Durante el México prehispánico, muchos espacios geográficos operaron como lugares centrales para el desarrollo de diferentes grupos humanos, pues en ellos se realizaron intercambios de cuantiosa índole: desde bienes de prestigio para las élites hasta insumos para la vida cotidiana, que venían de distantes latitudes. Tal es el caso del valle de Maltrata en el estado de Veracruz, que ha sido poblado por fauna del Pleistoceno y funcionado después como un camino durante miles de años y, hasta ahora, conectando mediante una carretera la costa del Golfo con la Cuenca de México.
Entender a las sociedades que nos precedieron es una tarea sumamente difícil, pues los elementos que nos quedan son apenas un resquicio de la realidad que fue vivida en aquel tiempo; así, la arqueología y la antropología física han tomado todos los elementos existentes para intentar aproximarnos a ella. El conocimiento de poblaciones antiguas resulta todavía más complejo, pues sólo se tienen los componentes óseos del cuerpo y algunos artefactos, cuya asociación a las osamentas resulta incierta.
Aspectos tan amplios e importantes como la alimentación pueden caer en meras suposiciones; afortunadamente, hoy se cuenta con equipos y técnicas que logran acercarse un poco más a lo que pudo ser. Técnicas físicas que en un primer momento se aplicaron a la arqueología, hoy la antropología física las retoma con un nuevo propósito. Tal es el caso del estudio de los elementos traza por medio de la fluorescencia de rayos X, con los cuales se logra caracterizar la ingesta alimentaria desde la posición en la cadena trófica en la que se encuentre la persona, a través de los oligoelementos, que son pequeñas porciones o trazas de elementos como el cobre, hierro, zinc, manganeso, entre otros (Ruiz et al., 2023; Polo-Cerda et al., 2001).
Los estudios de la paleodieta mediante estas técnicas bioarqueométricas ayudan a llenar estos vacíos de conocimiento que durante muchos años han permanecido en conjeturas. En nuestro caso, la importancia de esta investigación radica, primordialmente, en la construcción de los perfiles alimentarios de infantes que habitaron el valle de Maltrata, pues, de esta manera, se tendrá un acercamiento a su dieta en el Preclásico y el Posclásico.
Carolina Nateras-Franco. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
Judith L. Ruiz González. Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM .
Óscar De Lucio Morales. Instituto de Física, UNAM.
Miguel Pérez Flores. Instituto de Física, UNAM.
Soledad Ortiz Ruiz. Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.
Tomado de Carolina Nateras-Franco et al., "Paleodieta materna e infantil en Maltrata", Arqueología Mexicana, núm. 196, pp. 90-95.


