• sábado, 17 de noviembre de 2018

Ética de la adquisición arqueológica

Clemency Chase Coggins

La ética, individual o colectiva, de las adquisiciones arqueológicas debe partir del desarrollo de conciencia de que esos objetos se hallaban a salvo en su contexto original, cumpliendo un papel histórico y cultural específico que, lamentablemente, se destruye para siempre cuando se extraen para su venta y colección. El problema se agudiza cuando los códigos éticos de las diferentes partes interesadas -arqueólogos, museos y coleccionistas- difieren en el tipode acciones conjuntas para enfrentar esta realidad conflictiva.

 

La ética de las adquisiciones arqueológicas es de profunda importancia para México; aun así, hay una serie de normas aleatorias en el juego de las altas esferas que México se ve obligado a observar desde fuera, y a sufrir en carne propia. Casas subastadoras, museos con grandes colecciones e importantes coleccionistas de unos cuantos países compran, venden y adquieren objetos del patrimonio cultural de todos los pueblos del mundo. México es uno de los muchos lugares que provee dicho patrimonio. Para evitar la destrucción de sus sitios arqueológicos, México, con muchos otros países, promovió la elaboración y suscribió la Convención de la UNESCO sobre medidas para la prohibición y prevención de la importación, exportación y transferencia de la propiedad ilícitas de los bienes culturales, donde se declara el derecho de los países firmantes al control de su legado cultural. A 26 años de distancia, 83 países han firmado el convenio -Estados Unidos es el único país importador que lo suscribe-; sin embargo, la destrucción de sitios arqueológicos en todo el mundo es cada vez mayor y el mercado internacional de antigüedades aumenta. ¿En qué ha fallado la Convención de la UNESCO?

 

El mercado

Casi todas las respuestas a la pregunta anterior son de índole económica. La demanda de antigüedades en el mercado ha crecido paulatinamente y, cada vez que se
le limita, se transforma en un rico mercado negro. Sea cual sea la modalidad, el comercio continúa,
a pesar de las leyes restrictivas de 
cada país, que al parecer resultan inaplicables. El mercado de antigüedades parece inexorable y, como segundo oficio más antiguo del mundo, el saqueo de tumbas tiene un carácter inevitable, desde los puntos de vista histórico y económico.

En otoño de 1994 se llevó a cabo en Viena la Conferencia sobre tráfico lícito de arte internacional. El propósito de esta conferencia era propiciar el diálogo entre quienes buscan restringir el tráfico de antigüedades y aquéllos, vendedores, coleccionistas y curadores, que abogan por el tráfico legal. Muchos de los participantes, expertos en derecho internacional, a pesar de defender la Convención de la UNESCO, argüían el beneficio civilizatorio derivado de la promoción de los valores culturales mediante el tráfico legal de esos bienes.

La argumentación sobre el uso cultural de las antigüedades existe desde el Renacimiento y se extiende hasta nuestros días; es un argumento antiguo y que sirve a los intereses de quienes lo esgrimen; defiende los beneficios derivados del conocimiento de diferentes pueblos y civilizaciones. Esta postura enfatiza también la inevitabilidad del mercado y reconoce que puede servir como incentivo para la destrucción: también busca un nuevo acuerdo que considere las realidades conflictivas que confluyen en esta problemática.

 

Clemency Chase Coggins. Profesora adjunta de Arqueología e Historia del Arte en la Universidad de Boston. Asociada del Museo Peabody, en la Universidad de Harvard. Es especialista en arqueología maya y de Teotihuacan, así como en Derecho Internacional sobre patrimonio cultural.

 

Chase Coggins, Clemency, “Ética de la adquisición arqueológica”, Arqueología Mexicana núm. 21, pp. 34-39.

 

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