• 14-sep-2019

¿Una momia egipcia en una escultura de Metlaltoyuca, Puebla?

Durante el siglo xix y aún antes muchas fueron las ocasiones en que cronistas, viajeros y estudiosos relacionaban las culturas prehispánicas con otras culturas del mundo. Ejemplos sobran y no es el caso de dar detallada relación de ellos. Pero resulta interesante ver cómo en 1865 se llevó a cabo una expedición al sitio arqueológico de Metlaltoyuca, Puebla, por parte de la Secretaría de Fomento, encabezada por el ingeniero Ramón Almaraz. Esos vestigios habían despertado gran interés por las descripciones que de ellas hiciera el prefecto de Huauchinango, Juan Bautista Campo. Almaraz había utilizado aparatos de medición en Teotihuacan, como parte de la célebre Comisión Científica de Pachuca. Otros miembros de la expedición a Puebla fueron, ni más ni menos, que el paisajista José María Velasco y el pintor Coto de la Academia de Bellas Artes, que se sumaron a la expedición en Huauchinango. De manera voluntaria, participaron también el ingeniero Guillermo Hay y don Antonio García Cubas, quien dio pormenores del viaje (García Cubas, 1945; véase Ochoa, 2005).

Como resultado de la expedición hay un plano de la zona arqueológica elaborado por alguno de los ingenieros, y dibujos seguramente de la mano de José María Velasco o de Coto. Algo que llamó poderosamente la atención de los expedicionarios fue una escultura en piedra que, según relata don Antonio, representaba una momia egipcia, pues se veía el rostro del personaje y las vendas que lo envolvían. García Cubas ha dejado puntual relación de los edificios arqueológicos y en cuanto a esta escultura nos dice: “…fue para nosotros del mayor interés por representar una momia, con sudario y vendaje como era costumbre en el Egipto. Este precioso objeto arqueológico fue transportado a Huauchinango, con el fin de ser enviado al Museo Nacional” (García Cubas, 1945, p. 584).

Pese a las buenas intenciones de los expedicionarios, al parecer el monolito nunca llegó a la ciudad de México. Después de muchas dificultades para su traslado (“el difícil transporte de aquel pesado monolito, unas veces a hombros de indios, en la montaña, y otras por balsas en los ríos, y la espantosa tormenta que nos alcanzó…”) llegó a Huauchinango el 7 de agosto, “donde quedó el monolito a cargo del Prefecto Campo para ser remitido a México, lo que no se efectuó…” (ibid., pp. 584-585).

Sin embargo, en el Museo Nacional de Antropología se encuentra otra escultura más o menos similar a la reportada por García Cubas y que muchos han pensado que se trata de aquélla. Incluso se ha mostrado en exposiciones pensando que es la de Metlaltoyuca. Se equivocaron rotundamente. Se trata de otra pieza con características similares, aunque con algunas diferencias, y que procede de Tláhuac, D.F., según los registros del mna, que la tiene catalogada con la clave 11-2996 y con el número de inventario 10-6522. En efecto, la escultura representa un rostro que emerge de las fauces de una serpiente y el cuerpo de ésta conforma el total de la pieza. Sin embargo y aunque la apariencia general es similar, muestra la parte ventral con las estrías del animal pero se diferencia de la de Metlaltoyuca en que en la parte baja del rostro asoma la lengua bífida del ofidio.

¿Qué pasó entonces? ¿La pieza de Metlaltoyuca se quedó en Huauchinango con el señor prefecto? La arqueóloga Bertina Olmedo, curadora de la Sala Mexica del mna, me asegura que no existe en las colecciones otra figura parecida, por lo que debe creerse lo asentado por don Antonio en el sentido de que el envío “no se efectuó”. Seguramente el señor Campo “resguardó” con mucho celo la pieza y jamás la envió a la ciudad de México.

La interpretación de que se trata de la imagen de una momia egipcia está totalmente fuera de la realidad. Se trata posiblemente de representaciones de la Cihuacóatl o “mujer serpiente”, de allí que el cuerpo visto de frente muestre la parte inferior con los anillos que fueron confundidos con vendajes. Otra pieza similar, con cuerpo de serpiente y una cabeza humana que sale de sus fauces, se localizó en las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlan, sobre la escalinata de la etapa III (circa 1430 d.C.), del lado de Tláloc, y aún con restos de pintura. No he hecho indagaciones para saber si existen otras representaciones parecidas, pero por el momento es lo que sabemos de este curioso caso.

Así las cosas, no nos queda más que esperar que un buen día se encuentre en algún lugar la pieza faltante… 

Eduardo Matos Moctezuma

 

Para leer más…

García Cubas, Antonio, El libro de mis recuerdos, Editorial Patria, México, 1945.

Ochoa, Lorenzo, “En balsa de maple y de bejuco por la historia de la arqueología huaxteca”, en IV Coloquio “Pedro Bosch Gimpera”, Instituto de Investigaciones Antropológicas, unam, México, 2005, pp. 549-584.

 

Tomado de  Eduardo Matos Moctezuma, “¿Una momia egipcia en una escultura de Metlaltoyuca, Puebla?”, Arqueología Mexicana núm. 136, pp. 86 – 87.

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