• 12-dic-2019

Vasijas estilo códice de Calakmul. Narraciones mitológicas y contextos arqueológicos

Sylviane Boucher Le Landais

Los miembros de la corte real de Calakmul tenían preferencia por las vasijas en que se plasmaban escenas del ciclo mitológico de la deidad del maíz. Así, posiblemente buscaban ostentarse como dueños de las imágenes pintadas y señalar su mecenazgo sobre los artistas que las habían creado. La tradición regional de cerámica estilo códice probablemente refleja los papeles que tenían que asumir los gobernantes de Calakmul al personificar a la deidad del maíz, como sustento del pueblo y para ostentarse como vencedores sobre la muerte.

 

En Calakmul, Campeche, suelen encontrarse en viviendas, basureros y entierros de estatus social elevado, vasijas estilo códice pintadas por artistas del periodo Clásico, con episodios del ciclo mitológico de la deidad del maíz. Aquí se abordarán cuatro de ellos, parcialmente ilustrados en diversos fragmentos de vasijas (núms. 0 (figs. 1, 8), 7 (figs. 4-5), 18 (figs. 6-7), 19 (fig. 2) y 19A (fig. 3) y 92), recuperados en distintos contextos de ese sitio. Sin embargo, es preciso notar que el análisis de la huella química de la pasta indica que las vasijas 0 (figs. 1, 8), 19A (fig. 3), 7 (figs. 4-5) y 18 (figs. 6-7) proceden o fueron producidas en el área de Nakbé-El Mirador, en el noreste del Petén, unos 40 km al sur de Calakmul (Reents-Budet, Boucher et al., 2011). Los datos de este artículo se basan en el “Catálogo de cerámica códice recuperada por el Proyecto Arqueológico Calakmul”, un esfuerzo colectivo de la doctora Ana García Barrios, Guillermo Kantun, Yoly Palomo y quien esto escribe.

Igual que hoy, el maíz era la base de la subsistencia diaria y desde el Preclásico, en Mesoamérica se desarrolló un gran ciclo mitológico en torno a su muerte y regeneración anual, el cual todavía se manifiesta en la tradición oral del pueblo maya. Durante el Clásico maya se convirtió en uno de los temas más representativos de las vasijas estilo códice de las cortes de Calakmul y de sitios más al sur, como El Mirador, Nakbé y El Tintal. Se ha establecido que la mayoría de las esas vasijas fueron producidas en estos últimos. Evidentemente, éstos eran parte de la esfera de influencia de Calakmul, es decir, la entidad política de Kaanul, como aliados subordinados, durante algunas décadas al final del siglo VII e inicios del VIII, periodo que engloba la duración de ese estilo.

Según Oswaldo Chinchilla (2011), en sus formas más elaboradas, las narraciones mitológicas seguramente constituían parte del bagaje de conocimientos esotéricos de personas de gran sabiduría, especialistas en rituales, a quienes se otorgaba autoridad. El uso de vasijas como tributo o regalo en fiestas puede explicar su elaborada decoración, pero no las representaciones mitológicas. Se ha sugerido que al emplearlas en eventos sociales importantes o entregarlas como obsequio, sus propietarios declaraban su control sobre las imágenes pintadas y su mecenazgo sobre los artistas que las habían creado (Reents-Budet, 1998).

López Austin (1996) enfatiza que los mitos no son inmutables y obedecen a funciones sociales y políticas que legitiman las instituciones y autentifican el poder. La presencia o ausencia de escenas mitológicas debe explicarse en función de situaciones históricas particulares, relacionadas con las circunstancias de cada taller de artistas. La labor de estos artistas, muchas veces miembros de la nobleza, respondía a las necesidades y gustos de los reyes, así como de las cortes reales que conformaban el público consumidor de tales vasijas (Chinchilla, 2011). 

 

Antecedentes

Chinchilla (2011) destaca un rasgo determinante pero no tan evidente de la deidad del maíz: su naturaleza acuática. Múltiples narraciones actuales coinciden en relacionarlo con espacios acuáticos; el héroe recién nacido fue arrojado al agua por su madre, su abuela o sus hermanos; en algunos relatos se convirtió en pez, en otros fue rescatado por una tortuga u otro animal acuático. Todos coinciden en que fue arrojado al agua, elemento primordial sin el cual no podría existir.

Diversos investigadores (Taube, 1985; Quenon y Le Fort, 1997; y Chinchilla, 2011, entre otros) han propuesto un orden para los distintos episodios del mito de la deidad del maíz durante el Clásico. De acuerdo con García Barrios (s.f.), entre los dos últimos autores existen episodios coincidentes: el mito comienza con el nacimiento de la deidad y su posterior lanzamiento al agua cuando niño. El siguiente episodio puede estar relacionado con una escena del llamado Vaso de los Remeros (véase la vasija con el núm. K3033, en el catálogo de Rollouts de Justin Kerr, en famsi.org), donde la deidad del maíz, como bebé y por lo tanto en su infancia, es atacada por un ser marino, que tal vez lo engulle o es vencido por él. El tercer pasaje es precisamente el que se contempla en la vasija 7 (fig. 4-5), en el que la deidad recibe su vestimenta y atavíos de parte de mujeres.

