El fuego no sólo era indispensable para las actividades domésticas y artesanales. También cumplía un papel clave en los rituales asociados a la consagración y el abandono de espacios, así como en ceremonias religiosas y funerarias. Las cenizas y carbones encontrados en pisos de edificios, ofrendas, nichos, tumbas y cuevas dan testimonio de estos fuegos rituales.
El análisis de estos depósitos revela algo sorprendente: en muchos casos se usaron numerosas especies de madera distintas. En un palacio de Naachtun (Petén, Guatemala), abandonado hacia 830 d.C., tras el fin del poder real, se halló un fogón ritual con tres incensarios, donde se quemaron resinas junto con al menos 17 tipos diferentes de madera. El pino, por su alto contenido de resina aromática, aparece casi siempre en este tipo de depósitos.
Esta intención de reunir muchas maderas en un mismo fuego podría simbolizar la abundancia del entorno natural y recrear, de forma ritual, el mundo forestal. Esta práctica recuerda a las ofrendas ceremoniales del Templo Mayor de Tenochtitlan, donde se supone que la composición y organización espacial de los depósitos respondían a un intento por recrear simbólicamente el cosmos.
Hoy en día, las comunidades mayas siguen preparando fuegos rituales con una gran variedad de plantas, maderas y ofrendas como inciensos, puros, chocolate, licor y velas, que entregan a los dioses como parte de sus ceremonias.
Las futuras investigaciones arqueológicas permitirán, sin duda, comprender mejor la diversidad y complejidad de las trayectorias socioambientales de los antiguos mayas, siempre que abandonemos la visión dualista que los presenta como destructores o como gestores ejemplares del medio ambiente.
Lydie Dussol. Doctora en arqueología y profesora en la Universidad Côte d’Azur en Niza, Francia. Especializada en antracología, sus investigaciones se enfocan en las interacciones entre los bosques y las sociedades precolombinas del área maya y las Antillas desde los inicios del Holoceno.
Tomado de Lydie Dussol, “Entre fuegos y bosques. Lo que revela la antracología en el área maya”, Arqueología Mexicana, núm. 195, pp. 42-48.

