• martes, 18 de septiembre de 2018

¿Han servido de algo los muros a lo largo de la historia?

Eduardo Matos Moctezuma

 

La verdad es que no han servido de mucho. Veamos cinco ejemplos que nos ilustrarán sobre este asunto.

 

La amurallada Ilión (Troya)

 

La Ilíada y La Odisea, joyas de la literatura universal, nos hablan de la guerra que duró 10 años frente a las murallas de Troya. Los combates se sucedían uno a otro, al decir de Homero, y hasta los mismos dioses tomaban partido por los aqueos o los troyanos. Resulta difícil creer que la guerra se suscitó por el rapto que el príncipe Paris, hermano de Héctor, hiciera de la grácil y bella figura de Helena (bueno, supongo que era grácil y bella, si no, no hubieran valido la pena tantas calamidades), y más bien nos lleva a pensar que hubo razones de tipo económico en el inicio de la misma. El resultado lo sabemos: la muralla no sirvió de nada, pues los griegos lograron meter un caballo de madera de donde salieron guerreros que conquistaron la ciudad. La arqueología ha permitido encontrar varias Troyas superpuestas en la actual Turquía y, al parecer, la etapa VII A es la que corresponde a los hechos relatados.  

 

Los muros de Jericó

 

La Biblia nos relata cómo Josué, héroe israelita, había invadido Cannán poniendo acoso a la ciudad de Jericó, ubicada cerca del río Jordán. Excavaciones arqueológicas han sacado a la luz diversas ocupaciones del sitio y, en efecto, en algunas de estas etapas se han hallado restos de muros que lo defendían. El relato bíblico dice que para derrumbar las murallas siete sacerdotes israelitas tocaron trompetas de cuernos de carnero y lograron su objetivo. Josué tomó la ciudad hacia el año 1200 a.C., según señalan algunos datos. Así, los muros no resistieron el sonido y, aunque sabemos que esto no fue la causa, es la manera de señalar cómo el ejército de Josué logró derruir los muros de la ciudad.

 

La muralla china

 

Esta nueva maravilla del mundo se construyó entre el siglo v a.C. y el xvi. Uno de sus constructores fue el emperador Quin Shi Huang, unificador de China y quien la gobernó entre 220 y 210 a.C., y a quien también se conoce por el hallazgo de parte de su tumba formada por un ejército de terracota de 8 000 figuras de guerreros. Esta muralla, de más de 3 000 km de longitud, se hizo para detener el acoso de los grupos que venían de Mongolia y Manchuria. Miles de hombres participaron en la construcción y muchos murieron en la empresa.

 

La Línea Maginot

 

Se conocen así las fortificaciones construidas a lo largo de la frontera entre Francia y Alemania después de la Primera Guerra Mundial, para evitar una invasión alemana. Su nombre se debe a André Maginot, ministro de la Defensa de Francia, quien no vio terminada la obra debido su muerte, ocurrida en 1932. La Línea tenía una extensión que abarcaba desde el norte de Italia hasta la frontera con Bélgica. Tuvo un costo de 5 000 millones de euros actuales y estaba fabricada de hormigón y acero, con puestos de vigilancia y casamatas defensivas. El resultado fue desastroso: los alemanes de Hitler invadieron Francia… entrando por Bélgica…

 

El muro de Berlín

 

Uno de los resultados de la llamada “guerra fría” fue la construcción del muro de Berlín, que dividía la ciudad alemana en dos partes: la de los aliados ingleses, franceses y estadounidenses, y la otra bajo control de la Unión Soviética. Resulta que de la República Democrática Alemana (comunista) huían miles de personas para pasar al sector aliado. El muro trató de evitar esto y comenzó a erigirse en 1964, a lo largo de ambos sectores de la ciudad. Sin embargo, los intentos de escapatoria continuaron provocando la muerte de muchos alemanes. Al venir a menos el poderío soviético y por ende el de la RDA, el muro fue derribado en 1989.

 

Moraleja

 

Quizá si Donald Trump supiera algo de historia vería la inutilidad de construir muros fronterizos. El problema es que este señor ya ha dado sobradas señales de ignorancia y por lo tanto resulta imposible hacerle ver razones históricas, sociales, y entre otras cosas, el muro que limita su propio cerebro. Pero podemos imitar a Josué y sus sacerdotes haciendo tocar en la frontera caracoles y chirimías. Quien quita y el famoso muro se venga abajo…

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

 

Matos, Moctezuma, “¿Han servido de algo los muros a lo largo de la historia?”, Arqueología Mexicana núm. 144, pp. 86 – 87.