Tenemos documentación detallada que nos informa cómo variaban las estructuras de gobierno a lo largo del tiempo en casos como Roma, Tenochtitlan, o de otros altepemeh del Posclásico. Parece probable que lo mismo sucediera en Teotihuacan, durante sus más de siete siglos de ocupación. Jorge Angulo, por ejemplo, propone que dada la naturaleza multiétnica de la población inicial de la ciudad y su rápido crecimiento a partir de la erupción del Popocatépetl en el siglo I a.C., hubo múltiples facciones que requerían de un poder más equilibrado, que rigiera en forma colectiva durante las etapas tempranas.
Saburo Sugiyama propone que la consolidación del núcleo monumental asociado a ofrendas con dedicatoria militarista de mediados del siglo III d.C. muestra un sistema altamente centralizado. Linda Manzanilla propone que a mediados del siglo iv la desacralización de la Pirámide de la Serpiente Emplumada y el auge en la construcción de complejos de viviendas organizados en distritos son evidencia de acuerdos en el equilibrio del poder con una estructura de mandato cuadripartita. René Millon y George Cowgill también contemplaron la posibilidad de estructuras de poder compartido, particularmente durante las etapas finales de la historia de la ciudad. En particular, Cowgill estableció una analogía entre el sistema de gobierno de Teotihuacan y el de la República de Venecia durante el Renacimiento.
¿Qué ponen de manifiesto estos modelos? ¿Qué nos indica el que no se hayan encontrado entierros claramente asociados con la realeza, a pesar de ser buscados hace más de un siglo de exploraciones, o el que los especialistas no estén de acuerdo acerca de cuál complejo podría haber servido como palacio? ¿O el que no haya representaciones que no sean ambiguas, o de un solo gobernante que someta al enemigo, o que sea de una escala mayor que los demás humanos, como suele ocurrir en el arte político de muchas otras sociedades tempranas?
Además de estas evidencias negativas, ¿qué nos indica acerca de las prácticas de gobernanza de la ciudad el hecho de que sus templos y conjuntos cívicos sean los rasgos urbanos más visibles, más que cualquier posible palacio, y que la construcción de los más de 2 000 conjuntos de viviendas representen más inversión de trabajo que el de todos los edificios centrales juntos?
Muestra al menos, tal y como lo han señalado antes muchos autores, que el poder estaba contenido dentro de la ciudad, y que fueron preponderantes los cargos sociales, especialmente los religiosos y militares, más que individuos empoderados o líneas dinásticas. Existieron, no obstante, individuos poderosos y podemos intentar entender el papel que desempeñaron por medio de la imaginería, la arquitectura y la arqueología de la ciudad.
Por ejemplo, los teotihuacanos poderosos pueden identificarse en las representaciones por sus complejos tocados y atuendos, por lo que portan en las manos, por el entorno tras ellos y, a veces, por jeroglíficos que indican su título o su nombre. Los individuos con papeles de mando podrían haber sido también líderes militares, sacerdotes o ambos, dependiendo de las circunstancias.
David M. Carballo. Profesor de antropología, arqueología y estudios latinoamericanos en la Universidad de Boston. Doctor en antropología por la Universidad de California, Los Ángeles, y licenciado en ciencias políticas por la Universidad de Colgate. Ha hecho investigaciones arqueológicas en México, Honduras, Belice, Perú y Estados Unidos con un enfoque en el Altiplano Central mexicano, y de temas relacionados como urbanismo, política, religión, acción colectiva, unidades domésticas y lítica.


