra de las Navajas (también conocida como de Pachuca), la “meca” de Otumba, la gris translúcida y bandeada de Ucareo y la gris opaca veteada de El Chayal, entre otras.

Emiliano Ricardo Melgar Tísoc. Arqueólogo por la ENAH, maestro y doctor en antropología por la UNAM. Investigador del Museo del Templo Mayor, donde desarrolla análisis de procedencia y manufactura de objetos lapidarios de Mesoamérica, el Suroeste de los Estados Unidos, el Área Intermedia y la zona Andina.

Tomado de Emiliano Ricardo Melgar Tísoc, “La obsidiana en Mesoamérica. Procedencia, circulación y tecnología”, Arqueología Mexicana, núm. 198, pp. 18-25.