Miles de personas cruzan diariamente por la estación Pino Suárez del Sistema de Transporte Colectivo Metro. Para muchos es solo un punto de transbordo entre las líneas 1 y 2, pero pocos saben que este lugar reúne dos historias separadas por siglos: la de un político que murió por mantenerse fiel a sus ideales y la de un templo mexica descubierto bajo la Ciudad de México.
José María Pino Suárez: poeta, periodista y vicepresidente
La estación debe su nombre a la avenida José María Pino Suárez, bautizada así en honor a uno de los personajes más importantes de los primeros años de la Revolución Mexicana. Nacido en Tenosique, Tabasco, en 1869, José María Pino Suárez fue abogado, periodista, escritor y poeta. Antes de dedicarse plenamente a la política, fundó el periódico El Peninsular, desde el cual denunció las injusticias que sufrían los campesinos y defendió causas sociales en la península de Yucatán.
Además de su actividad periodística, publicó tres libros de poesía, una faceta que con frecuencia queda opacada por su participación en la historia política del país.
Tras el triunfo del movimiento encabezado por Francisco I. Madero, Pino Suárez ocupó diversos cargos públicos y llegó a desempeñarse como secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Durante su gestión impulsó programas dirigidos a comunidades indígenas, promovió comedores escolares, escuelas dominicales para obreros y realizó modificaciones a los planes de estudio de la Escuela Nacional Preparatoria.
En 1911 fue elegido vicepresidente de México, acompañando a Francisco I. Madero en uno de los momentos más complejos de la vida política nacional. En febrero de 1913 ocurrió el golpe de Estado conocido como la Decena Trágica. Mientras algunos colaboradores buscaban escapar o negociar, Pino Suárez decidió permanecer junto al presidente Madero. Ambos fueron arrestados y la noche del 22 de febrero de 1913 fueron asesinados por órdenes del régimen encabezado por Victoriano Huerta. Su decisión de mantenerse al lado del presidente hasta el último momento hizo que fuera recordado por la historia con el sobrenombre de "el Caballero de la Lealtad".
¿Por qué existe una estación Pino Suárez, pero no una estación Madero?
Una duda frecuente es por qué el Metro cuenta con una estación llamada Pino Suárez, mientras que Francisco I. Madero no da nombre a una estación. La respuesta es sencilla. Cuando se construyeron las primeras líneas del Metro, entre 1969 y 1970, se estableció como criterio principal nombrar las estaciones de acuerdo con la avenida, plaza o sitio donde se ubicaban. La estación se encuentra sobre la avenida José María Pino Suárez, que ya llevaba ese nombre desde la década de 1930. La denominación de esta vialidad fue impulsada por la maestra y promotora cultural María Arias Bernal, quien promovió que la memoria de los personajes de la Revolución Mexicana permaneciera presente en las calles de la capital.
El icono de la estación mira todavía más atrás en el tiempo
Aunque el nombre recuerda a un personaje de la Revolución Mexicana, el logotipo de la estación representa un pasado mucho más antiguo. Durante la construcción del Metro, en la década de 1960, los arqueólogos descubrieron un adoratorio dedicado a Ehécatl, el dios del viento. El pequeño templo circular fue preservado en su lugar original y hoy permanece dentro de la estación.
Se trata de uno de los pocos vestigios arqueológicos que conviven diariamente con millones de pasajeros, convirtiendo a Pino Suárez en uno de los espacios más singulares de la Ciudad de México.
Este adoratorio recuerda que el subsuelo de la capital conserva numerosos testimonios del antiguo México y que, en ocasiones, la infraestructura moderna puede coexistir con el patrimonio arqueológico. La próxima vez que pases por la estación Pino Suárez, recuerda que no solo estás cambiando de línea. También estás atravesando un sitio donde convergen dos momentos fundamentales de la historia de México: la memoria de la Revolución Mexicana, representada por José María Pino Suárez, y el legado de la antigua Tenochtitlan, simbolizado por el templo dedicado a Ehécatl.