No obstante, una secuencia narrativa de varios episodios, que anteceden a estos últimos, ha sido aclarada principalmente por García Barrios y Valencia Rivera (2011), aunque el orden no es inequívoco. Se ha reconocido que los elementos centrales de la mitología maya ofrecen más de un nivel de interpretación y representación, ya que las deidades tenían la capacidad de fusionarse unas con otras o poseían identidades paralelas y su propio wahyis o espíritu compañero (Martin, 2002, p. 57).

Valencia y García Capistrán (en prensa) argumentan que K’awiil promovió el nacimiento u origen de la semilla de maíz por medio de su relación ilícita con la señora Wayaab, utilizando el cuerpo de la Vieja Deidad N, que sale de la serpiente de visión que representa el wahyis de K’awiil, y el lanzamiento del ente denominado Bebé Jaguar en la montaña o cerro sagrado, donde la semilla pasó al inframundo para transformarse en un ser completo. Proponen que la presencia de K’awiil en el origen del grano de maíz se debe al fuego, como elemento con poder transformador, asociado con esa deidad; prepara la tierra o monte, representado por la Vieja Deidad N, para recibir el grano de maíz, representado a su vez por el Bebé Jaguar, y así emerge la planta de maíz mediante el poder transfigurativo de K’awiil.

A continuación, el análisis de cada vasija se presenta en el orden de la secuencia narrativa del mito de la deidad del maíz.

 

Vasija 0

El primer fragmento de la vasija 0 (figs. 1, 8)–correspondiente a la tradición bícroma negro-cafetoso sobre engobe crema, una variante del estilo códice– fue recuperado en 2005 en el pasillo norte, entre las estructuras G2 y XX, un palacio de la Gran Acrópolis. La escena se desarrolla dentro de un palacio ya que se observa, a la izquierda, una cortina recogida atrás de un tocado de plumas con ala personificada y una cola de jaguar, así como un estandarte a la derecha, de donde surge al centro un rostro sobrenatural con un tocado compuesto por la flor itz que incorpora el signo de noche o espejo de obsidiana akbal y el signo yax, que significa primero, nuevo y verde azul, atributos asociados con la deidad Itzamnaaj o D y su contraparte aviar, la deidad Pájaro Principal. Sin embargo, también presenta rasgos como el espejo que porta la deidad K’awiil y un estilo de cabello que usa la deidad del maíz.

Por lo tanto, es probable que este personaje, según García Barrios (s.f.), esté fusionado con otra deidad. Un punto a favor de la identificación del rostro que combina rasgos de K’awiil e Itzamnaaj en un solo conjunto, es que ambos se hallan fuertemente asociados con la iconografía del maíz y la deidad del maíz misma. En el Clásico, además de estos últimos atributos, su pierna serpentina era el vínculo respecto a otras deidades y los ancestros.

Otros fragmentos de este vaso, fueron recuperados en las labores de exploración y consolidación de la Estructura XXI de la Gran Acrópolis, en la temporada de 2011 (fig. 9). Esta estructura residencial cuenta con tres niveles y dos accesos. El primer nivel tiene acceso por la Plaza I y el tercer nivel, por las plazas G y H. En la esquina este del tercer nivel se encuentra una escalinata adosada al edificio que comunica con la Plaza G de la Estructura XX, donde se encontró el fragmento descrito anteriormente. En el tercer nivel se descubrió un espacio de forma semirredonda, limitado por muros de piedra careada, que se denominó “basurero” y donde se recuperó una gran cantidad de vasijas pintadas, semicompletas, lascas de obsidiana y un bezote de concha, posiblemente desechados intencionalmente (Salinas y Valencia, 2012). Ahí se hallaron los fragmentos que se unieron con la vasija 0 (figs. 1, 8), formando casi la mitad (fig. 10). Aparte de representar uno de los episodios que plasma las vicisitudes del llamado Bebé Jaguar, es la única de los ejemplos de la secuencia que integra la representación de K’awiil, cuyo busto aparece arriba de la escena, en una voluta de fuego. De acuerdo con Salinas y Valencia (2012), lo anterior ocurre porque K’awiil está detrás de las acciones vinculadas con este episodio del mito.

Según Valencia y García Capistrán (en prensa) se puede inferir, a partir de la escena representada, que el padre del Bebé Jaguar lo rechaza, debido a sus características felinas, que lo hacen sospechar que no es hijo suyo. Aunque en este caso no se puede apreciar la cola de jaguar del bebé, la escena de su presentación por un personaje de larga capa se repite en varias vasijas (K1200, K4384 y K8655, entre otras). El personaje en la vasija 0 (fig. 1, 8), de edad avanzada, con larga capa y un tocado de la deidad Pájaro Principal que lo identifica como Itzamnaaj, sostiene al infante en su regazo, al parecer ante su padre y otros personajes. El tocado con cola disecada de jaguar, visible a la izquierda de la escena de la vasija 0 (figs. 1, 8), se reproduce en la vasija K4384, donde un personaje a la derecha del padre del Bebé Jaguar lo lleva puesto.

 

Sylviane Boucher Le Landais. Maestra en ciencias antropológicas por la Universidad de las Américas, Cholula, Puebla. Investigadora del Centro INAH Yucatán. Encargada de la Ceramoteca de este centro y responsable de los materiales cerámicos del Proyecto Arqueológico Calakmul.

 

Boucher Le Landais, Sylviane, “Vasijas estilo códice de Calakmul. Narraciones mitológicas y contextos arqueológicos”, Arqueología Mexicana núm. 128, pp. 58-65.

 

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